LA HUELLA DIGITAL

 

 


Envía tus comentarios sobre esta noticia al/la autor/a:

Silvia Sánchez Iglesias


Laura Ramírez Cabrera

 


 

Advertencia

La Huella Digital no se responsabiliza de las opiniones vertidas en los artículos, comentarios y secciones de esta publicación, los cuales son total y absoluta responsabilidad de sus autores y por ello los firman.

 


Acaba de llegar de de Sudamérica y aún tiene el horario cambiado. Le estamos esperando en un conocido café de Chueca y ya le hemos advertido de cómo vamos vestidas para que nos reconozca, a lo que él respondió “vale, yo voy todo de negro y con un gorro”. No dio tiempo a decirle que nosotras ya le conocíamos, pero, después de la entrevista, nos dimos cuenta de que no conocíamos casi nada. Juan Aguirre, la otra mitad de ‘Amaral’, nos descubre la cara más desconocida del grupo.

Le agradecemos que se haya prestado a esta entrevista, porque presuponemos que tendrá millones de cosas que hacer y nos responde que “tengo un montón de amigos periodistas que están empezando ahora y me pongo en vuestro lugar. Podemos decir que no a algunos programas a los que otra gente se muere por ir, pero una entrevista para una revista preferimos hacerla. Por ejemplo, al programa de ‘Miss España’ no vamos por principios. Nos parece muy bien y lo respetamos que haya chicas que se quieran presentar a ‘Miss España’ pero nosotros no queremos mezclar nuestra música con un concurso en donde se reduce a la mujer a un objeto. Cada uno es libre. Al igual que no tocaría en un evento en el que se maltratase animales”. Nos explica que Eva no ha podido venir porque estaba haciendo un trabajo con una ONG. Se dividen el trabajo. Estos chicos están muy bien organizados…

Es de suponer que empezasteis con la música por ‘hobbie’, ¿en algún momento llegáis a plantearos que ibais a llegar hasta donde estáis?
No. Tanto Eva como yo tocábamos por necesidad, porque te salía… O sea, yo recuerdo que mi primera guitarra me la regalaron como a los 12 años, entonces era el típico niño que estaba solo, tocando, bueno, al principio haciendo ruido y Eva igual. Para nosotros no era diferente oír música, ir a conciertos o tocar. Estábamos en el ambientillo de Zaragoza de grupos noveles, novatos.

¿Y qué hacíais, tocabais en bares o en locales?
Sí, el típico local de ensayo donde tú te juntas con tus amigos y te inventas cosas y así empezamos.

O sea que nunca pensasteis que os llegarías a ganar la vida así, sólo lo hacíais por ‘hobbie’.
Y lo seguimos haciendo por ‘hobbie’. Yo creo que ni siquiera ahora nos dedicamos exclusivamente a la música, aunque, desde luego, es la actividad que más tiempo nos ocupa, pero también escribimos, Eva hace diseño gráfico y hacemos otras cosas, porque, no sé, supongo que también es porque estudiamos otras cosas que no tienen nada que ver con la música: yo terminé Arqueología y Eva la Escuela de Artes. Así que empezamos con la música pero nunca pensando que íbamos a salir en la tele o que íbamos a grabar discos, lo que pasa es que luego, poco a poco, sin darnos cuenta, pues a la gente le iba gustando, venía a vernos… De repente, habíamos creado una especie de “monstruito” que nos estaba superando. Cuando ya habíamos tocado en casi todos los sitios de Zaragoza, pues empezamos a tocar en Barcelona, en Bilbao, en Madrid. En Madrid flipamos, porque había muchos sitios pequeños donde se podía tocar y empezó a pasar lo mismo que en Zaragoza, que empezó a venir gente y gente que nos decían que les molaban las letras, la voz, el sonido… y empezaron los primeros contactos de gente de discográficas que nos “tiraban los tejos”

Así que no fuisteis vosotros a las discográficas, sino al revés…
Fue un poco muto, lo que pasa es que teníamos muy claro que nosotros queríamos libertad absoluta: para hacer las portadas de los discos, el sonido de la banda, las canciones y, bueno, la verdad es que tampoco fue tan difícil porque teníamos un buen núcleo de gente que nos oía.

¿Y os dieron esa libertad, no os pusieron ningún tipo de restricción?
Ninguna. Tenemos libertad absoluta desde el principio y nunca vamos a hacer nada que no sea en esas condiciones.

