FLORES DEL LEJANO ORIENTE

El qué: Exposición de grabado japonés “Flores de Edo”
Dónde: Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla
C/Noviciado, 3  Metro Noviciado (Madrid)
Cuándo: De lunes a viernes de 9 a 21h; sábados de 11 a 20h; domingos y festivos de 11 a 15h. Hasta el 10 de enero.
Web información: www.ucm.es/BUCM/foa


Una exposición con el evocador título de “Flores de Edo” nos muestra una colección de grabados japoneses del período del Shogunato de la familia Tokugawa. Esta exposición, que recoge una pequeña parte de los cerca de ochocientos grabados de este período que atesora la biblioteca de la facultad de Bellas Artes de la universidad Complutense, nos invita a conocer la cultura y la historia de esa pequeña nación que antaño fue conocida como el Imperio del Sol Naciente.

La familia Tokugawa, al acceder al poder en Japón en 1617, decide llevar el Shogunato (gobierno) a Edo, actual Tokio, que se convierte no sólo en la capital política sino también en la cultural. Allí florecerá una cultura plebeya que aunará la tradición japonesa derivada del budismo y del Zen junto a ciertas influencias chinas de las culturas Ming y Ch’ing. Hacia el final de este período también se observa cierta influencia del arte occidental que se hará más patente en la época de la Restauración Meiji (1867-1912)

El rasgo más innovador de la creación artística de la época del Shogunato de Edo es la aparición de un nuevo estilo de pintura, creado por Moronobu en 1681, conocido como ukiyo-e. El ukiyo es “la vida y costumbres de las masas contemporáneas”. Hasta ese momento, los artistas japoneses pintaban escenas guerreras y retratos de gobernantes al igual que en Occidente se representaban temas religiosos. El ukiyo-e significa la ruptura con esta tradición; el pintor comienza a representar escenas cotidianas y a retratar a mujeres hermosas, actores o luchadores de sumo.

El kabuki

Uno de los temas preferidos por los artistas de este período es el kabuki. El kabuki era una modalidad de danza que evolucionó hasta convertirse en teatro. Trata tópicos como la lealtad, el amor o la humanidad y terminó convirtiéndose en el drama tradicional japonés.

Muchos de los grabados que se pueden ver en la exposición representan escenas de kabuki pero también de luchas entre héroes y monstruos, dibujos de animales y plantas exquisitamente detallistas y retratos de mujeres, especialmente de geishas, término que actualmente denomina a las prostitutas de lujo pero que fue acuñado en el siglo XVII para referirse a mujeres que ejecutaban danzas callejeras.

Grabados que representan escenas de sumo y paisajes como la famosa serie “Treinta y seis vistas del monte Fuji” de Katsushika eran también muy comunes en la época aunque en la exposición apenas están presentes.

La técnica
Los grabados se obtenían a partir de planchas de madera. Esta técnica permitía imprimir de forma económica series de decenas o cientos de copias del grabado  que llegaban al mercado para satisfacer una creciente demanda de las clases populares.

Al principio, los grabados eran monocromos, imprimiéndose sólo en negro; poco después, aparecieron los “grabados en rojo” que utilizaban este color como tono principal y añadían el amarillo y el verde. Como máximo, el artista podía utilizar 8 tonos diferentes teniendo que pedir un permiso especial si quería emplear más.

El gobierno mantenía una vigilancia estricta sobre los artistas y todos los grabados tenían que pasar bajo el “rodillo” de la censura. El sello de la censura se puede ver en todos los grabados junto a los sellos del editor y del artista.

Oriente es Oriente

A diferencia del interés del artista occidental por el volumen y la profundidad en la obra pictórica, presente desde el Renacimiento, el artista japonés crea sus obras sobre un plano y no pretende crear la ilusión de perspectiva. En cualquier grabado podemos observar como los colores planos, las gruesas líneas negras que marcan los contornos de las figuras y la inexistencia del contraste luz/sombra evitan la creación de volúmenes; pese a esta falta de profundidad, el espectador tiene la sensación de encontrarse frente a un espacio tridimensional lo que nos lleva a preguntarnos si es el artista el que crea la perspectiva o es el ojo humano.

Esta característica influirá en los artistas occidentales de vanguardia cuyas obras tienden a ser bidimensionales. En los cuadros de pintores como Vincent Van Gogh y Paul Gauguin podemos apreciar esta influencia en el tratamiento del color (totalmente plano en el caso del francés) o en el contorno muy marcado de las figuras que también se aprecia en las obra de Cezanne, sin olvidar que los grabados paisajísticos japoneses constituyen una de las influencias más directas sobre los impresionistas.

Déborah Giménez


HOMBRES G VUELVEN A LAS ANDADAS


DE-LOVELY, LA VIDA DE UN GENIO


LA CELESTINA Ó COMO "DESTROZAR" UN CLÁSICO


"DOS HERMANAS"
CUENTOS PERVERSOS


DIÁLOGOS DE CINE:
"MAGNOLIA"


KEN LOACH, EL CINE COMO LUCHA SOCIAL


ÉXPERIENCIA(S) EN LA CASA ENCENDIDA


EL SONIDO ENVOLVENTE DE TINDERSTICKS