Escuelas literarias: ¿Se puede enseñar a escribir?

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Escribir y escribir ficción no es lo mismo. Entre ambas categorías existe una diferencia sustancial. Muchas personas saben “escribir”: redactan dictados, cartas, envían mensajes de texto y correos electrónicos, editan diarios íntimos… Así hasta un infinito etcétera. Sin embargo, no todo el mundo sabe construir “ficción”, esto es, crear personajes que presenten personalidad y evolución a lo largo de una trama, inventar acontecimientos, exponer ideas, desarrollar historias… y hacerlo todo con estilo literario. Se trata, podría afirmarse, de la diferencia entre un acto cotidiano y hacer “Arte”.

Portada de la página web de Hotel Kafka

¿Y cómo se ha producido esta confusión? Muchos pueden escribir ficción por ‘hobby’, porque les puede parecer entretenido, porque les sirve para desahogarse. Otros van más allá y lo hacen con pretensiones de “oficio”, y entonces añaden a su trabajo antecedentes históricos, teorías y críticas literarias, un conocimiento del mundo editorial e infinitos saberes más que pueden resultar tortuosos para el lector. Quizás, el “todo el mundo sabe escribir” guarde relación con la poca calidad que evidencian algunas obras.

No ocurre lo mismo con otras artes. La clave radica en que, al parecer, todo el mundo “sabe” escribir, pero no todos son capaces de tocar, por ejemplo, un instrumento musical. Esta diferencia no sólo está clara en la música, sino también en las Bellas Artes. Probablemente, esto se deba a que ambas disciplinas artísticas cuentan con una formación de carácter oficial. Así, cuando uno quiere ser músico o artista plástico, la formación se suele desarrollar en un conservatorio o en una escuela o facultad de Bellas Artes. Pero ¿a dónde se va si se quiere ser escritor? A las carreras de Filología, Filosofía o Comunicación, por regla general. Luego, además, pueden aparecer talentos literarios con formación médica, política o económica. ¿Qué tiene la creación literaria, que toma como creadores a sujetos tan dispares?

Quizás la ausencia de formación específica en los escritores no sea una desventaja. En otros países, principalmente en los anglosajones, las universidades públicas y privadas cuentan con carreras y/o másteres oficiales que suelen denominarse ‘Creative & Writing’. En estas enseñanzas los estudiantes adquieren conocimientos de Historia de la Literatura o del Arte, Movimientos Artísticos, Filosofía, Sociología, Composición, Escritura Poética, Creación de Personajes y una amplia variedad de otras nociones humanísticas, que se acompañan de seminarios y talleres con escritores de reconocido prestigio.

En España, la Universidad de Sevilla y la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona son pioneras en tener másteres de Escritura Creativa. Estas formaciones universitarias, sin embargo, no han cosechado el éxito de las instituciones que dan nombre a este reportaje: las escuelas literarias. Por todo el territorio nacional se diseminan cursos y talleres de escritura creativa, muchos de ellos impartidos por escritores o teóricos en distintos centros culturales.

Página web de la Escuela Contemporánea de Humanidades

En la capital se concentran cuatro de las escuelas literarias con más alumnos: Fuentetaja, Escuela de Escritores, Hotel Kafka y la Escuela Contemporánea de Humanidades. Estos centros llevan años ofreciendo cursos, talleres, seminarios y másteres en distintas disciplinas de la creación literaria: poesía, novela negra, relato breve, literatura erótica, tendencias literarias contemporáneas, periodismo literario… Son cientos los alumnos que ya han recibido este tipo de formación, normalmente impartida por escritores con obras publicadas -de más o menos prestigio- o por profesionales del mundo de las Ciencias Sociales y las Humanidades.

Fuentetaja, por ejemplo, cuenta con 25 años de experiencia y es la que más alumnos recibe cada año en sus enseñanzas presenciales y en internet. Escritores reconocidos como Elvira navarro y Juan Jacinto Muñoz Rengel se encuentran en sus filas. De hecho, es la más grande de todas en cuanto a variedad de estudios ofertados. Escuela de Escritores, por otro lado, imparte cursos online y presenciales en Madrid, Burgos y Zaragoza. Cuenta con clases anuales y trimestrales, entre ellas un máster en Narrativa, y no posee profesores de tanto prestigio, pero sí un amplio equipo formado en ámbitos culturales y con premios literarios de menor resonancia.