Y ahora que ya habéis triunfado, que el “monstruito”, como tú dices, se ha hecho un “monstruo”, ¿os gusta? Porque hay muchos cantantes que de repente se ven ahí y se dan cuenta de que no es lo que querían…
Claro, nosotros estamos muy contentos porque nos gusta tocar, nos gusta escribir, nos gusta tocar en directo, el trabajo en el estudio nos encanta…

Pero la fama también tiene cosas negativas, ¿no?
Lo que pasa es que habría una cara y una cruz. Entonces, resulta que la cara es muy grande, es inmensa. Realmente vivimos bien de lo que nos gusta, que es hacer música, inventarnos historias, viajar, que nos encanta… La cruz estaría en que, quizá, tu música se puede frivolizar, porque vivimos en un mundo en el que, desde el momento en que se hace una actividad pública todo se frivoliza mucho y nosotros tenemos claro que hay un límite que no queremos rebasar nunca. No nos interesa, no nos gusta la fama en sí misma. Preferimos que la gente hable de nuestros discos antes que de nosotros, aunque la verdad es que es un poco inevitable.

Pero también es inevitable que, cuando tienes unos fans acaben admirándote no sólo por tu música, sino por ti y se te puede pedir o tú mismo puedes sentir que les debes algo a cambio, que les debes dar algo más.
Efectivamente, tienes razón, hay que darles algo más. Ellos nos han puesto donde estamos y les debemos algo y yo creo que ese algo es ser siempre coherentes, respetarles, nunca grabar un disco porque sí, sino cuando tienes algo que decir, y que los conciertos sean los mejores que podamos hacer. Yo creo que ése es el compromiso serio que tenemos con la gente y con nosotros mismos. Yo creo que cuando seamos más mayores nos encantaría mirarnos en el espejo y decir: joder, pues lo hemos hecho dignamente y hemos sido un grupo que no nos hemos vendido ni dejado llevar por la fama fácil o el dinero fácil, porque no lo necesitamos.

De hecho, probablemente sería la propia gente que os sigue la primera que se sentiría molesta si entraseis en una dinámica de vender vuestra vida…
Espero que sí, de todas maneras, no queremos vender nuestra vida ni nuestra música. No queremos vender música porque sí. De hecho, cuando grabamos ‘Sin ti no soy nada’ pensamos que era una canción demasiado triste para sonar en la radio. Pensamos: nos ha salido muy triste, pero necesitamos hacer una canción que hablase de las relaciones amorosas de esta manera. Era una especie de reacción contra las canciones de amor típicas, ¿sabes? Queríamos explicar en una canción el momento en que te sientes súper mal, que ya no te puedes sentir peor y nos sorprendió mucho el éxito. Intentamos que las canciones sean de verdad, que si tú las escuchas, digas “me podrá gustar más o menos, pero estos tíos escriben de verdad”. Eso es lo único que nos obsesiona.

¿Cómo lo hacéis para componer?
Escribimos los dos juntos, letra y música. Nos juntamos delante de una mesa con un té, con dos guitarras y empezamos a unir, a ensamblar cosas y, cuando nos gusta a los dos, está terminado.

Ahora habéis grabado en Londres, ¿no es así?
Sí. Normalmente grabamos allí. No es por nada ‘snobista’ ni nada de eso. Lo que pasa es que allí tienes más posibilidades de recogerte más dentro de ti mismo, porque hay un tiempo muy gris, llueve, nunca se acaba el invierno… además, tenemos la posibilidad de olvidarnos de nuestros amigos, de la fiesta, de salir…

Sí, pero en este último disco le habéis dedicado una canción a los amigos. Un poco de añoranza desde Londres…
Sí, es verdad, aunque esa canción se empezó a grabar en Santiago de Chile. Queríamos hacer una especie de canción que no fuera nada poética, una reacción antipoética, muy prosaica, como que pareciera escrita rápidamente por un lápiz en cualquier papel…

Como una carta a un amigo.
Exacto. Además, también queríamos algo coral donde saliera mucha gente, como “La Colmena”. Así que salen nuestros colegas, tal y como éramos cuando hacíamos curros normales, cuando estábamos en clase y estábamos en nuestros barrios. Es que, decíamos, “no hay canciones que hablen de esto, ¿por qué todo tiene que ser “muévelo, muévelo”?, pues no”. Era un poco ese rollo. Expresa cuando sientes que tus amigos son tu familia, tu apoyo.

