En el nombre de la Xunta

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La polémica surgida en torno a la llamada “Normalización del lenguaje” en las comunidades donde coexisten con el castellano otros idiomas con garantías constitucionales, no ha hecho más que empezar. De él se derivan diferentes vertientes y problemáticas nada fáciles de solucionar por parte de las admnistraciones que, lejos de escuchar la voces de los ciudadanos, deciden acallarlas con las leyes en la mano.
Es el caso de San Ciprián, un pequeño pueblo de Galicia perteneciente al Concejo de Cervo, de algo más de 2.700 habitantes, que desde 1990 se encuentra sumergido en una densa lucha por recuperar, según dicen, algo que solo pertenece a los vecinos: el nombre del pueblo.

Y esque, una ley de normalización aprobada en 1983, obligó a sustituir todos los topónimos de origen castellano por otros nacidos del gallego. Como consecuencia de esta ley, el pueblo de San Ciprián se vio obligado a cambiar ofialmente su nombre a San Cimbrao, algo que, al parecer no a gustado a la mayoría de los vecinos ni tampoco al propio alcalde del concejo.

Afredo Villares , alcalde del Concejo de Cervo, segura que “casi todos los habitantes de este pueblo hablan y escriben gallego. Yo mismo utilizo el gallego hablado y escrito, pero aun así nos negamos, y yo el primero, a llamar a nuestro pueblo San Cimbrao”. Villares explica que “La iniciativa la tomó la Asociación de Vecinos ‘Cruz de Venta’ ya que hay que tener un respeto al idioma de los cuidadanos de este país, y por supuesto a los gallegos, y lo que no podemos consentir es que por culpa de esta moda de ‘galleguizar’ todo, nos impongan un nuevo idioma gallego”.

Villares asegura que el topónimo formal, San Cimbrao, no proviene directamente del gallego ya que el homólogo gallego de San Ciprian es San Cibrán, por tanto, considera que “están imponiendo un idoma nuevo porque eso no es gallego”.

Por su parte, la Secretaría General de Política Lingüística de Galicia, ha querido dejar claro que “los decretos dervidados de la ley de 1983 obligan a cambiar todos topónimos, y los cuidadanos deben ceñirse a las normativas”. “La Junta de Galicia ha hecho de este topónimo de San Ciprián una denominación formal y, por ley, no podrá ser cambiado”.

La Asociación de Vecinos “Cruz de venta” de San Ciprán, escribió, en 1990, varias cartas a la Junta de Galicia manifestando su disconformidad con la sustitución del topónimo, las cuales, según el entonces presidente de dicha asociación, Manuel Barro, no fueron contestadas. “La Junta de Galicia no hizo caso a las cartas que mandamos en contra de este cambio”.

Las misivas contenían argumentación de por qué no debía imponerse “San Cimbrao”. Entre otras, la asociación aseguraba que los vecinos de San Ciprián se sentían “peores” que otros pueblos ya que “la normativa vale para unas cosas sí y para otras no”.

Mientras tanto, son muchos los vecinos que, mas de veinte años después de la promulgación de la Ley de Normalización de 1983, siguen apostando por manifestar su discormidad. Es el caso de Laura Guerrero, vecina de San Ciprián, quien opina que “no deberían haber cambiado el topónimo del pueblo ya que todos lo conocemos por ese nombre, incluso los que hablan y escriben gallego”. “La actual polémica de los idiomas autónomos nos lleva, a veces, a hacer cosas como incoherentes como esta”, explica.

El pueblo de San Ciprián reclama ser escuchado y que sea tomada en cuenta su opinión ya que, al fin y al cabo, son sus vecinos sus verdaderos dueños.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

Fuente del texto:
Roberto Díaz Gómez
Fuentes de las imágenes:
www.google.es

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