Engaño low-cost: La inevitable caída de las aerolíneas baratas

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Compañías aéreas de bajo coste como Ryanair siguen pisando fuerte el asfalto de pistas de aterrizaje en todo el mundo. Pero, ¿qué ventajas ofrecen frente a sus grandes competidoras? ¿Qué consecuencias tiene el ‘low-cost’ y cómo afecta realmente a sus viajeros? Premios, estudios e incluso documentales dan a entrever la realidad de las aerolíneas que se jactan de tener los precios más bajos, pero ¿a qué coste?

Foto 1

Más de 45 millones de pasajeros pasan cada año por el aeropuerto de Madrid-Barajas y se dirigen a uno de sus numerosos mostradores, morada de un total de 76 compañías aéreas. Varias de estas aerolíneas son de gran prestigio como es el caso de Emirates y Qatar Airways, ubicadas en la Terminal 4 y nombradas respectivamente la primera y segunda mejor del mundo en los World Airline Awards 2013. Situadas modestamente a su lado y sin poseer tal reconocimiento internacional se encuentran las compañías más contratadas y conocidas por la población española. Algunos de sus nombres son Iberia, Air Europa y, cómo no, también quedan incluidas las infinitamente polémicas de bajo coste como Ryanair.

A principios de año la agencia de viajes online Travelgenio publicaba en su II Estudio de Satisfacción y Tendencias que Ryanair es la aerolínea más solicitada por los viajeros españoles. Una vez asimilado este testimonio y tras finalizar recientemente la época navideña con un total de casi 65.000 vuelos en aeropuertos del país cabe plantearse los motivos, a día de hoy, del éxito de las compañías low-cost. La continua batalla entre el presupuesto de empresas y la de consumidores podría acabar con la desaparición de las aerolíneas baratas por las duras condiciones que estas imponen o, en cambio, podría simplemente suponer el primer paso hacia la evolución del “alto coste” generalizado.

VIAJAR BARATO, VIAJAR DIFERENTE

Son las 16:45h en el aeropuerto de Madrid-Barajas el día 21 de diciembre 2013 y, a pesar de no haber un avión al que subirse, ya hay decenas de personas haciendo cola en la puerta C36 de la Terminal 1. Algunas están sentadas en el suelo acompañadas de sus maletas, otras se encuentran de pie entretenidas con sus teléfonos móviles. A pesar de variar sus posturas lo que sí tienen en común todas ellas es que se encuentran aguardando la llegada del Boeing 737-800 que les llevará en unas horas al aeropuerto de Gran Canaria. El vuelo es el FR 2021 de Ryanair y su hora de salida está prevista para las 18:00h por lo que muchos pasajeros llevan más de una hora guardando sitio en la creciente cola.

Foto 2“Mamá, ¿cuánto tiempo llevamos aquí?” preguntaba un niño a las 18:15h ya a bordo del avión que no despegaría hasta pasados otros quince minutos. Esta es una situación y pregunta que se repiten constantemente en las aeronaves de todo el mundo, pero hay tesituras que se convierten en tristes realidades para aquellos que deciden viajar low-cost. El coste real a pagar por parte de los viajeros, entre otras cosas, se reduce a largas esperas para asegurar un buen asiento (si no se ha reservado previamente con su correspondiente desembolso adicional), asegurándose con ello el poder mantener el equipaje de mano en cabina puesto que los últimos pasajeros se verán en muchas ocasiones forzosamente obligados a bajar sus pertenencias a la bodega. Entonces, si no es por comodidad ni servicio, ¿por qué escoger una compañía low-cost?

Según los ya citados World Airline Awards la mejor aerolínea de bajo coste en Europa es Norwegian, seguido por EasyJet. Ryanair no aparece en el listado y directamente no parece merecerse mención alguna en el ranking internacional. Esto no parece pillar por sorpresa tras la continua mala prensa que tiene la compañía, recientemente multada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid con 220.000 euros por infracciones en materia de consumo, concretamente por condiciones abusivas en su página Web.