¿No habéis cambiado nada la relación con la gente?
Yo creo que nos hemos vuelto un poco más tímidos, pero en lo demás no nos ha cambiado, creo que seguimos creyendo en las mismas cosas. Igual nos hemos hecho un poco más introvertidos, pero intentamos hacer las mismas cosas. O sea, la gente a veces se sorprende porque nos gusta ir en metro y vamos a los conciertos y la gente dice: “¡pero si este tío sale en la tele!”. Y yo pienso, ya, pero yo soy una persona igual que tú, es decir, me gusta ir al cine, me gusta quedar con una chica para ir al cine y no quiero renunciar a eso, ¿por qué no lo puedo hacer? Yo soy igual que los demás, ¿o acaso soy distinto por salir en la tele? Eso es una tontería. Es una cárcel en la que no queremos entrar y, si tú te empeñas, no entras. ¿Qué puede pasar, que la gente se quiera hacer una fotografía contigo? Pues te la haces y le das las gracias. Ya está.

Y ahora que ya os dedicáis a lo que os gusta y que ya habéis alcanzado una especie de sueño, ¿cuál sería vuestra siguiente meta?
Pues yo creo que la que puede tener mucha gente, ser felices. No sé…

Pero, ¿profesionalmente?
Pues no sé, es que no somos un grupo muy ambicioso. No en el sentido de que no teníamos ambición de conseguir todo lo que hemos conseguido y ha venido, ¿no? Somos ambiciosos en el sentido de que pensamos que tenemos que hacer buenos discos. Que cuando llevemos diez digamos, “¡joder, me encantan! Cada uno fue distinto, pero nos gustan”. Tampoco queremos repetirnos, queremos crecer haciendo música y ser felices, encontrar estabilidad en nuestra vida.

Y ¿cómo se lleva el trabajar con alguien que es tan amigo tuyo? Son muchas horas juntos, ¿no se producen tensiones, fricciones?
No, entre Eva y yo no se producen tensiones, porque tenemos una gran facilidad para llevarnos bien. Es una especie de “mezcla planetaria” increíble.

Te lo decimos porque, mira lo que pasa en otros grupos, que llega un momento que no se pueden ni ver, ¿cómo hacéis para que no os pase eso?
No sé. Nosotros cuando no estamos juntos nos llamamos. Nuestros amigos son comunes y, yo qué sé, no te lo puedo decir. Es que nosotros éramos muy amigos antes de que esto empezara y, luego, desde el primer día que nos conocimos, que yo creo que éramos menores de edad, en Zaragoza, ya nos caímos muy bien. Era como misterioso. No sé… Lo que yo pienso es que conectamos mucho, tanto como escritores de canciones como como músicos. Nos encanta. Creo que somos mucho más que la suma de los dos. ‘Amaral’ es mucho más que Eva y yo. Es algo más que no lo podemos controlar, hay algo en la mezcla de los dos que nos sobrepasa.

¿Y lo de elegir el nombre de ‘Amaral’?
Fue idea mía. Me costó un montón convencer a Eva.

Es que, al principio, mucha gente pensaba que como era el apellido de ella, pues que era una solista
Claro, claro, es que a mí me costó un montón. Estábamos buscando un nombre y yo le decía “tía, a mí tu apellido me gusta mogollón, porque es misterioso y porque es como musical”. Suena muy bien y, si no sabes que hay una tía que se apellida así, parece como un planeta, como una novela de Julio Verne, ¿sabes? Te imaginas un lugar, por ejemplo, “en la isla de Amaral…” Suena raro. Lo que pasa es que ya lo relacionas con la chica. A mí me costó convencerla porque me decía que le sonaba a “señorita Amaral, salga a la pizarra” y tuve que estar un mes insistiendo hasta que cedió. Y creo que es un buen nombre.

Ella está contenta ahora, ¿no?
Pues, si no lo está, yo creo que es demasiado tarde.

¿Y no tenías la espinita de pensar “la conocen más a ella”?
¡Bufff! A mí me encanta, me encantaría que sólo la conocieran a ella. En realidad nos encantaría que no nos conocieran a ninguno de los dos, pero bueno, estamos contentos. No hay problema. La gente suele ser muy respetuosa. Estamos felices.