En Hotel Kafka, a su vez, se imparten cursos no sólo para escritores, sino también para músicos, guionistas y periodistas. A la entrada de su página web apuntan, de la manera más humilde y sabia: “A todos nos enseñaron a escribir en la escuela, a crear no”. Autores como Juan Aparicio Belmonte, Rafael Reig, Ronaldo Menéndez o Marta Ribera enseñan en sus clases de Escritura Creativa. Finalmente, la Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid, que cuenta con la dirección de el varias veces galardonado escritor y periodista Alejandro Gándara. Sus másteres en Creación Literaria y Creación de Pensamiento son un sello único, muy reconocido a nivel nacional, y entre sus filas hay escritores como Nuria Labari y profesionales del mundo del periodismo, la filosofía y la publicidad.

Estudiar en estas escuelas no significa que se llegue a publicar, pero sin duda estas instituciones sí funcionan como un lugar de encuentro para personas con inquietudes culturales parecidas, aptitudes potenciales para la escritura, capacidad de sentimiento crítico y, sobre todo, amor por la lectura. Hay mucho que discutir en torno a este tema. Para dilucidar el camino, se expone a continuación la opinión de cuatro destacados escritores.

El escritor Lorenzo Silva

Juan Aparicio Belmonte. Su primera novela, Mala suerte (2003), ganó el I Premio de Narrativa Caja Madrid. Desde entonces ha publicado obras como El disparatado círculo de los pájaros borrachos (XII Premio Lengua de Trapo de Narrativa) o Mis seres queridos (II Premio Bubok de Creación Literaria). Da clases de Escritura Creativa en el Hotel Kafka.

Elvira Navarro. En 2004 ganó el Certamen de Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid. Su primer libro, La ciudad en invierno (2007), fue elegido como Nuevo Talento Fnac. En 2009 publicó La ciudad feliz (XXV Premio Jaén de Novela), mientras que en 2011 fue incluida en la lista de 22 mejores narradores españoles de la revista Granta. Es profesora de Novela en Fuentetaja.

Nuria Labari. La redactora jefe de la web de Telecinco seleccionó trece de sus relatos cortos bajo el nombre Los borrachos de mi vida y ganó el VI Premio de Narrativa Caja Madrid. Es profesora de Relato Breve en la Escuela Contemporánea de Humanidades, donde una vez fue alumna del Master de Creación Literaria.

Lorenzo Silva. Es uno de los nombres más reconocidos de la Literatura española actual. Ha escrito novelas, relatos, narrativa de no ficción y libros para niños y jóvenes. En 1997 su nombre se hizo famoso al quedar finalista del Premio Nadal con La flaqueza del bolchevique. Recibiría el premio en el año 2000 por El alquimista impaciente. En 2004, con Carta blanca, ganó el Premio Primavera de Novela. Entre sus últimas obras publicadas se cuentan Niños feroces, La estrategia del agua o El blog del inquisidor.

Nuria Labari

¿El escritor nace o se hace?
J.A.B. Nace con algunas características innatas, pero si éstas no se trabajan y desarrollan de nada sirven. ¿El futbolista nace o se hace? Si eres torpe con los pies por una cuestión genética jamás serás buen futbolista, pero Messi es Messi porque jugaba mucho al fútbol de niño con independencia de su indudable talento natural.

E.N. Afirmar que el escritor nace es como creer en la transmigración de las almas o algo similar. El escritor se hace. Otra cosa distinta es la necesidad de expresarse y construir universos por escrito (un psicólogo te contestaría mejor que yo a esta pregunta), que seguramente tiene que ver con desarreglos con respecto al entorno y un temprano descubrimiento de la lectura.

N.L. Ni lo uno ni lo otro. El escritor básicamente se deshace. Quiero decir que el escritor es un sujeto (lo de que ha nacido es obvio, digo yo) con alguna brecha en su sentido del mundo o de su identidad. Es capaz de percibir los lugares donde el sentido se rompe y se siente capa, a veces, de intentar reconstruirlo o, por lo menos, de seguir la pista a estas brechas del sentido. Creo que identitariamente hay algo roto en un escritor y la magia de la buena literatura consiste precisamente en convertir esas brechas en trampolines, en lanzaderas hacia otro lugar. Es decir, donde el sentido se rompe puede haber un trampolín que te lance disparado hacia otro lugar donde pueda continuar. No es que las heridas desaparezcan pero podemos convivir con ellas. Me encanta la metáfora de Dumbo para ilustrar la del escritor. De sus tremendas orejas, las mismas que le amargaban la vida, es capaz de conseguir la magia necesaria para volar. ¿Nace Dumbo o se hace? Pues ni lo uno ni lo otro. Se deshace. Convierte lo que tenía en otra cosa. Es decir, crea.

L.S. Nace y luego está siempre haciéndose, deshaciéndose, rehaciéndose. De otro modo, no hay escritor.

Elvira Navarro

¿Puede sustituir la enseñanza al talento natural?
J.A.B. No. El talento natural no tiene sustitutos. La enseñanza, o más bien la práctica, puede acrecentarlo o hacer que surja si hasta entonces permanecía agazapado u oculto.

