En ningún sitio como en casa

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Hay vida más allá de los ecos del exitoso reencuentro de Héroes del Silencio el pasado año. Bunbury, un animal cada vez más acostumbrado a vivir en solitario y en libertad, lo sabe mejor que nadie y no ha dado tregua al tiempo.

Hellville de luxe es el nombre de su nueva creación en honor a su casa del Puerto de Santamaría, que le ha acogido en los últimos tiempos y le ha servido como santuario creativo por el que han peregrinado de forma continuada sus nuevos músicos, aquellos que vienen a ocupar el lugar del extinto Huracán ambulante.

Sangre nueva para ideas nuevas, las que Bunbury ha tenido en el proceso de grabación, en el que la banda desconocía las canciones hasta el último momento. Un secretismo del que han formado parte también sus seguidores, que de repente se han encontrado en sus manos con el disco más rockero del zaragozano desde que lucha en la guerra musical por su lado. Once canciones con todo tipo de influencias y en las que la guitarra ha cobrado un mayor protagonismo mimetizándose con instrumentos de todo tipo desde el violoncello a la mandolina, en honor a la música sureña.

El paso del tiempo se convierte en el actor principal de la reflexión vital de un Bunbury cada vez más maduro. Canciones como “Porque las cosas cambian” o “Todos lo haremos mejor en el futuro” así lo demuestran.

Sin embargo, esta visión no altera algunas de las señas de identidad que le han acompañado durante toda su carrera como la angustia y la reivindicación personal, ese afán por hacerse ver como alguien único que se aprecia en el primer tema “El hombre delgado de que no flaqueará jamás” -cuestionado por varias acusaciones de plagio- al que el videoclip, una road movie con un estilo a caballo entre los años 70 y los 80, dota de un atractivo especial.

El toque potente, fruto de esa mayor presencia de la guitarra eléctrica, lo dan “Bujías para el amor” y “Hay muy poca gente”, single que cada vez suena con más asiduidad en las radios de todo el país.

A su asociación con Nacho Vegas en “El tiempo de las cerezas” recuerdan “Doscientos huesos y un collar de calaveras” y “El porqué de tus silencios”, mientras que “Canción cruel” -en la que ataca con dureza a los críticos musicales- y “Aquí”, el tema que cierra el disco, saben a la América profunda, la primera con algunos pasajes que recuerdan al sonido con el que en nuestros días se identifica a la Edad Media, lo que la convierte en una pequeña joya casi única.

Fuentes de las imágenes: Cuchara sónica.

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