¿Tenéis algún tipo de política, en el sentido de a qué cantarle?
Nos gusta cantarle a todo. En las canciones se habla de muchas cosas mezcladas, lo que pasa que, a veces, subliminalmente. Hasta ‘Salta’ que es una canción en la que nos propusimos que pareciera escrita por un niño y así balancear un poco el disco, con bastantes canciones dramáticas, tiene veneno dentro. Todas las canciones tienen un doble lenguaje y hay una gran variedad de temas. Yo creo que se le puede hacer una canción a este bar o a vosotras, a dos tías que son periodistas, yo creo que se puede hablar de todo.

Algo que llama la atención de ‘Amaral’ es que le gusta a una gran variedad de gente. Es un grupo que puede ir en el casete de un coche sin que a nadie le disguste.
¿Tú crees? Nos han dicho que llegamos a gente muy distinta, yo creo que es porque hacemos música sin ningún tipo de prejuicios y porque, realmente, tampoco es tan importante. Yo creo que es más importante trabajar en una farmacia que hacer canciones, por ejemplo.

Hombre, el tipo de música condiciona mucho a la gente a la que le vas a gustar, más que las letras.
Pero nosotros tocamos lo primero que nos sale. Sí, te puedo decir que tenemos una colección de discos que flipas, que escuchamos mucha música y nos encanta. Música de todos los estilos. Nos gusta todo entonces tocamos lo primero que nos suena bien y grabamos aquello que merece la pena grabar. Sea duro, blando, suave, rápido, lento. No queremos tampoco definirnos, hacemos lo que nos sale. Además, creo que Eva tiene muchísima personalidad cantando y tenemos un sonidillo en las guitarras que se nota. Eva canta increíble, una pasada, yo todavía flipo.

¿Qué diferencia habría del primer disco al último?
Yo creo que hemos evolucionado de una forma lógica, pero yo creo que eso es mejor que lo digáis vosotros, que sois los medios de comunicación, ¿no? Imagino que hemos evolucionado en cuanto que nos hemos abierto a ritmos distintos, hemos ido definiendo cada vez más nuestro sonido en los discos, pero es que, si lo piensas, son sólo cuatro discos. Bob Dylan o REM, que llevan treinta años…

Pero es que ahora se os ve con más fuerza en las canciones, que son más intensas. El grupo ‘The Corrs’ comentaba que les pasó esto al grabar su segundo disco y que era fruto de las giras y el contacto con el público en los conciertos en directo, ¿puede ser que os haya pasado a vosotros lo mismo?
Puede ser, nunca había pensado en eso, pero es una manera de verlo. De todas maneras, no trazamos un plan, somos muy impulsivos haciendo canciones.

¿Qué le dirías tú a la gente que se quiere dedicar ahora a la música? Sobre todo, teniendo en cuenta el momento en el que vivimos, con la piratería, Internet… ¿vale la pena intentar vivir exclusivamente de la música?
Es que es muy difícil, porque como yo nunca me planteé vivir de la música. Yo veo el asunto muy complicado, pero siempre lo ha estado. Cuando no eres hijo de famoso y eres un chaval de un barrio que se quiere dedicar a la música siempre es difícil. A nosotros no nos fue fácil, pero también hay que tener en cuenta que la música no puedes dejar de hacerla, es decir, si yo trabajara en un bar o de arqueólogo, seguiría tocando. La piratería y todo eso son cosas de la industria.

¿Qué opinas con respecto a la piratería?
Pues que es una forma de esclavitud como otra cualquiera.

Ya, pero no sólo nos referimos al “top manta”, también a Internet, porque tú comprenderás que es bastante lógico que, si a una persona sólo le gusta una canción determinada de un grupo, o le gusta un grupo pero no lo suficiente para pagar 17 euros por su disco, opte por bajársela de Internet… ¿cómo se podría parar?
Mmmm, no tengo ni idea. (risas). ¿Tú sabes lo difícil que es regular eso? Eso es una cosa de compañías de discos y de políticos y nosotros pasamos de todo eso. Nosotros hacemos canciones, las grabamos, las tocamos en directo, el que quiere viene a vernos y el que no, no. Intentamos ser felices y ya está. A mí lo que me pone triste es que tengan a gente condenada a esa actividad, sin tener un puesto de trabajo digno.
 

 

Biografía de AMARAL


 

Comenzaron como Eva y Juan, dos músicos de Zaragoza que conquistaban a sus paisanos con letras cuidadas, guitarras potentes, una voz cautivadora y un directo impresionante. Tres discos y varios años después, Amaral se ha convertido en uno de los grupos con más éxito en España.

