España no puede con la severa defensa húngara

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La selección española de balonmano no pudo pasar del empate (24-24) en su segundo partido en el Campeonato de Europa de Serbia. El equipo de Valero Rivera se topó con la voraz línea defensiva de Hungría, que imposibilitó el dinamismo ofensivo mostrado en el encuentro anterior contra Francia. La defensa 6-0 de los magiares, gran parte del partido en el límite reglamentario, equilibró un encuentro que terminó con reparto de puntos.

La defensa húngara dio menos facilidades que la francesa

En los compases iniciales, el equipo español volvió a mostrar las virtudes que le llevaron a vencer a la indomable Francia: pegajosa defensa 5-1, habilidad para forzar robos y pérdidas de balón en el rival, facilidad para anotar en rápidos contraataques y una sorprendente templanza para negociar y terminar los ataques en estático.

Sin embargo, y según transcurría la primera mitad, España olvidó progresivamente su manera de jugar y fue la selección magiar la que tomó la iniciativa. Sólo con balones al pivote Julen Aguinagalde pudo el equipo español hacer daño a la férrea defensa húngara. Los fundamentos de los cinco primeros minutos, que se cerraron con un 5-2 favorable a España, se esfumaron pronto. La circulación en ataque se hizo espesa y la defensa, que había empezado secando al ataque rival, permitió lanzamientos cómodos y segundas jugadas tras rechace.

Al descanso se llegó con un 11-12 favorable a Hungría que reflejaba los evidentes problemas de España en ataque. Ni Juanín García ni Víctor Tomás, extremos con mucha capacidad anotadora, eran capaces de entrar en contacto con la pelota. De hecho, la ventaja no fue mayor para del combinado centroeuropeo por la buena actuación del portero José Manuel Sierra.

Los primeros minutos del segundo acto no cambiaron el guión. Hasta el minuto 45, gracias a un gol de Gedeón Guardiola, España no retomó la ventaja en el marcador (17-16). El combinado nacional trató de parecerse a sí mismo: defendió, robó y corrió, eligiendo opciones sencillas de combinación en ataque y llevando el partido a su terreno (19-17). Pero el choque estaba condenado a la igualdad y, en el último minuto, Gabor Csaszar transformó un penalti que puso las tablas definitivas en el electrónico.

España tiene asimilados automatismos que le generan beneficios y el equipo es un bloque simétrico donde casi todos los jugadores aportan por igual, aunque carece de regularidad a lo largo de los sesenta minutos y puede no encontrar un referente capaz de desatascar situaciones comprometidas. El conjunto húngaro, privado de la participación de Laszlo Nagy, ofreció resistencia durante todo el choque. La renuncia del lateral derecho del Barcelona Borges, uno de los mejores jugadores del mundo, ha impedido un salto de calidad por parte del combinado magiar.

Ambas selecciones se jugarán su futuro el próximo viernes. España lo hará frente a Rusia, que ayer cayó ante Francia (24-28) y aún no conoce la victoria en el presente campeonato.

Fotografía: Stephane Pillaud (EHF)

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