Esclavos en el Siglo XXI

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Lejos de quedar relegada a los libros de historia, la esclavitud está viva y florece en varias partes del mundo. En casi perfecto silencio, en el siglo XXI, hay por lo menos 27 millones de personas viviendo en situación de esclavitud.
Esta cantidad “dobla el número de todos los que fueron robados de África durante los 300 años que duró el tráfico de esclavos”, asegura Kevin Bales, profesor de Sociología de la Universidad Roehampton, y presidente de Free the Slaves. Este año, el 2007, es el que marca el bicentenario de la abolición del comercio de esclavos en el Imperio Británico desde que la Cámara de los Comunes firmara el acta en 1807; dos siglos después, como podemos observar, la situación ha empeorado claramente. Hoy, los siervos no están sujetos a la posesión legal, sino a lo que Bales denomina “la autoridad inapelable de la violencia”.

En 2003, por ejemplo, unas 400.000 personas fueron compradas desde Europa oriental para trabajar en la industria del sexo, la agricultura o el textil. Si durante el auge del tráfico de esclavos, practicado por reinos africanos y potencias europeas, desde el siglo XVI hasta el XIX, la “mercancía” más codiciada eran los varones adultos, hoy en día, son las mujeres y los niños los más solicitados. Los intermediarios de las redes organizadas buscan niños entre las familias rurales pobres de esos países y realizan, lo que ellos llaman, “operaciones transfronterizas”. En algunos casos, les basta apostarse fuera de las casas y secuestrarlos; otras veces, se proveen de niños que ingresaron a las áreas urbanas en busca de sustento. Pero en muchas otras sólo necesitan persuadir a los padres diciendo que los niños recibirán adiestramiento en alguna profesión o buena educación si trabajan para una familia acaudalada, a cambio de una pequeña remuneración. Una vez arrebatados de su hogar, en su nuevo destino, los niños no reciben paga ninguna y mucho menos pisan una escuela. Quedan encadenados a los traficantes o a quienes los hayan comprado. Los traficantes, que deben hacerse cargo de los gastos durante el viaje, incluyendo sobornos para asegurarse la colaboración de guardias fronterizos, recuperan su inversión explotando el trabajo de los nuevos esclavos que, para pagar la “deuda” en su país de adopción, suelen trabajar desde la mañana a la noche. Respecto a las mujeres, lo que ocurre en la mayoría de los casos, es que son engañadas bajo falsas promesas de trabajo que desembocarían en una mejor calidad de vida para ellas y los suyos, y lo que en realidad se encuentran es un infierno en el que el maltrato y la explotación sexual están a la orden del día.

No existe una distinción clara entre las diversas formas de esclavitud” señala Naciones Unidas. Las mismas familias o grupos son muchas veces víctimas de varios tipos de esclavitud contemporánea y el factor que los une a todos es la extrema pobreza. La imagen del esclavo anclada en el imaginario colectivo lo representa como una persona con los grilletes puestos vendida como mercancía. Hoy, esos grilletes son dorados. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder. La esclavitud nunca se ha erradicado, sólo ha cambiado de forma para adaptarse a los tiempos y para pasar desapercibida entre el ruido y las prisas.

Fuente:
http://www.elpais.com
http://www.almendron.com/blog/?p=1514
Fuente de la Imagen:
http://almendralejo.cuadernosciudadanos.net/Qatsi/25161

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