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EL
ATLETI VUELVE A LAS ANDADAS
Nada va bien en la casa colchonera. Algunos tratan de
ocultar lo obvio, pero salta a la vista que algo no funciona. Al comienzo de la
temporada se intentó vender a este Atleti como un posible aspirante a la Liga.
Es más, hubo quien comparaba la plantilla con la que había el año del doblete.
Nada más lejos de la realidad. Los números se parecen mucho más a los del año
del descenso que a los de la memorable temporada 1995-1996. Alguien tendrá la
culpa.
Carlos Bianchi, el “Virrey”, traía la esperanza y la
ilusión argentina a Madrid en el verano. El pasado no fue un gran año para el
equipo, eso estaba claro. Los goles no llegaron y algo fallaba en el centro del
campo. Había que buscar una solución. El argentino aportó la ilusión de un
proyecto nuevo, fichajes de jugadores apostando por el ataque, y promesas que,
finalmente, nunca se cumplieron, como Riquelme. Pero futbolistas de renombre
como Petrov, Kezman o Maxi sí se acercaron a la rivera del Manzanares. Y, al
principio, la cosa parecía que funcionaba. Incluso el flamante ganador de la
Liga pasada cayó frente a ese Atlético en uno de los pocos partidos en los que
han sucumbido los culés. En apariencia, este podía ser el año.
Sin embargo, poco a poco el proyecto se ha venido abajo.
Los puntos han ido volando fuera del casillero, algunos de ellos con especial
dolor en los últimos minutos del partido. Polémicas arbitrales a parte, lo que
está claro es que, si en el último minuto te empatan es porque te han marcado
un gol. Después no sirve justificar que el tiempo se había acabado. Hasta que
el árbitro no pita, el partido sigue. La falta de concentración por parte de
los jugadores es, sin duda, uno de los problemas para estos “deslices”. Pero el
entrenador también tiene su parte de culpa. Una extraña obsesión de guardarse
todos los cambios en la manga hasta el final del partido se ha apoderado de
Bianchi, cuando, de todos es sabido que es una de las mejores formas de perder
tiempo. El argentino es un hombre experto en el mundo del fútbol, tiene que
conocer esas picardías. Pues no lo parece.
El vestuario tampoco parece que esté bien del todo y la
armonía no reina entre la plantilla, o al menos eso es lo que parece. El
entrenador no se hace al carácter de jugadores como Kezman o Petrov. Si bien es
un impedimento a la hora de tratar con los futbolistas, hay formas de volverlo
rentable para el juego. En el fútbol es necesario carácter. Además, son los
jugadores que suelen ganarse el favor del público con más facilidad. Véase el
caso del búlgaro Martín Petrov, ovacionado por el público del Calderón cuando
aún no se planteaban ni si quiera la posibilidad de algo tan doloroso como
pitar a tu propio equipo.
Ahora nos quieren vender que esto se
puede mejorar, que aún hay tiempo, que el verdadero Atlético está por llegar.
Que los fichajes de Rosicky y Maniche para reforzar un centro del campo
desaparecido están prácticamente cerrados. Pocos confían ya en las promesas de
los dirigentes atléticos. Como tarden mucho más en
reaccionar, la primera vuelta de la Liga se va, en un partido cualquiera les
eliminan de la Copa del Rey y adiós a todo. No se puede vender la piel del oso
antes de cazarlo. Cuando el equipo empiece a funcionar, entonces pueden volver
a hablar de ilusión. Esperemos que ese momento llegue y lo contemos desde aquí.
Pero, hasta entonces, señores dirigentes y técnicos, un poco de respeto a la
afición. Gracias.
Fotografía: www.cerestvnoticias.com
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