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LA
FACULTAD, NUESTRO SEGUNDO HOGAR (1)
¿Estamos seguros en la Facultad?
La facultad, ese lugar donde pasamos,
durante cinco años, nueve meses y una media de cinco a seis horas. Nuestro
segundo hogar. Nuestro centro de reunión y lugar de aprendizaje. El edificio
que nos alberga cuando nuestros padres no están con nosotros. Pero, ¿Es seguro?
¿O nada como estar con papá y mamá? Vamos a inspeccionar nuestro segundo hogar,
en busca de las claves de la seguridad.
El nuevo
edificio de la Facultad de Ciencias de la Información, estrenado en 2003 para
albergar las clases de segundo ciclo, trata de contrarrestar uno de los mayores
defectos del antiguo: la falta de luz.
Las
propiedades visuales de los nuevos materiales utilizados esta vez parecen venir
dotados de un grado superior de vivacidad con respecto a ese gris cemento y
claustros arenosos. Mientras el edificio antiguo asusta por fuera y deprime por
dentro (por mucho que lo embadurnen con colores fosforescentes), el nuevo
módulo es un intento de evitar las características del anterior. Gran parte de
pared de los tres pisos que componen el complejo se encuentra en forma de
cristal que permite el paso de la luz con mayor facilidad.
A parte de
todas estas facilidades arquitectónicas, nos encontramos con nuevas tecnologías
en los aularios de este “módulo” , como proyectores, equipos audiovisuales,
micrófonos incorporados en todas las mesas, pizarras amplias, gran visibilidad,
persianas automáticas. En fin, toda una serie de mejoras, eléctricas, que, a
pesar de ser efectivas, plantean una dificultad añadida, controlar, los
distintos problemas que estos aparatos pueden ocasionar, como, por ejemplo,
corto circuitos, con el consiguiente riesgo de incendio. Por tanto, ¿qué ocurriría
si pusiéramos ese cristal y al edificio en general bajo una situación comprometida;
si tuviera que ser desalojado?
Partiendo
del supuesto que especifica la ley, de bloqueo de salidas generales, los
grandes ventanales del primer piso resultan una vía de escape ideal con
persianas accionadas automáticamente. De todos modos, centrémonos en el camino
más civilizado: las puertas. Varias oberturas de este tipo conforman el conjunto
de accesos al edificio. La principal, está compuesta por puerta y
“contrapuerta” lo cual, podríamos pensar que es un buen método de retener, por
ejemplo, un fuego. Estas puertas principales suelen estar abiertas.
Pero no todo
es luz y color en el edificio nuevo. Pese a que mangueras, extintores y
alarmas, están en el sitio correcto, la mayoría de accesos, o más bien,
podríamos denominarlos, salidas, están cerradas. Tan solo permanecen abiertas
las dos principales que dan al hall. Esto sería del todo normal, si no fuese
porque, a pesar de la indicación de salida, con un rótulo fosforescente, la
puerta que más cercana se ubica al metro, está siempre cerrada. Este es un
motivo de queja por parte de los alumnos ya que, sobre todos los que tienen que
ir a las clases que más cercanas están a la puerta, como la C010, pierden de
media cinco minutos en hacer ese pequeño trayecto, y eso no contando con que
tengan que subir al tercer piso. Pero no solo es por comodidad, esa puerta,
señalada como salida de emergencia, debería estar abierta, o ¿Debemos pensar
que los conserjes, en caso de fuego, van a llegar a tiempo a abrir, esa y las
puertas que existen en la cristalera? ¿Tendremos que salir todos por las
ventanas?
A lo largo
de una serie de artículos iremos descifrando las claves, positivas y negativas,
de seguridad, que reúnen ambos edificios, nos ampararemos en la ley, y
basaremos, a partir de ella, nuestras críticas. ¿Será tan moderno y seguro el
nuevo edificio?
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