Escritos a un libro condenado

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“Este libro cuyo título –Flores del mal– lo dice todo está revestido de una belleza siniestra y fría; ha sido hecho con furor y paciencia. Por otra parte, la prueba de su valor incontestable está en todo lo malo que se ha dicho de él. El libro enfurece a la gente. Por lo demás, espantado yo mismo del horror que iba a inspirar, suprimí un tercio en las pruebas… Se había extendido el rumor de que iba a ser perseguido; pero eso no ocurrirá. Un gobierno que tiene entre manos las terribles elecciones de París no tiene tiempo para perseguir a un loco.”

Primera edición de “Las Flores del Mal”, con anotación de Baudelaire: “¿Qué opinaría usted de suprimir la palabra poesía? En cuanto a mí, me ofende
mucho.”

Charles Baudelaire escribía estas líneas en una carta a su madre, Madame Aupick, en 1857. Numerosos fueron los escritos en los que el propio autor se refería a su creación –en cartas, prefacios, notas…- ya fuera para quejarse a amigos y conocidos de la mala reacción del público o para reflexionar sobre la obra. La publicación de Las flores del mal  originó un gran escándalo en la época; el poeta fue tachado de inmoral, y el Tribunal Correccional de París condenó seis de los poemas, que fueron suprimidos en la primera edición. Para las siguientes, el Tribunal exigió reemplazar esos poemas por otros: “¡Y esas malditas Flores, que tengo que rehacer! Hace falta reposo para ello. Volver a ser poeta, artificialmente… y todo ello para obedecer la voluntad de tres magistrados necios”.

Lejos de componer un canto a la naturaleza, como ya hicieran escritores anteriores, Baudelaire se inspiró para algunos poemas en la moderna y decrépita ciudad, como puede verse en el Spleen de París, pues, incluso cuando observaba la naturaleza, pensaba en la sorprendente ciudad, y sentía que sobre las cumbres podían escucharse los lamentos humanos, logrando de este modo unas imágenes innovadoras que sentarían las bases del movimiento simbolista. El mal, impreso en cada verso, es el tema por excelencia: “…yo no me siento culpable de ningún modo. Al contrario, estoy muy orgulloso de haber escrito un libro que solo respira terror y horror por el mal”.

En su correspondencia, Baudelaire estuvo en contacto con importantes escritores como Flaubert o Víctor Hugo; también con músicos como Wagner, a quien dijo que apreciaba su música porque le recordaba a sí mismo. A Víctor Hugo le pidió su protección y  le mandó varios versos reconociendo que uno de los poemas lo había hecho con afán de imitarle, admiración que se muestra en la carta que le envió: “Cuando Las Flores del Mal hayan reaparecido, aumentadas con un material tres veces mayor que el suprimido por la justicia, tendré el placer de inscribir en el encabezamiento de esas piezas el nombre del poeta cuyas obras me han enseñado tanto y dado tanto gozo a mi juventud”.

Debido a que el libro tuvo varias ediciones –la segunda fue aumentada con 35 nuevos poemas-, Baudelaire escribió diferentes  proyectos de prefacio en los que hablaba de la poesía, del arte y del mal. En ellos aparece la desdicha del poeta, probablemente influida también por las constantes deudas económicas. “Se me han atribuido todos los crímenes que he relatado… Porque el poeta no pertenece a ningún partido; de otro modo, sería un simple mortal… He puesto alguna basura para complacer a los periodistas; se mostraron ingratos”. Sobre el mal escribía: “Resulta más difícil amar a Dios que creer en él. Por el contrario, para la gente de este siglo, es más difícil creer en el Diablo que amarlo. Todo el mundo lo siente y nadie cree en él. Sublime sutileza del Diablo.”

En los escritos, Baudelaire explica la estrecha relación de la poesía con la música y con otras artes como la pintura, porque es capaz de expresar diferentes sensaciones, y critica el concepto de arte mal entendido y vapuleado: “Siempre he considerado la literatura y las artes como algo que persigue una finalidad extraña a la moral…Este mundo ha adquirido tal espesor de vulgaridad, que imprime al desprecio por el hombre espiritual la violencia de una pasión…”

Acusado de “ultraje a la moral pública”, creó una nueva estética a través de su obra artística, e influyó a poetas como Rimbaud o Mallarmé, convirtiéndose en uno de los creadores más importantes de la literatura.  El siguiente poema titulado Epígrafe para un libro condenado, uno de los últimos de Las Flores del Mal, podría pensarse como la advertencia del poeta sobre el libro al que el lector va a enfrentarse; Baudelaire fue sin duda capaz de extraer la belleza del mal en estas frías e impúdicas flores:

                                                               Lector apacible y bucólico,
                                                               ingenuo y sobrio hombre de bien,
                                                               tira este libro saturniano,
                                                               melancólico y orgiástico.

                                                                Si no cursaste tu retórica
                                                               con Satán, el decano astuto,
                                                               ¡tíralo!: nada entenderás
                                                               o me juzgarás histérico.

                                                               Mas si de hechizos a salvo,
                                                               tu mirar tienta el abismo,
                                                               léeme y sabrás amarme;                                                              

                                                               alma curiosa que padeces                                     
                                                               y en pos vas de tu paraíso,
                                                               ¡compadéceme!… ¡o te maldigo!

Imagen principal: ilustración de Carlo Farneti para la edición de 1935 de Las Flores del Mal.

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