El motivo por el cual Ryanair sigue en el aire se reduce, igual que sus sanciones, a lo económico. Tanto es así que mantienen a sus clientes únicamente por los bajos precios que anuncian. Hace unos años se pudo saber un poco más sobre la compañía cuando algunos de sus trabajadores y pilotos fueron grabados con cámara oculta para el documental “Ryanair: La cara oculta del low-cost” de Dispatches, un programa del canal británico Channel 4. En él se daba a entrever la política tras la empresa y cómo se reduce en derechos y seguridad de los pasajeros a la vez que se hace en el precio que estos pagan. En dicho largometraje una azafata, momentos antes del despegue y tras no haber comprobado que el interior de la cabina cumplía con la normativa de seguridad, decía sencillamente: “Si pagas un penique por tu billete no esperes encontrar un chaleco salvavidas bajo tu asiento”. Asimismo y de forma más reciente, a consecuencia de otro programa de Dispatches tratando el tema de los aterrizajes de emergencia por falta de combustible, un piloto veterano de la compañía fue despedido por poner públicamente en duda la seguridad de Ryanair.

LA REALIDAD EN CIFRAS

Pero, a la hora de la verdad, queda demostrado que el bajo coste no es tan bajo como se ha hecho creer a los clientes. Para la elaboración de este reportaje se ha hecho un estudio comparativo de tres aerolíneas y sus respectivos precios para volar el 29 de diciembre 2013 en el trayecto de ida Madrid – Gran Canaria, con consultas diarias más de una semana antes de la salida del vuelo. Con datos de Ryanair, Iberia y Air Europa obtenidos de sus páginas Web oficiales los resultados son los siguientes:

Foto 3Una de las grandes características de las compañías low-cost es la ausencia de equipaje facturado en el precio inicial que se ofrece, por lo que es necesario continuar la reserva hasta el último paso para conocer cuál es realmente el precio a abonar por el viaje. Para igualar únicamente en condiciones de asiento reservado y equipaje facturado la empresa irlandesa, representada en la tabla por “Ryanair – II”, iguala o supera en precio a una de sus grandes competidoras en España, Air Europa.

EL VIAJERO DESCONTENTO

Según una encuesta realizada exclusivamente para este reportaje y completada por un número reducido de viajeros que se desplazaron en avión en el mes de diciembre, el 97% de ellos afirmó que Ryanair (en comparación con Iberia y Air Europa) es la que ofrece los precios más bajos. Tanto es así que casi la mitad de todos ellos escogieron viajar con dicha compañía el pasado mes aunque un elevado 59% respondió que pagaron entre 50 y 100 euros únicamente por su billete de ida. El límite a la hora de determinar si un vuelo es caro o barato no parece estar muy claro aunque el 74% de todos los encuestados contesto que “no” ante la pregunta “¿cree que el precio que pagó por su vuelo es justo?”. 

Foto 4Parece ser que la escasa cantidad que un pasajero ahorra en su billete low-cost corresponde proporcionalmente a la comodidad y la sensación de seguridad que sentirá este durante el vuelo. Aunque compañías como Ryanair sean muy populares la brecha económica frente a sus competidoras se hace cada vez más pequeña, algo que comenzará a reflejarse en el cambio de preferencia de aerolínea por parte de los que más se desplazan en el aire. En el estudio anterior se pidió a los encuestados que valorasen numéricamente del 1 al 10 a la empresa de bajo coste y un total del 37% la dio por suspendida, un 17% correspondiendo a la calificación de un 1.

No hay duda de que las aerolíneas de bajo coste han supuesto una revolución en los precios, obligando a las demás compañías a adaptarse a un mercado cada vez más competitivo. Pero la realidad tras el tradicional concepto de “low-cost” es una que produce multitud de inconvenientes y preocupaciones al pasajero que, resignándose a lo que cree un precio más barato, deja de considerar otras muchas aerolíneas que quizás no posean precios tan inalcanzables.

Los cambios de política que se han producido recientemente en Ryanair, como la posibilidad de llevar dos piezas de equipaje de mano en vez de uno, llevan a interpretar la suavización de sus exigencias como un acercamiento hacia las aerolíneas convencionales. Puede que no termine en su cierre como empresa pero sí con su caída low-cost. El engaño del bajo coste podría, inevitablemente y por su propio peso, llegar a su fin.