Empezar de nuevo

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El abuelo que saltó por la ventana y se largó es la adaptación del best-seller de Jonas Jonasson, la historia de un hombre de 100 años de edad, para quien nunca es demasiado tarde.

El abuelo que salto por la ventana y se largoEl abuelo que saltó por la ventana y se largó ha sido un enorme éxito de taquilla en su país de origen, Suecia, donde la película ha recaudado más de 13 millones de euros desde su estreno el día de Navidad. Dada la popularidad del libro, que ha sido traducida a numerosos idiomas, con ventas millonarias (6 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y más de 300.000 sólo en España), no ha sido de extrañar la rapidez de una adaptación que, afortunadamente, ha quedado en manos europeas.

Un divertido inicio detalla cómo el anciano Allan Karlsson (Robert Gustafsson), fanático de los explosivos, terminó en un geriátrico tras dinamitar al zorro que mató a su querido gato, Molotov. Mientras los trabajadores de la residencia están ocupados perdiendo la cuenta de las velas, nada menos que 100, de su pastel de cumpleaños, Allan se desliza por la ventana de su habitación y se larga. Con un puñado de monedas en el bolsillo, compra un billete de autobús a un pueblo cercano, pero sin él saber muy bien cómo, termina con la maleta de un delincuente, que interpreta Simon Seppanen. Durante su viaje, se topa con Julius (Iwar Wiklander), otro viejete con quien Allan comparte su gusto por el alcohol y su rechazo a que la edad le suponga un impedimento para seguir viviendo. El descubrimiento de 50 millones de euros en efectivo en la maleta que acompaña a Allan, su encuentro con Benny (David Wiberg), un estudiante perpetuo, y Gunilla (Mia Skäringer), acompañada de su querida elefanta Sonja, embarcará a todos en un viaje para evadir a policías y criminales, desesperados por recuperar su dinero.

Paralelamente a este viaje, está la historia de la centenaria vida de Allan, sus recuerdos de un más que agitado pasado. Desde su habilidad innata para hacer volar cosas, en su más tierna infancia; cómo se quedó huérfano, y sin educación, Allan pasó de una institución para enfermos mentales, a una fábrica de armas para el frente de la Guerra Civil española. En el camino le dará tiempo a cenar con Franco, emborracharse con Harry S. Truman, ayudar a J. Robert Oppenheimer en la invención de la bomba atómica, bailar con Stalin, ser encerrado en un gulag con el hermano tonto de Albert Einstein, o propiciar la caída del Muro de Berlín.

El estilo y la imaginación del actor y director Felix Herngren, le permite recrear bastante fielmente el espíritu del libro, gracias a esta road movie de jubilados donde la fotografía, muy colorida, destaca positivamente, al igual que la música. Robert Gustafsson, supuestamente “el hombre más divertido en Suecia”, es la carta ganadora para una película cuyo humor, al igual que el libro, radica principalmente en la indiferencia y el encogimiento de hombros de Allan ante los acontecimientos extraordinarios que presencia.

Imágenes: A contracorriente films

 

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