España se queda sin bronce y Dinamarca vuelve a ser de oro

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España no pudo cerrar con victoria su participación en el Campeonato de Europa de balonmano y cayó ante Croacia (31-27) en el enfrentamiento que medía a ambos conjuntos por la medalla de bronce. Los balcánicos, que dominaron desde el principio, hicieron inútil cualquier esfuerzo de remontada por parte de los hombres de Valero Rivera. Desdibujada tras su eliminación en semifinales, España sólo se acercó al marcador en los últimos minutos. Dinamarca, verdugo del equipo nacional, conquistó el torneo al imponerse por 19-21 a la selección de Serbia.

Sabor amargo en el Europeo de Serbia

La disputa por la medalla de bronce tiene ese aire lastimoso e incompleto que termina derivando en el tópico periodístico de que lo que se juega es la final de consolación. La expresión en sí misma no hace sino transmitir pena, recordando a sus participantes que la verdadera final, sin adjetivo alguno de por medio, se juega unas horas más tarde. Y allí se disputará la gloria, la inmortalidad que queda grabada en el palmarés de cada competición internacional. España ha hecho un muy buen Europeo, pero perdió cuando no debía hacerlo. La gloria, así pues, quedó para otros.

Arrancó España fría su choque ante Croacia. La disputa por el tercer y cuarto puesto pareció no motivar a un equipo que se sabe a la altura de los mejores y es consciente de que fueron mínimos detalles, quizás el azar, quienes lo apartaron de la lucha por el campeonato. Mediado el primer periodo, el equipo de Rivera parecía un mal plagio de sí mismo. Una absoluta incapacidad ofensiva condenaba a un conjunto que hasta pasado el minuto 20 sólo había sido capaz de anotar cinco goles. Mejoró algo el combinado español en el final de la primera mitad, subiendo la intensidad defensiva, y llegó al descanso perdiendo por un solo gol (13-12).

Los primeros minutos de la segunda parte repitieron el mismo guión que había condenado a España en los inicios del partido. Aunque un tanto de Julen Aguinagalde puso el empate (13-13), la ventaja croata se estiró en poco más de diez minutos hasta los cinco goles de diferencia (21-16). Cuando el partido parecía perdido, cuando Igor Vori, Ivano Balic y Mirko Alilovic parecían gigantes invencibles, surgió la mejor versión española. Joan Cañellas, Iker Romero y un colosal Dani Sarmiento redujeron la diferencia. A menos de cinco minutos, la ventaja de la selección balcánica era de sólo dos goles (26-28). Roberto García Parrondo pudo haber estrechado aún más la diferencia si hubiera transformado desde los siete metros, pero Alilovic detuvo el lanzamiento y Croacia se supo ganadora del bronce.

Dinamarca, campeona

La final enfrentaba a la anfitriona -con el peso de toda una nación enfervorizada encima- y a la emergente Dinamarca. El conjunto nórdico, subcampeón mundial, dominó el marcador y el juego desde el primer minuto, manteniendo la tranquilidad y la cabeza frías en un incendiado Belgrado Arena. Supieron los daneses cómo afrontar el partido decisivo y en la primera parte dictaron un manual de sólida defensa,mientras que en la segunda mostraron la importancia de dominar el tiempo de los partidos y dejar que sean los buenos jugadores quienes decidan los encuentros. Dinamarca los tiene: decisivos y que no se arrugan, como Markussen y Eggert Jensen, o superlativos y de leyenda, como Mikkel Hansen.

Un espectacular Hansen guió a Dinamarca al título

Porque fue Hansen precisamente quien decidió la suerte del Europeo. Cuando la final se apretó en los últimos diez minutos, cuando 20.000 serbios chillaban sus ataques, el lateral nórdico se erigió en líder de su selección. Sus nueve goles y la capacidad para determinar el estado de un partido han hecho del danés la figura indiscutible del final de este campeonato. Un jugador para lanzar cuando el miedo aparece, cuando no se encuentran otras soluciones. Un referente, en definitiva. Asignatura pendiente de España para el futuro será encontrar el suyo. Un difícil preolímpico, donde se jugará las castañas con Serbia, Polonia y Argelia, asoma ya en el horizonte.

Fotografías: Sascha Klahn (EHF)

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