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CIAO
BELLO
El ciclista italiano Mario
Cipollini se retira tras 17 temporadas
en activo
A pocos días del comienzo del Giro de
Italia, el pelotón internacional ha conocido que Mario Cipollini, Il Bello,
se retira a los 38 años de edad. Un comunicado de su actual equipo, el
Liquigas-Bianchi, anunció el punto y final de la carrera de uno de los
ciclistas más grandes de la historia. Supermario lo deja con 189
victorias en sus piernas, un oro en el Mundial de Zolder, 12 etapas ganadas en
el Tour de Francia y 42 en el Giro. Esta última cifra ostenta el actual récord
de la ronda italiana, superando en una las del mítico Alfredo Binda.
“Anunciar mi retirada a pocos días antes
de comenzar el Giro ha sido una decisión dura, pero honrada. Hubiera querido
presentarme en la salida de esta carrera, buscar una victoria más...Pero, para
un viejecito como yo, era más importante saber elegir el momento de dejarlo”.
De esta manera, con 38 años y 189 victorias, Mario Cipollini anunciaba su adiós
a las carreteras. Siempre ha sido un personaje especial este Mario. El ciclismo
pierde a un hombre carismático, excéntrico como pocos. Sus llamativos maillots
han llamado la atención desde 1989, año en el que apareció en el ciclismo
profesional este veloz y astuto toscano.
Tanto es así que fue multado en numerosas ocasiones por vestir modelitos
antirreglamentarios. Dejando a un lado su carácter un tanto, digamos, rarito,
su velocidad encima de una bicicleta le consagró como uno de los mejores, si no
el mejor, sprinter de la historia. El italiano ostenta en récord de la
etapa más rápida del Tour. Fue en 1999, en la etapa Laval-Blois rodando a unos
mareantes 50,355
kilómetros por hora. Era un corredor que sabía cuál era
su rol en rondas como el Tour de Francia. Se erigía como protagonista la
primera semana, o lo que es lo mismo, los días que eran la antesala a las
grandes etapas de montaña, las etapas llanas. En estas etapas era un auténtico killer. No era un ciclista con unas características
propicias para la montaña, véase Pantani, El Chava Jiménez o
Richard Virenque. Él sabía que su terreno era el llano, en donde en los últimos
metros podía hasta humillar al contrario. Fue un auténtico dictador. ¡Qué
bellos duelos nos han brindado Mario Cipollini y Eric Zabel! Recuerdo con cierta
nostalgia, para qué engañar, las tertulias en la barra del bar de un pueblo de la Mancha toledana. Todos
apoyaban al sprinter alemán. Todos, excepto los dos que siempre llevaban
la contraria: un amigo y yo. ¿Polémicos? No niego que otras veces lo hacíamos
para dar esa nota que siempre es necesaria, pero en esa ocasión teníamos
fundamentos (aparte de ser un fijo en mis equipos del MARCA). Zabel tenía
siempre a un equipo atrás que le ponía las llegadas, como se suele decir, a
huevo, pero Mario estaba sólo. Un ejemplo, si las cuentas no me fallan, fue en
los Tours de 1997 y 1998. El italiano estaba en las filas del Saeco y la imagen
fue similar. Quedan pocos metros para la meta, los rivales se levantan sobre
las bicis, comienzan a sprintar. Cipollini se levanta el último, parece que ya
no tiene opciones pero se mete por un imposible hueco entre los espectadores y
el corredor oponente y finalmente es el que se subió al cajón, con esas dos
niñas que dan flores y un leoncito (¡eso sí que le gustaba al tunante!). Son
imágenes que los aficionados al ciclismo tendremos siempre en nuestra retina
para adoctrinar a las nuevas generaciones. Polifacético, excéntrico, polémico y
ganador. Un cóctel maravilloso que ha decidido colgar la bicicleta. Hoy hay
corredores como Alessandro Petacchi que parecen ser el relevo de Cipollini. Sin
embargo, para mi amigo y para mí, siempre nos quedará Mario. Ciao Bello.
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