En el amor y en la guerra

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El camino estrecho al norte profundo

El camino estrecho al norte profundo narra la vida de Dorringo Evans, centrándose principalmente en los hechos acaecidos en su juventud y en los ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. La infancia y la madurez, esbozada como un mosaico, completan la existencia literaria del protagonista y evidencian las consecuencias de la contienda sufrida en el pasado. Son especialmente duras y estremecedoras dos escenas del último tercio de la novela: la desmesurada violencia infligida contra el sargento Moreno Gardiner y la operación quirúrgica que resulta nauseabunda. El horror de las enfermedades y los abusos cometidos por el bando japonés endurecen una obra, cuyos hechos te espantan y estremecen, pero de la que no puedes abandonar la lectura.

El amor es otro de los vértices de la novela de Flanagan: un amor apasionado e intenso que no logra mitigarse con los años. Lamentablemente y a pesar de las dificultades en las que se ve envuelta la pareja, la crónica del idilio no emociona como debiera. Siendo uno de los pilares de la trama, me ha resultado excesivamente azucarado y falto de sutileza. Por fortuna, el romance no acapara la narración  y se puede disfrutar con agrado de casi la totalidad de la obra. El desenlace, inesperado y simplón, no logra zurcir todos los hilos argumentales que quedaron descosidos, dejando una sensación extraña, como si El camino estrecho al norte profundo no hubiese sido bien rematado. Aún así, es indiscutible que los acontecimientos bélicos relatados sustentan sobradamente una obra irregular, pero atractiva que se lee con interés y entusiasmo. De igual forma, se debe alabar el reflejo del código de honor japonés, plasmado con acierto y realismo.

El autor australiano Richard Flanagan recibió por esta obra el premio Man Booker en 2014, logrando que se publicase en treinta y nueve países. El camino estrecho al norte profundo describe la construcción del llamado ‘ferrocarril de la muerte’ durante la Segunda Guerra Mundial, un tren que en origen iba a trasladar a los dignatarios japoneses y tailandeses, y cuya locomotora aún se exhibe en el santuario Yasukuni de Tokio. Sin embargo, el proceso de la construcción del ferrocarril sesgó la vida de miles de soldados, y los trabajadores que sobrevivieron quedaron conmocionados para el resto de su vida, como le sucedió al padre del escritor, cuya historia sirve como mecha para que se escriba esta novela. Nunca sabremos si los caídos fueron cien mil, doscientos mil o aún más, puesto que ya han sido condenados al olvido, a diferencia de los soldados japoneses, que sirviendo al emperador, maltratando y eliminando a sus prisioneros y siendo condenados por crímenes de guerra, se les recuerda en el Libro de las ánimas del citado santuario.

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