‘Ensayo sobre la ceguera’, el Saramago más esencial

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¿Cómo te imaginas el mundo, tu vida, si perdieras la vista? Aún más allá, ¿cómo sería la existencia si esto se convirtiera en una epidemia?

Caos. Tremendo y absoluto caos. Ensayo sobre la ceguera es una novela ensayística que plasma de una manera sublime la angustia y el desconcierto que cualquier persona sentiría al no poder ver nada de lo que pasa a su alrededor, a merced de la compasión humana. En un mundo de ciegos, todo se rige por las sensaciones y por las intuiciones, pero sobre todo, por la lucidez que se demuestre.

En esta historia todos los que pierden la vista o, mejor dicho, todos los que se contagian de la ceguera blanca, son trasladados a un verdadero campo de concentración para esperar su fin: una vez más en nuestra historia, se lleva la ignorancia por bandera. Ningún personaje es identificado con su nombre, lo que también ocurre en el libro de El club de la lucha, del norteamericano Chuck Palahniuk. En cierta manera, es un recurso muy sabio para despojar a dichos personajes de su identidad personal y mostrarles como uno solo, teniendo, en este caso, el denominador común más cruel: la ceguera. Ante este escenario, parece tener una posición privilegiada la mujer del médico, la única que es inmune a la afección. Pero no. Ese poder que le ha sido concedido conlleva unas serias responsabilidades, responsabilidades que ella tendrá que asumir en secreto y que le harán comprobar la barbarie humana y, a su vez, los límites de la bondad.

El estilo literario por excelencia del Premio Nobel de Literatura —citas breves, directas y sin diferenciación entre la narración y el diálogo— logra que el lector sea capaz de empatizar con el vaticinio de una realidad incipiente. El propio Saramago rompe con las reglas de nuestra lengua y le da un valor artístico a su narrativa muy diferente al que estamos acostumbrados. El texto parece estar mal escrito, sin respetar las convenciones acerca de los signos de puntuación y las pausas. («Y  la  gente,  cómo  va,  preguntó  la  chica  de  las gafas oscuras, Van como fantasmas, ser fantasma debe de ser algo así, tener la certeza de que la vida existe, porque cuatro sentidos nos lo dicen, y no poder verla.») Es cierto que por el carácter crítico del autor nos hace caer en un pesimismo y en una desconfianza en el ser humano muy agudos; sin embargo, es de suma importancia recordar que ese limbo al que nos envía no es sino una representación de lo que vivimos hoy en día.

Todos estamos ciegos, no físicamente hablando, sino ciegos mental y moralmente. La mujer del médico tiene la oportunidad de ver, de ver la realidad que todos tenemos delante pero que nadie consigue apreciar. Este libro no trata de política o de teorías sociopolíticas. El fondo va más allá, traspasa lo meramente social y aterriza, sin ese miedo que a todos nos ciega, en la humanidad. Y esto solo es posible gracias a la experiencia imaginativa que nos propone Saramago, una experiencia que la gran mayoría, en mayor o menor medida, tendrá grabada en su retina para siempre.

Fotograma de ‘A ciegas’ (2008), adaptación cinematográfica de ‘Ensayo sobre la ceguera’.

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