En defensa de Sally Rooney

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«Alice, le dijo, ¿algún día voy a tener que vivir en el mundo real? Sin levantar la vista, Alice resopló con sorna y respondió: Dios, no, por supuesto que no. ¿Quién te ha dicho eso?».

 

Confieso. Estoy más de media hora mirando la pantalla del ordenador sin saber cómo enfocar la reseña de lo nuevo de Sally Rooney. Dónde estás, mundo bello llegó a mis manos el 9 de septiembre y acabé con él ese mismo fin de semana. Sin embargo, he postergado hasta la fecha límite la escritura de la valoración de mi lectura porque he tenido que ordenar mis pensamientos con respecto a qué siento hacia la literatura de Sally Rooney y, no sólo eso, qué siento hacia el fenómeno Sally Rooney.

Sin duda, que Literatura Random House decidiera publicar Dónde estás, mundo bello en septiembre de 2021, mes en el que he cumplido treinta años, ha ayudado a que la ficción de Rooney haya impactado contra mí como un meteorito. Y es que, en esta tercera novela de la exitosa autora irlandesa nos encontramos con Aileen y Alice, dos amigas que se acercan a la treintena viviendo en ciudades distintas. Las primera vive en Dublín trabajando para una revista literaria que no le paga lo suficiente y la segunda, convertida en una escritora de éxito, se ha mudado a un pequeño pueblo costero tras sufrir una crisis psiquiátrica que la tuvo ingresada durante meses. Ambas intercambian largos emails donde reflexionan sobre el presente que no esperaban, así como en el pasado, sobre el futuro que, a sus casi treinta, se dibuja cada vez más incierto, sobre literatura, sobre identidad, ecologismo, arte, sobre la definición de belleza, sobre amor y sexo y sobre Félix y Simon, los hombres que de una manera u otra han desequilibrado sus vidas y que también tienen sus propios problemas.

Estos intercambios epistolares se intercalan entre la narración contada en tercera persona con el estilo libre que caracteriza a la escritura de Sally Rooney y son, bajo mi punto de vista, una puñalada para las lectoras de una generación que, como Aileen y Alice, todavía se esfuerzan por encontrar belleza en un mundo que a veces se abre como un abismo y amenaza con consumir todo atisbo de esperanza.

«Alice, creo que yo también he experimentado esa sensación que tuviste en el súper. Para mí la sesación es como mirar abajo y descubrir que estoy subida en una repisa minúscula y a una altura vertiginosa, y que lo único que aguanta mi peso es la miseria y la degradación de prácticamente todo el resto de personas que hay en el mundo. Y al final siempre pienso: yo ni siquiera quiero estar aquí arriba».

He resaltado en el párrafo anterior el carácter generacional de la nueva novela de Sally Rooney y es una de las apreciaciones que hasta el último momento he dudado si escribir o no. Sin embargo, he decidido incluirla por un motivo extratextual, por la acogida que este libro ha tenido entre la crítica, pues entre el público ha quedado claro que las ficciones de Rooney gustan. Porque me pregunto, ¿hay algo malo con que una ficción tenga un carácter generacional?

Tengo la sensación de que muchos críticos han aprovechado este calificativo para alejar la literatura de Sally Rooney, que se ha convertido en todo un fenómeno editorial, de esa universalidad por la que los señores que dictan el canon suspiran; una universalidad que suele tener nombre de hombre blanco. ¿Y es que acaso los autores que se incluyen en este canon literario, los que escriben la literatura con mayúsculas, no escriben o escribieron sobre una generación? ¿La literatura universal es ajena al contexto en el que se escribe? Es innegable que Dónde estás, mundo bello es una ficción con unos personajes marcados por la época en la que han nacido, pero no creo que eso le reste un ápice de universalidad. Sally Rooney tiene una habilidad innegable para ahondar en la psicología humana y no será requisito indispensable pertenecer a ese grupo de personas diversas y complejas, a las que han venido a llamar millennials, para disfrutar de su literatura. Y es que el amor y la amistad atraviesan tangencialmente los libros de la autora porque…

«[…]estando el mundo como está, con la humanidad al borde de la extinción, aquí estoy yo escribiendo otro email sobre sexo y amistad. ¿Hay algo más por lo que vivir? Te quiere, siempre, Alice».

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