Eva Amaral y Juan Aguirre se conocieron a principios de los 90, en un pequeño estudio de grabación de Zaragoza donde coincidían jóvenes que empezaban en el mundo de la música. Por aquel entonces, Eva estudiaba arte y tocaba la batería en una banda de rock, mientras que Juan era guitarrista en el grupo Días de vino y rosas.

Ambos bebían de las mismas fuentes musicales, así que no tardaron en plantearse la posibilidad de colaborar en un proyecto juntos. Tomaron como nombre el apellido de Eva, Amaral, y bajo esa denominación intentaron hacer una música que mezclara todos los estilos que les gustaban, desde el rock a la psicodelia. Su música quedó pronto definida por la voz expresiva de Eva –que se lanzó como cantante y compositora- y las guitarras con carácter de Juan.

A base de actuaciones en pequeñas salas e incluso hacer de teloneros para artistas como Willy Deville, Amaral se ganó un grupo de seguidores fieles en Zaragoza. Conquistada ya su tierra natal, Eva y Juan decidieron llevar sus conciertos acústicos a otros puntos de España. En Madrid empezaron con actuaciones esporádicas, y en 1997 se trasladaron definitivamente allí.

A partir de entonces todo cambió. Poco después, Amaral logró firmar un contrato con Virgin y grabar su primer disco: "Amaral", que contó con colaboraciones de lujo como la de Álvaro Urquijo, de los Secretos.

Con un disco ya en la calle, Eva y Juan decidieron reunir una banda de músicos y potenciar sus directos, iniciando una gira -esta vez eléctrica- por toda España. Sus conciertos cautivaron a público y crítica, y el nombre de Amaral empezó a ser popular.

El trampolín definitivo llegó con su segundo trabajo, "Una pequeña parte del mundo". El álbum contó con un productor de prestigio: Cameron Jenkins (ingeniero de los Rolling Stones o George Michael), que había conocido a Eva tiempo atrás, en la grabación de unas colaboraciones con Bunbury, y desde entonces deseaba trabajar con ella.

El éxito alcanzado por este segundo álbum permitió a Amaral grabar con más medios el tercero, "Estrella de mar", que volvió a ser producido por Jenkins. El nuevo trabajo no tardó en situarse entre los más vendidos, y en sólo cuatro meses consiguió su primer disco de platino gracias a temas como "Sin ti no soy nada" o "Toda la noche en la calle".

Los buenos resultados de "Estrella de mar" facilitaron el lanzamiento de Amaral a nivel internacional, con versiones de sus éxitos en inglés, francés o italiano. En poco tiempo, el grupo pasó a ser una de las formaciones con más exito en España, logrando premios tan destacados como el MTV al mejor grupo español en el 2002 o cinco Premios de la Música en el 2003, entre ellos mejor artista revelación y mejor álbum de pop.

Ahora Amaral saca nuevo disco al mercado, "Pájaros en la cabeza". Un álbum grabado en Londres que se convierte en el cuarto de la carrera musical del grupo. El primer single, "El universo sobre mí", ya está sonando en todas las radios.
 

 

 

Discografía


Pájaros en la cabeza (2005)


Estrella de Mar (2002)


Una pequeña parte del mundo (2000)


Amaral (1998)

 

 

 

Curiosidades


Han sido teloneros de lujo de Lenny Kravitz. Él mismo les escogió para abrir su concierto del 2002 en Badalona (Barcelona).

Y fue el propio Kravitz quien les entregó su primer disco de platino por las ventas de "Estrella de mar".

Con motivo de la catástrofe del Prestige, Amaral compuso la canción "Rosa de paz", que se incluyó en un disco recopilatorio destinado a reunir fondos para paliar la tragedia.

Eva debutó en el cine como protagonista del corto "Flores para Maika", una historia de denuncia contra los malos tratos a mujeres.

 

 

 

Lo que han dicho


Queremos destruir el tópico de que uno se encarga de las letras y otro de los sonidos. Componiendo somos absolutamente intercambiables.

No sé hasta qué punto la música es un método para eliminar fronteras, pero estaría bien pensar que contribuye a derribarlas un poco.

El éxito es poder hacer la música que nos gusta sin imposiciones.

En cierto modo, dedicarse a la música es un estilo de vida. Es una forma de dar al público emociones tuyas y recibirlas al mismo tiempo.

No nos gusta la competitividad:
el mundo es lo suficientemente competitivo como para que la música también deba serlo.