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Borja Pérez Rodríguez
 


 

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LA SEGUNDA MEJOR MARCA DE LOS 1.500 DARÁ UN IMPULSO AL MEDIOFONDO AMERICANO

Lagat cambia de nacionalidad y competirá por EE.UU.

No podrá participar en los mundiales de Helsinki por las normas de la IAAF


El caso del cambio de nacionalidad de Lagat no es único en este año, ni tan siquiera, es un caso aislado del atletismo. La polémica sobre estos cambios movidos por intereses “deportivos” ha sido objeto de debate en la ACB durante esta semana. Ya son siete jugadores los que cambian su pasaporte tras pasar por el altar. La conclusión es la misma en todos los deportes y el método muy parecido en todos los casos, si consideramos el vacío legal que todas las federaciones deportivas (nacionales e internacionales) poseen cuando hablamos de la nacionalización.

La mayor diferencia de Lagat con respecto a otros atletas keniatas, que ya han dejado de serlo, es que su traspaso tiene como protagonista principal a la todopoderosa EEUU, una auténtica superpotencia en el mundo del atletismo, cuyo mediofondo es un desierto que el keniata, o ya exkeniata, Bernard Lagat se encargaría de convertir en un vergel, y de qué manera, el mediofondista es una estrella ­–sólo eclipsada por la figura imperial de El Guerrouj– que cuenta con la segunda mejor marca de todos los tiempos (3:26.34) y un palmarés que rezuma medallas: tercero en los JJOO de Sydney 2000, segundo en Atenas 2004 y en los mundiales de Edmonton 2001. Con ese bagaje, EEUU superaría la laguna histórica que tiene el país en los 1.500 o 3.000 metros, disciplinas que desde 1985, no tiene un representante con opciones de medallas en las competiciones internacionales.

Desde luego las nacionalizaciones no son un fenómeno reciente, muchos atletas han cambiado la bandera de su camiseta a lo largo de la historia de los JJOO, pero siempre tenían una razón en la que había condicionantes de todo tipo, desde escapar de un país con una dictadura asfixiante, hasta un cambio de nacionalidad por motivos raciales. Ahora los motivos no obedecen a circunstancias en los que su vida esté en peligro. Más bien todas las razones tienen que ver con una sustancial mejora económica, unida a una sustancial mejora deportiva del país de adopción. El ejemplo más claro podría ser la construcción de una potencia mundial en atletismo como Qatar, país sin ninguna tradición atlética, pero con dinero procedente del petróleo para repartir entre sus atletas. Así, los mediofondistas más importante de Kenia han tenido que cambiar de país, de residencia y de renta. Stephen Cherono, sin ir más lejos, el plusmarquista mundial de los 3.000 metros obstáculos ahora goza de un sueldo vitalicio de 1.000 dólares. Las prebendas también han alcanzado a su país de origen, ya que Kenia, gracias al traspaso de corredores ahora goza de una pista sintética construida por Qatar. Quizás y, aunque las razones que esgrimen unos y otros no sean realmente muy éticas, habría que tener en cuenta que todos en apariencia salen ganando, sin embargo, nada sirve para evitar pensar en que los deportistas se están convirtiendo en meras monedas de trueque entre países. Más aún, si tenemos en cuenta que EEUU no va a dar ninguna compensación a Kenia por el escape de Lagat. Estamos hablando de la potencia económica del mundo y de uno de los países más pobres de África. El mediofondista, por su parte, tiene claro que su decisión obedece a una mejora en su vida, quizás no en lo deportivo, porque sus resultados no dependen la camiseta que vista sino de la rapidez de sus piernas: “A los 30 debo mirar por mi futuro porque mi carrera se encuentra en la recta final”. No ha debido ser una decisión fácil para él, si se considera que Lagat tendrá que renunciar a la participación en el Mundial de Helsenki. La IAAF tiene como norma que un atleta no puede competir con su nuevo país hasta que hayan pasado tres años desde la última vez que vistió la camiseta de su país de origen en alguna competición internacional (la duración de esta cláusula se reduce a un solo año si las dos naciones llegan a un acuerdo). De hecho, el Consejo de la Federación internacional ha recomendado a la Asamblea que se cambie la ley con el fin de que los tres años de rigor sean desde que se cambia la nacionalidad y no desde que se compite por última vez. El objeto de esta restricción es clara, evitar la fuga de atletas de los países del tercer Mundo a las naciones con dinero para gastar. Si desde hace un tiempo se habla de la “fuga de cerebros” ahora se puede empezar a pensar en una nueva modalidad: el trueque de atletas.

¿Matrimonios de conveniencia?
La liga ACB también está observando casos extraños de cambios de nacionalidad, si hace años el deporte mundial cambio a partir de la sentencia Bosman, ahora en el baloncesto la diferencia entre europeos y, los denominados, europeos de tipo B (países que todavía no forman parte de la Unión Europea, pero cuya entrada en la organización es muy probable) se basa en que los primeros no tienen límite para formar parte de una plantilla y que los segundos son considerados como extranjeros, es decir, existe una restricción para el número de ellos en cada conjunto. Por esa razón, los equipos buscan métodos para que sus plantillas puedan incorporar a un nuevo extranjero y, al mismo tiempo, seguir con las que ya contaban. La opción más fácil es la nacionalización vía matrimonio civil. Lo que hace que Liga de Baloncesto se esté pareciendo cada vez más a “Matrimonio de Conveniencia”, la película de Andie McDowell y Gerard Depardieu. Ya son siete casos, jugadores que encuentran fulgurantemente el amor y se casan al mes y medio. El octavo “asimilado” (como se los denomina jurídicamente) ya está en marcha: Rashard Griffith se casará la semana que viene y, casi inmediatamente, dejará de ocupar su plaza de extranjero, por lo que el Unelco Tenerife podrá fichar a un nuevo jugador. La caza de los “solteros de oro” de la ACB ha comenzado, así que habrá que preparar lista de bodas para los extranjeros más cotizados como Igor Rakocevic, Quincy Lewis o Billy Keys. Sobre lo que opinen sus respectivas novias de sus enlaces con esposas de quita y pon no se sabe nada, pero lo que no queda duda es que los deportistas, que no los futbolistas, están cada vez más en manos de los directivos. En la salud y en la enfermedad.
 

 

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