España, punto y aparte

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Actualmente España es la “sede” del deporte, la cuna de grandes triunfadores ya sea tenistas, futbolistas, etc. “Sede” (recalco el entrecomillado) porque en Europa, concretamente, y en el Mundo, en general, seguimos pintando bien poco. Lo más reciente, el batacazo ibérico en Zúrich, donde ha salido elegida Rusia y Qatar (2022).

La historia del deporte español podría ser relatada, salvando las distancias y la temática, como un cuento de los mismísimos hermanos Grimm. En un comienzo, España aparecía desdibujada en el panorama deportivo a nivel mundial pero poco a poco (quizás de forma demasiado lenta) fuimos asomando la cabeza y avisando de nuestra presencia primero con la gimnasia, esgrima y equitación, después con el ciclismo y alcanzando el auge con el fútbol, baloncesto y tenis (entre otras).

En todas (o prácticamente en todas) las disciplinas deportivas contamos con algún reconocimiento por el buen hacer en la competición. Hemos cosechado éxitos allá por donde hemos pasado. Lo último, la Copa del Mundo conquistada en Sudáfrica en 2010. El prestigio que derrocha España por todos los costados es indudable. Modestia aparte, somos el país puntero en lo que deporte se trata (porque en lo demás…, pero ese es otro tema).

De todo este meollo surge el quid de la cuestión. ¿A qué debe el rechazo a España a organizar cualquier evento de gran magnitud? Olimpiadas (Barcelona ’92 aparte), mundiales… toman la senda contraria evitando recaer en nuestro país. Y eso que, tanto para Madrid 2012 como para la Candidatura Ibérica 2018, éramos claros favoritos. Claros no, clarísimos. Se nos ha presentado ambos casos envueltos en un mundo de color de rosa en el que, ciertamente, nos creemos los reyes del mambo. ¡Obviémos a los demás candidatos!. Y todo ellos sin haberse realizado la ceremonia donde se eligen los organizadores de los susodichos eventos. Ay, ay, qué malo es vender la piel del oso antes de cazarla.

En España eso de vender humo está a la orden del día. Y en este punto me voy a permitir extenderlo a otros ámbitos como la política, economía… Que si podemos organizarlo el mes que viene si fuera necesario, que si tenemos todo a favor porque contamos con numerosos votos,etcétecera. Bla, bla, bla. ¡Basta!. Una cosa es dar esperanza, otra muy distinta mentir. Y por lo que parece esa delgada línea que separa ambos conceptos es bien tomada a la ligera. ¡Presentemos las cosas como son!. Comparémonos con los demás países candidatos en cuanto a cifras, proyecto, infraestructuras… Y de un modo verídico plasmar los datos contrastados. Eso es lo que hay que mostrar. Ni más ni menos. La verdad.

Aguantamos una bofetada tras otra. Innumerables ya. Y seguimos apostando ciegamente por las candidaturas que nos presentan. Todo ello se ve reflejado en el apoyo que muestra el pueblo hacia la posibilidad de organizar alguno de estos eventos. Como compensación (aunque deberia ser tomado como obligación) dennos la verdad. Desnuda, sin abalorios que la engalanen. Porporcionad la información como objetiva. Así por lo menos el golpe será menor y la ilusión (que seguro será inmensa aunque se nos muestre la realidad tal y como es) más comedida. No lo veo tan difícil.

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