E.N. Esta pregunta parte de una base errónea, a saber: la presunción de que todos los que asisten a un curso de estas características tienen una vocación bien definida y, en consecuencia, la firme determinación de convertirse en escritores o escritoras. En mi experiencia, eso es así sólo en algunos casos. La mayoría de los que asisten a un curso práctico de literatura están movidos por el afán de explorar una región por la que rara vez transitan, que es la de su relación con la palabra escrita, y que cuando se prueba procura satisfacciones inesperadas, y tal vez incluso la recuperación de capacidades que se creían olvidadas. Es un tópico seguramente cierto decir que quienes escribimos lo hacemos porque nos resulta más fácil comunicarnos por escrito, y yo añado que, además de eso, hay cosas que sólo encuentran su mejor expresión sobre una hoja de papel. O sobre una pantalla. Esto es así incluso en los casos de quienes rara vez han probado dejarse ir ante una página en blanco. Por hacer una analogía con la pintura, tal vez uno o una no sea Antonio López; sin embargo, lo que sí es cierto es que, cuando se descubre la potencialidad de un trazo o de unos colores, nada ni nadie puede sustituir ese trazo propio y esa manera de aportar color, y lo fundamental: sólo quien participa de ese proceso puede hacerse depositario de su significación, de las posibilidades que encierra.

N.L. Esta pregunta es muy tontorrona, la verdad. ¿Cómo va el talento a sustituirse por ninguna cosa? Supongo que te refieres a si puede alguien sin talento convertirse en escritor gracias a la educación. Mi respuesta es que la educación es indispensable para el desarrollo del ser humano (sea o no escritor) y complementaria de cualquier capacidad innata. Desde luego no conocemos escritores analfabetos (con permiso de los narradores orales de la biblia reescritos después). Es decir, cualquier escritor de nuestro tiempo sabe escribir en el sentido literal de la expresión. ¿Cuánto talento hay en zonas del mundo donde los niños no tienen siquiera derecho a la educación? Por no hablar de las mujeres… En fin, esta pregunta me parece propia de los 80. Las escuelas de arte dramático, de danza, de música, de bellas artes jamás se han puesto en duda (por mucho que se asuma que estas disciplinas requieren talento). En cambio se sigue sospechando de las escuelas de creación literaria. Fuera de todos los talleres y club de lecturas no profesionales que existen en nuestro país, entiendo que las escuelas de altos estudios dedicadas a la creación literaria son una suerte para escritores, críticos y estudiosos de la literatura en general. En nuestro país sólo conozco la ECH, fuera me gusta la Sara Lawranece en EEUU, donde me encantaría estudiar. (En la ECH ya he tenido la suerte). Pero en principio no sospecho de ninguna institución que se dedique a la educación. Y sin educación creo que el talento lo tiene muy difícil, la verdad, en ésta o cualquier otra disciplina.

L.S.  No. Puede potenciarlo, pero cero multiplicado por lo que sea siempre da cero.

¿Cuál sería la labor idónea de estas escuelas en el proceso de creación artística?
J.A.B.
La que tienen. Lugares donde se aprende técnicas de escritura, donde se lee y se discute y charla sobre literatura y en los que los alumnos encuentran una motivación, tan necesaria siempre, para escribir más y mejor.

E. N. Conectar a los asistentes con su capacidad para crear con el lenguaje escrito, y aquí es importante el “su”, es decir, con aquellas cualidades o necesidades del alumno que le permiten escribir. El profesor debe de ser un canal para desarrollar cualidades propias, y no un vendedor de su propia doctrina literaria.

N.L. La respuesta se responde más fácilmente si piensas en cualquier otra disciplina: danza, por ejemplo. Como la palabra está muy pegada a los individuos nos cuesta entender que no la dominemos y que aún podamos aprender sobre una capacidad que nos parece “innata”. Pero son muchas las técnicas que se deben conocer para afrontar la escritura (o la lectura o la edición o la retórica) desde un punto de vista profesional o avanzado. La bibliografía es tan amplia como lo es la materia. ¿Por qué no se hace este pregunta sobre qué se enseña en una Escuela de Bellas Artes o si tiene sentido ir a un conservatorio de música cuando Leonard Cohen es autodidacta? En fin, me niego a responder. Creo que la labor de una Escuela de creación no se tiene que justificar aunque en este país se siga pidiendo explicaciones hacia aquellos decididos a dedicarse a la creación en cualquiera de sus manifestaciones. De hecho, una de las razones por las que este tipo de escuelas son imprescindibles es que la creación está desterrada por completo de los programas convencionales de formación.

L.S. Estimular, incitar a la curiosidad, a la autoexigencia, a la permeabilidad.

 Imágenes cedidas por los autores

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