Ensoñaciones de fondo abierto

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En la época de Napoleón, Turín vivía a la sombra del siglo de las luces pero no tenía las suyas propias. Tampoco las encendió cuando fue devuelta a la casa de Saboya en el congreso de Viena de 1815 y se convirtió en el centro político e intelectual del Risorgimento italiano. Capital efímera del reino que acababa de crearse en 1861, la ciudad dejó los juegos de luces para más adelante porque antes tocaba industrializarse y pensar por sí misma.
Como no se entiende Italia sin el arte, este rincón del Piamonte no esconde su legado renacentista y, si bien es cierto que volvió a despegar en 2006 gracias a la celebración de los Juegos de Invierno, la idea de iluminar plazas, calles y monumentos con chorros de arte tiene su historia.

En 1998 nacía “Luce di artista”, dentro del proyecto del “museo all’aperto”, que reivindica la fuerza fantástica de las luces en un medio invernal poco proclive a los escotes. La undécima edición nos dejó baños lumínicos al aire libre en mitad de la nieve y volverá a repetirse la próxima Navidad cada vez que el visitante descubra por arte de magia las instalaciones que hablan su mismo idioma.

En el mercado de Porta Palazzo, por ejemplo, Michelangelo Pistoletto colocó mensajes para “amare le differenze” en multitud de lenguas y representar así a las personas de etnias, religiones y culturas muy diferentes que viven hoy en día en el barrio. Se trata de uno de los representantes del “arte povera”, movimiento defendido por la Escuela de Turín a principios de los años 70 que utilizaba materiales “pobres” como la madera, la arcilla o los desechos orgánicos.

Una artista más joven, Enrica Borghi, empezó su carrera ironizando sobre el prototipo consumista de la belleza femenina y se pasó a las instalaciones de ideología ecologista. En esta ocasión mostró “auténticas” bolas de nieve que competían con el palomar que Giulio Paolini levantó sobre la céntrica calle del Po. Y en medio de este inquietante firmamento se hallaba un funambulista que no debía sentir la amenaza de los ovnis instalados en el Monte de los Capuchinos. Precisamente allí, en la otra orilla del río Po, la iglesia de Santa María había sido rodeada por los aros azules de Rebecca Horn, que parecían romper la armonía de este paraje sacro.

De vuelta al casco antiguo, el “reino de las flores”, de Nicola de Maria. La bellissima piazza San Carlo, del siglo XVI, se encontraba coronada por nidos multicolores que las farolas acercaban a mujeres y hombres turineses.

Y, entre tanta evocación a las estrellas, llegaron los astros a la tierra y los números volaron al cielo. Al menos, eso es lo que quisieron reflejar Mario Airò con su trabajo “Cosmometrie” y Mario Merz, creador de “I voli dei numeri”. El primero decora en verdad el pórtico de la Piazza Castello frente al Teatro Real con signos proyectados sobre el suelo que liberan literatura, cine e historia del arte. Mientras, el segundo se hace eco de la serie matemática de Fibonacci (1170-1250). Sobre la cúpula de la Mole Antonelliana, cada cifra de neón rojo que asciende en fila india es la suma de las dos anteriores.

Siguiendo el trayecto improvisado por las calles de la ciudad, lo onírico supera al frío verídico de la noche y una parada bajo la alfombra voladora que los italianos llaman “tappeto volante” puede calentar el ánimo, pero no los dedos de los pies. La red de Daniel Buren se compone de cables de acero de los que cuelgan cubos rojos, blancos y azules. De esta forma y no otra, pateando desde la plaza del palacio de la ciudad o llegando a la misma, el viandante recordará haber visto fachadas resplandecientes, serenas y cargadas de significado. Es la noche de Turín, que no engaña.

Fuentes del texto:
Contemporary Arts Torino Piemonte
http://www.contemporary
torinopiemonte.it/

Fuentes de las imágenes (por orden):
Ayuntamiento de Turín (Italia)
http://www.comune.torino.it/
artecultura/luciartista/

Michelangelo Pistoletto – Amare le differenze
Enrica Borghi – Palle di neve
Giulio Paolini – Palomar
Rebecca Horn – Piccoli spiriti blu
Nicola de Maria – Regno dei fiori, nido cosmico di tutte le anime
Mario Airò – Cosmometrie
Mario Merz – I voli dei numeri
Daniel Buren – Tappeto volante

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