Erradicar el olvido

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Miles de personas mueren cada día a causa de “enfermedades olvidadas”, males que en la mayoría de los casos tienen solución pero cuyos pacientes, en muchos casos, no pueden costearse un correcto tratamiento. Diferentes organizaciones y organismos luchan contra estas dolencias marginadas con las esperanza de dar una nueva oportunidad a quienes las sufren.

Cada día mueren 8.000 personas a causa de enfermedades olvidadas, males que en la mayoría de los casos tienen solución. La enfermedad del Chagas, la lepra, la enfermedad del sueño, la oncocercosis o ceguera de los ríos, la tuberculosis o la malaria son algunas de estas enfermedades.

Millones de personas en el mundo, la mayoría habitantes de países empobrecidos, padecen alguno de estos males. La escasez de recursos les impide acceder a un diagnóstico y costearse un tratamiento. Sin embargo, esta no es la única limitación a la que se enfrentan, ya que las empresas farmacéuticas tampoco consideran rentable investigar nuevos tratamientos. “La industria farmacéutica no tienen ningún incentivo económico, porque esas enfermedades no suelen manifestarse en el mundo industrializado”, explica Thomas Schmidt, farmacéutico e investigador de plantas medicinales en la Universidad de Münster (Alemania).

Los medicamentos que tratan estos males apenas distan de los desarrollados por los colonizadores hace más de cien años. El melarsoprol, único remedio posible para la enfermedad del sueño, contiene arsénico, lo que se traduce en fuertes dolores de cabeza. El cinco por ciento de los pacientes fallece tras sufrir el martirio de los efectos secundarios. A pesar de estas contraindicaciones, los enfermos no tienen alternativa; sin tratamiento, el cien por cien de ellos moriría.

Frente a esta situación, el Banco Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates han creado un plan de acción para erradicar, antes de 2020, una decena de enfermedades tropicales olvidadas. La Declaración de Londres, nombre de la iniciativa, contará con la financiación de trece empresas farmacéuticas, amén de los recursos que aporten gobiernos como los de Estados Unidos, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos. La propuesta cuenta con unos fondos iniciales de 600 millones de euros, presupuesto destinado a la investigación. Entre sus grandes retos se encuentran la erradicación de enfermedades como la ceguera por tracoma, la enfermedad del sueño, la lepra o la filariasis linfática. A largo plazo, se intentará controlar la incidencia de otros males, caso del Chagas, la helmintiasis o la oncocesoris.

Investigar es necesario, pero la investigación no garantiza que los medicamentos lleguen a los pacientes más necesitados. Por este motivo, la Fundación Bill y Melinda Gates ha anunciado que, a lo largo de los próximos cinco años, donará 275 millones de euros para cubrir gastos operativos y de distribución.

Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha calificado esta iniciativa como “el mayor esfuerzo conjunto realizado hasta la fecha”. Sin embargo, no es la primera vez que se pone en marcha un proyecto con el objetivo de tratar estos males olvidados. En 2011, Médicos Sin Fronteras lanzó una campaña para recuperar del olvido seis de las catorce enfermedades que la OMS considera ignoradas. Pastillas contra el dolor ajeno, título de la iniciativa, consiste en la venta de unos caramelos que se pueden comprar en las farmacias por un euro. El ochenta por ciento de los beneficios está destinado al diagnóstico y tratamiento de estas seis enfermedades (enfermedad del Chagas, Kala azar, tuberculosis, malaria, enfermedad del sueño y sida infantil).

La importancia de estas iniciativas es enorme, pues cada año 100.000 personas mueren en el mundo como consecuencia de las enfermedades olvidadas. Erradicar y combatir estos males no sólo supone reducir el número de fallecidos. Las poblaciones más pobres, residentes en zonas rurales remotas o en zonas de conflicto, suelen ser las más afectadas por las enfermedades tropicales desatendidas. Mejorar la salud de los países empobrecidos es indispensable para su futuro.

Fotografía: Marco Baroncini/Corbis

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