Entre todos tenemos que bajar la media

0
137

Entre todos tenemos que bajar la media de edad de los aficionados al arte. Alguien dirá que para entrar a un museo antes hay otras mil cosas que hacer y no se equivoca. Pero cuando una mañana de domingo, de un otoño revelado en tonos tostados, una se decide finalmente a entrar y ve los rostros expuestos de los visitantes que denotan la misma edad que nuestra esperanza de vida, también se pregunta si no hubiera sido mejor traerse el disfraz para no cantar tanto.
Si encima hablamos del susodicho lugar como una fundación que hasta el más gato de los gatos puede desconocer en Madrid, la curiosidad está servida. ¿Cómo es que la mayoría de las guías de ocio y culturales obvian el palacete de José Lázaro Galdiano, uno de los grandes coleccionistas de España de finales del siglo XIX y comienzos del XX? Habría que ver a la baronesa Thyssen pujando entonces por un trapito medieval o sacando del estercolero a un marmóreo Cristo atado a la columna.

Pues en esa esquina que dibujan las calles Serrano y María de Molina, curiosos y curiosas tienen dónde elegir: armas, cerámica, joyas, monedas, cerámicas, armas,… A destacar: la colección de relojes de mano por su belleza (de dimensión) minúscula, la pintura inglesa del XVII al XIX cuya presencia tanto escasea en España y ejemplares de ediciones únicas de libros.

Cuenta el guía –visita gratuita ese día a las 11:15, merece la pena- que el navarro Lázaro Galdiano tenía un gusto especial por escoger sus adquisiciones y que, al regresar de sus viajes, si la obra del futuro museo no había respetado sus preferencias, mandaba construirla de nuevo. El tercer arquitecto lo acabó sólo por orgullo, desesperado ante semejante perfeccionismo.

El hombre, que con voz serena es pura biblioteca andante –“voluntario cultural”, según su tarjeta de presentación-, sentencia: “Lo más bonito es conocer la historia que hay detrás de cada cuadro”. Así, la media de edad no influye para conocer el contexto histórico, social y cultural de una España tan convulsa como entretenida. Subamos, pues, el nivel de nuestro conocimiento sin tener en cuenta la edad: subir o bajar en el ascensor auténtico de la época es apto para todos los públicos. Y bien recomendado, por cierto.

Fuentes de las imágenes:
Reloj del siglo XIX, de Bonet
http://www.flg.es/ficha.asp?ID=4129

Dejar respuesta