Esclavas de sus maridos

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Si a una mujer judía no se le concede el divorcio, no podrá vivir con otro hombre bajo pena de adulterio, además sus hijos serán considerados bastardos. Los hombres en cambio, podrán volver a casarse con la ayuda de 100 rabinos, y sus hijos no variarán su estatus.
En el judaísmo el proceso de divorcio en una pareja que decide poner fin a su vida matrimonial no resulta tan sencillo como debiera ser en el siglo XXI. La ley judía, Halajá, distingue entre matrimonio civil y matrimonio religioso, y por tanto el proceso a seguir a la hora de un divorcio es también diferente.

El divorcio civil disuelve los lazos creados del matrimonio civil, estos lazos son creados por el hombre, y es por tanto el hombre el que está en disposición de deshacerlos. El matrimonio religioso se realiza bajo la Jupá,y por tanto es un proceso basado en las normas divinas. Esta unión sólo se puede disolver por medio del Guet, lo equivalente a un divorcio. Éste es un proceso muy sencillo siempre que se cuente con el consentimiento de las dos partes. Y aquí vienen los problemas. Si la mujer rehúsa recibir el Guet para extorsionar a su marido o vengarse de él, el Tribunal tiene facultades para permitir al hombre volver a casarse sin el Guet. Para ello necesitaría el permiso de 100 rabinos. Si es el hombre el que no quiere dar el Guet a su mujer la cosa cambia. En principio está obligado a dárselo según la Halajá (ley judía), pues no puede negarle su libertad. De hecho desde 1995 la ley israelí contempla sanciones para que el marido ceda a la hora de conceder el Guet a su esposa. Tales castigos van desde negarle un entierro judío, a retirarle el carné de conducir, la licencia profesional e incluso mandarle a prisión. El problema está en que rara vez los tribunales aplican estos castigos. A menudo las mujeres se ven obligadas a renunciar a la pensión, a la casa e incluso a sus hijos a cambio del divorcio.

Si bien si hay casos en los que se aplica la ley. Meir Briksman es un judío residente en Jerusalén del que el tribunal rabínico ha difundido carteles para que cualquiera que se tope con él le impida unirse a una sinagoga, no le dé alojamiento o cualquier otra ayuda hasta que le conceda el divorcio a su esposa, la cual lleva esperando más de un lustro a que se le otorgue el Guet. Además le han impedido que pueda casarse incluso con el consentimiento de 100 rabinos.

Pero esta no es la tónica general, y el problema no sólo está en no poder volver a casarse. Según la Halajá si una mujer a la que no se le ha concedido el Guet, convive con otro hombre, está cometiendo adulterio, además si tuviera hijos éstos serían considerados mamzerim, es decir, bastardos, y durante diez generaciones sólo podrán casarse con otra persona de su misma condición, bastardo, o con un judío converso. En cambio si es el hombre el que tuvo hijos sin que le fuera concedido el Guet por parte de su esposa, el estatus de sus hijos no se verá afectado.

Desde distintas ONGs en apoyo de las mujeres se aboga por una aplicación más abierta y moderna de la ley judía como solución a este problema. Susan Weiss, directora de la ONG Centro para la Justicia de las Mujeres, apunta que “o los tribunales rabínicos demuestran que no se han quedado obsoletos, o las mujeres van a dejar de casarse”.

Fuentes del texto:
Domingo suplemento dominical de El País (4 de enero de 2009)
http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/615782/jewish/Mitos-y-Verdades-Sobre-el-Divorcio-Judo.htm
http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/700442/jewish/La-Jup.htm
http://www.justicewomen.com/index.html
http://www.elmundo.es/yodona/2008/04/09/actualidad/1207761329.html
Fuentes de las imágenes:
http://www.mashaladigital.com/wp-content/uploads/2008/08/dsc038101.jpg
http://www.bbc.co.uk/portuguese/especial/images/1819_religioes/5185927_judaismo.jpg

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