Emulsión de concursantes triturados a fuego lento

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Vuelve a la televisión pública Masterchef. El que fuera pionero de los realities de cocina en este país inicia su segunda andadura con la misma mala leche y un poquito de perejil. La audiencia, estable y notable, está quedando satisfecha.

Nuevos concursantes, un buen mantel de lino, tres miembros del jurado y sus afilados cuchillos, renovados platos que cocinar y jugosos premios como postre: cual Agosto de Letts, ¡la mesa está lista para el despiece, huelleros!

portada (2)Que los programas de cocina están de moda, eso es obvio. Tras las ediciones de Top Chef, Deja Sitio para el Postre, Mi Madre Cocina Mejor que la Tuya (ahí es nada) al rebufo de la primera edición de Masterchef, y pasada ya la primera semana en la que tocó presentación de temporada y de un casting que, a priori, bien podría tacharse de soso, parece que por fin el programa está cogiendo condimento y sabor. Y en parte viene dado porque ya van despuntando las primeras personalidades de los concursantes, entre las cuales destacaré cinco.

Churra es la oveja veterana del rebaño con 71 años, un ama de casa que de cocina moderna tendrá poca idea, pero que te casca un guiso de habas que te quita el sentido. No ganará, pero promete dar buenos muy momentos. 

Lorena es hipster y además de cocinar maneja los platos de DJ en la pista de baile. Su humildad se la zampó cuando era pequeña y de ella no dejó ni las migas, y eso ya le ha llevado a enfrentarse al jurado en la primera gala. Deseo profundamente que siga unas cuantas semanas más, porque va de sobrada (y no asada) y va a recibir más palos que un pulpo a la gallega.

Jorge Cuellar es especial. Trabaja en el CSIC, investigando, y es el único ser humano capaz de cocinarte con la grasa de su flequillo unas sardinejas de Cádiz. De hecho en la última entrega le goteaba tanto que dejó la vitrocerámica perdida de chorretones.

Emil es el líder nato. Se comería a sus contrincantes crudos y, junto a Lorena, cambiaron la autocrítica cuando fueron destetados por una buena dosis de soberbia. Es organizado, serio, diligente y muy convencido de que es capaz de ganar, y de este modo se postula como uno de los favoritos.  

Pero si hay alguien que nos ha enamorado desde un primer momento en esta edición, esa es mi querida, amada e idolatrada Celia, la vegana. Con su par de esporas de tofu se plantó en el concurso con su dogma de no probar todo producto que proviniera de los animales, y en cuanto el jurado le dijo que tenía que catar un atún, lo bendijo y pádentro. En sus fotos promocionales apareció sujetando un chuletón y en la prueba de la caja misteriosa de esta semana, se encontró una cabeza de cerdo, la bautizó como “Respeto” y, con la pipirrana, a la olla. Estoy seguro de que guarda una Carrie en su interior.

Por parte del jurado, repiten Pepe Rodríguez, el chef de gesto agrio que come como un hombre de cromañón; Samantha Vallejo-Nájera, que ya ha dejado asomar sus criadillas entre los fogones al tocarle las narices; y Jordi Cruz, esta vez marcando tableta de chocolate y que, según dicen, está como un queso para el espárrago de la presentadora, Eva González, la que bien necesitaría un par de cociditos madrileños. La troika del mandil no escatimó en elogios hacia sus aprendices de Arguiñano, y con razón: “plato copiado”, “esto no sabe a nada”, “para esto mejor que no hayas venido”, “equipo desorganizado”, “parecías un pollo sin cabeza corriendo por la cocina”… Los concursantes están más verdes que los vinos de Portugal y que las alcachofas de Maribel. Pero a base de fuego lento y hervores, los tres chef irán poniéndoles a punto; eso o acabar como sobras para los perros.

Por citar un último detalle, mentaría el buenrollismo presente en este programa. Me encanta ver cómo los concursantes hacen piña en los episodios iniciales para poco a poco despellejarse como conejos en las puertas de la final. Y es que la lucha en Masterchef no es ninguna perita en dulce; mucha presión, tiempo limitado, adiestramiento militar y una jugosa recompensa hacen que más de uno sacrifique amigos por el camino. Aquí si se quiere ganar hay que coger la sartén por el mango y poner toda la carne en el asador. ¡Buen provecho, huelleros!

 

PD: mi reflexión final de telespectador de hoy es: “¿Qué le preparará Jordi Cruz a Eva González de postre?”

Fotografía propiedad de la página web www.rtve.es

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