España incrementa en un 18% el cultivo de maíz modificado

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El cultivo de maíz genéticamente modificado se ha incrementado de forma importante desde su introducción en el comercio.

  19674__121_m_3El maíz genéticamente modificado es aquel al cual se le han realizado cambios genéticos, insertando uno o varios genes con características de interés, mediante el uso de tecnología de genes o ADN recombinante.  Los genes introducidos pueden proceder de especies no relacionadas con el maíz como de bacterias, plantas o animales (todos los organismos vivos están constituidos por ADN, definidos por la misma molécula de la vida).

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE) y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente han informado que durante el 2013 España ha batido un nuevo récord en lo referente al cultivo de maíz modificado. Con una siembra de 136.962,45 hectáreas España ha conseguido superar, en 20.000 hectáreas, la superficie de cultivo del ejercicio anterior, lo que supone un incremento de un 18% respecto a 2012.

Este tipo de maíz se comercializa desde 1996 y es resistente a los herbicidas y resistente a los insectos. Se cultiva en más de 14 países y para los agricultores supone una gran ventaja que sea tolerante a los herbicidas ya que les permite un mayor control de las malezas, les aporta mayor seguridad a la hora de cultivarlo, facilidad de rotación de cultivos o compatibilidad con las prácticas de control integrado de plagas y con las técnicas de conservación del suelo.

En España hace 15 años que este alimento modificado empezó a cultivarse y desde entonces se ha conseguido reducir la importación de este alimento en 853.000 toneladas. Como objetivo para el 2014 se increpa al agricultor a que cumpla la normativa vigente ciñéndose a la trazabilidad o el etiquetado, por eso la organización ha presentado la duodécima guía de “Buenas prácticas para el cultivo de maíz BT”. La Universidad de Cornell, demostró en 1999 que el polen del maíz modificado presenta algunos inconvenientes ya que es una amenaza para algunos insectos como las orugas.

Es importante señalar que el maíz es el cereal más distribuido a nivel mundial, ya que ocupa la tercera posición en cuanto a la producción total, detrás del arroz y del trigo. Este alimento es esencial para la alimentación humana y animal y también es fuente de materias primas para la industria. En la mayoría de casos no prestamos atención a los componentes de los objetos/alimentos que compramos por eso sorprende saber que el maíz también se utiliza para la fabricación de una gran cantidad de alimentos y productos farmacéuticos e industriales, entre ellos, concentrado animal, papel, refrescos, caramelos, tintas, pegamentos, plástico biodegradable, salsas, sopas, pinturas, helados, cosméticos y una lista casi interminable de productos.

Por otro lado, frente al inminente comienzo de la próxima campaña del maíz, ANOVE ha puesto en marcha un conjunto de acciones dirigidas a los agricultores para dotarles de “toda la información y formación necesarias” en el manejo de estos cultivos para asegurar el “uso correcto de esta tecnología” en la siembre y posterior cosecha. Entre estas medidas, podemos encontrar materiales de formación, información en su página web y una guía que se adjunta a los sacos de semillas. Es muy importante que los agricultores sepan muy bien que es lo que están haciendo exactamente y que dominen.

El problema que encontramos es que no tenemos  pruebas científicas que nos aseguren que los alimentos transgénicos (o modificados genéticamente) son seguros para la salud humana. Las multinacionales interesadas en enriquecerse con la venta de estos productos son las que aseguran que estos alimentos no producen ningún mal al ser humano pero,  ¿debemos confiar en ellas?

Nadie sabe cuáles son los efectos a largo plazo de todo este tipo de experimentos, los propios consumidores somos las cobayas de las multinacionales, ¿cómo podemos permitir que nos vendan frutas y verduras tratadas en laboratorios cuando es algo que la naturaleza nos ofrece de forma más sana y más sabrosa? Nada tiene que envidiar el sabor de una fruta cogida del árbol a una que ha pasado tres semanas en un laboratorio sometida a pruebas.

La OMS asegura que el consumo en pequeñas cantidades y de forma continua hace pensar que son inocuos, pero todavía no hay ninguna evidencia científica que avale esto. Si los agricultores y multinacionales cumplen la normativa y etiquetan bien los productos, no tiene por qué haber ningún inconveniente: cada persona decide si quiere consumir un producto u otro. El verdadero problema es que en muchas ocasiones no se cumple este requisito, por lo que desde mi punto de vista debería extremarse la vigilancia y control en este aspecto.

Fuente de las imágenes: INTEF

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