El universo Glass de J. D. Salinger

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Se suele decir que cada escritor tiene su propia obsesión. Un tema, una imagen, incluso un personaje que aparece reiteradamente en sus obras, tal vez no literalmente, pero sí con leves modificaciones que lo convierten en identificable. En el caso de J. D. Salinger, su obsesión fue, sin duda, la familia Glass.
J. D. Salinger creó todo un universo a través de la familia Glass. Esta familia de genios, y de otros individuos no tan brillantes, convivió en todas sus piezas narrativas, salvo en la más popular,
El Guardián entre el centeno. El germen de esta familia y de todos sus conflictos se halla en Un día perfecto para el pez plátano, relato integrado en Nueve cuentos, que fue publicado originalmente en la revista New Yorker en 1948.

Este relato, atípico como es, por su estructura, por su contenido, resulta difícil de definir. Tal vez en otros relatos sea fácil desgranar un tema, no obstante, Un día perfecto para el pez plátano no busca tanto ofrecer una lectura como causar una sensación. Durante todo el cuento, especialmente hacia la mitad hasta el final, evoca una impresión de misterio, de incertidumbre, temor de que algo atroz está a punto de suceder.

Un día perfecto para el pez plátano presenta dos partes claramente diferenciadas.

La primera parte nos presenta a Muriel, en una habitación de hotel, haciendo una llamada telefónica a su madre, que rápidamente comienza a preguntar por su marido y pasa a comentar sus incidentes de desequilibrio y fragilidad emocional.

La segunda parte nos traslada a una playa, donde una niña pequeña, Sybil, busca a su reciente y adulto amigo, Seymour, que la acompaña a darse un baño y que le descubre una especie animal desconocida para ella, el pez plátano.

Aunque estas dos secciones puedan parecer independientes en una primera lectura, en realidad están totalmente interconectadas. La una no tendría sentido sin la otra. La primera parte pone en situación, aporta todos los antecedentes necesarios sobre Seymour (su experiencia en la guerra, su paso por un hospital de rehabilitación, un accidente en coche y unos árboles, los comentarios a la abuela sobre sus planes sobre la muerte…). Y lo más importante, toda esa información sobre Seymour provoca cierta incertidumbre en el lector sobre él y crea gran tensión y misterio a lo largo de la trama de la playa. Se siente que hay algo que “no marcha bien”, se espera que algo vaya a pasar.

Además de la evidente conexión entre ambas partes, coinciden en que escasean las descripciones. El autor alude a las necesarias para continuar con la acción. El texto se apoya básicamente en diálogos. Dos grandes diálogos, el que protagonizan Muriel y su madre, en primer lugar, y el que mantienen Seymour y Sybil, posteriormente, mucho más brillante y original.

Entre una serie de personajes muy marcados, destaca Seymour Glass, protagonista del relato y eje principal del resto de piezas relacionadas con la familia Glass. Tras haber presenciado los horrores de la guerra, no se siente cómodo de vuelta al mundo adulto. No reconoce el materialismo, la falsedad o las convenciones arbitrarias. Sólo se siente bien en el mundo infantil, el único que aún no ha sido corrompido. Seymour Glass no quiere morir como los peces plátano. Por ello, tomará una importante decisión que cambiará su vida.

Este relato, uno de los grandes clásicos de la literatura, es una lectura indispensable. Más que por los temas tratados, por las sensaciones que evoca, por sus diálogos fantásticos, sus reflexiones sobre el alma humana y su desenlace. Es simplemente sorprendente, tanto que el lector necesitará acudir a una segunda lectura inmediatamente para que todo cobre sentido.

Fuentes de las imágenes:
http://jesselefou.files.wordpress.com/2008/03/salinger.jpg
http://img174.imageshack.us/img174/1783/scanpm3.jpg

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