Elecciones primarias en Francia y en Italia

0
81

Basta casta. Imagen cedida por m5scanosa.itLas elecciones primarias celebradas por la derecha francesa y por la izquierda italiana están mostrando cómo esta práctica puede representar un arma de doble filo, un recurso peligroso o un evento positivo. Se trata de dos casos contrapuestos, que invitan a la reflexión.

En el caso de Francia, las primarias de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) parecen haber sido un fracaso, ya que ambos contendientes, François Fillon y Jean-François Copé, se han declarado vencedores de la jornada electoral y ambos han acusado a su contrincante de fraude. En lugar de salir reforzado, el gran partido de la derecha francesa parece al borde de la escisión y estas elecciones internas están perjudicando notablemente su imagen. Las primarias han abierto una peligrosa crisis interna, fracturando la unidad del partido y creando una atmosfera surrealista y caótica. Las acusaciones de “golpe”, el posible recurso a la vía judicial, o la posibilidad -casi segura- de que repitan las primarias, ponen de manifiesto la profunda división de la derecha francesa, entre un ala más moderada y centrista y un ala más dura y conservadora. El desbarajuste post-electoral parece agigantar el espectro de Nicolas Sarkozy, “pequeño Napoleón” deseoso de volver al mando. Las primarias debían servir para renovar la derecha, dar aire nuevo y fresco tras la doliente derrota y pérdida de la presidencia. Ahora estamos en presencia de una crisis abierta, de un proceso de primarias que confunde más que aclara la línea a seguir del partido y aumenta la impresión de que Sarko espera, impaciente, su vuelta a la arena política.

Por otro lado, en el caso de Italia, las primarias del Partido Democrático (PD) parecen haber servido para devolver credibilidad a la cuestionada izquierda italiana. Teniendo en cuenta el alto índice de participación, se pueden considerar un éxito, tanto el primer como el segundo turno, mostrando el deseo de los electores italianos de que la Política retome su papel y la credibilidad perdida tras la “larga noche del berlusconismo”. En este caso, las primarias han parecido como un intento de superar  la sempiterna división de su clase dirigente, las inútiles luchas interinas e intestinas. En sus campañas electorales, ambos candidatos, Pierluigi Bersani y Matteo Renzi, han intentado devolver vitalidad a una adormecida izquierda italiana, que se ha pasado los últimos años demonizando a Berlusconi, sin presentarse como una alternativa política creíble. Por eso, celebrar unas elecciones primarias, abiertas y competitivas, ha resultado ser una buena idea, útil para acrecentar el número de posibles votantes del PD y para mejorar su imagen.

Las primarias pueden servir para revitalizar la vida política de países donde el desprestigio de los partidos es alto y la tendencia general es hacia la abstención. Los electores italianos y franceses han demostrado su deseo de participar en la vida política nacional, expresando su opinión y eligiendo su candidato. Merece la pena subrayar que las primarias representan una lección de democracia participativa, un buen ejercicio cuyo resultado debe servir para escoger candidato y consensuar programa, evitando convertirse en una ocasión para sacar trapos sucios y hacer ataques personales. Tras su celebración, los partidos deberían evitar fragmentarse, mostrándose como fuerza creíble, capacitada para tomar las riendas del país. Las diferencias internas deben suponer una fuente de debate y no una lucha por cotas de poder. Por lo tanto, las primarias no deben usarse como ocasión para disputas internas en perjuicio de la vida del partido (como en el caso de Francia), sino que deben convertirse en una ocasión para fortalecer el partido y coronar a un líder fuerte y con proyección de futuro (como en el caso de Italia). 

Dejar respuesta