El último “gonzo” y el grotesco sueño americano

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La editorial Gallo Nero propone acercarnos, con la publicación de El último dinosaurio, a la figura de un transgresor literario del pasado siglo: Hunter S. Thompson.

hunter-gallo-neroNo parece probable que Hunter Stockton Thompson leyese a Unamuno –aunque desde pequeño devoraba libros de lo más variado, su obra de referencia era El gran Gatsby y le encantaba Hemingway- y, sin embargo, es un buen ejemplo de lo que el bilbaíno denominó como escritor vivíparo: retrataba sus pulsiones a golpe de máquina de escribir, a la buena de Dios, a lo que saliera. Ni siquiera él mismo gustaba de llamarse periodista, pero lo primero que se nos viene a la cabeza cuando oímos su nombre es periodismo gonzo, el trabajo de investigación sobre los Ángeles del Infierno y el megarreportaje Miedo y asco en las Vegas, que sería convertido en novela (y adaptado al cine).

Thompson (1937-2005) es una firma excéntrica, carismática y única. De hecho, para él solito se acuñó el término periodismo gonzo en 1979: Bill Cardozo, director de Boston Globe, cuando leyó el artículo El derby de Kentucky es decadente y depravado escrito para Scanlan’s Monthly, exclamó: “¡Gonzo puro!”. Nadie supo ni sabe muy bien qué significa, ni siquiera Thompson. Se supone, suponemos, que venía a significar caos y provocación, locura estilística, vibrante agresividad escupida mediante una máquina de escribir. Aquel artículo fue el resultado de una dejadez inmensa, de un bloqueo fenomenal, de no saber qué escribir ante un plazo de entrega que se le venía encima a Thompson como una losa sin piedad. Entregó las primeras hojas que salieron de su máquina, sin pararse a revisar nada. El estilo gustó, por impactante, y nació una estrella. Sin embargo, en 1966 ya había dejado su sello en la redacción de The Nation con su trabajo acerca de los Ángeles del Infierno –luego transformado en libro-, una violenta y no especialmente ejemplarizante panda de moteros que por poco acaba con su vida. Dentro de El último dinosaurio (un diez para su portada, dicho sea de paso) podremos acceder a los pasajes que rememoran este trabajo periodístico, que es uno de los que más interés puede despertar en el lector.

Nacido en Kentucky, colaboró en diferentes medios (Esquire, The New York Times), si bien fue en Rolling Stone donde desarrolló buena parte de su trabajo. Esta figura rara y loca, casi inclasificable pese a su cliché de escritor contracultural, ha sido relacionada con el Nuevo Periodismo (Wolfe, Talese), aunque más bien el gonzo se postula como una escisión de éste –en sus declaraciones Thompson reconoce no tener demasiado que ver con estos autores-.  En El último dinosaurio de Gallo Nero –una editorial que acaba de sacar a la luz varios títulos de lo más atractivo- nos acercamos a la frenética psique de un periodista que no contaba con sumar demasiados años de vida y en cuyo mundo interior, convulsionado por el consumo constante de drogas de todo tipo, no existía otra máxima que la de vivir al límite. Este compendio de encuentros y entrevistas, publicadas en diversos medios hasta poco antes de su trágico suicidio, sirve como perfecto plato para paladares atrevidos. Política, drogas, periodismo, armas, escritura, viajes, vida profesional y personal: todo ello pasa ante nosotros como si surgiera de una cinta recogida en un magnetófono que nos devuelve a décadas pasadas. Es muy de agradecer que el formato pregunta-respuesta sumerja al lector en una dinámica muy agradable, permitiéndole participar de algo parecido a una puesta en escena en cuyo ambiente apesta a alcohol y a tabaco. Un viaje tan sorprendente como vertiginoso al cubículo del visionario periodista, adicto a la adrenalina, torturado por el ácido.

Imagen: Hunter S. Thompson, ilustración de Curt Makes Pictures

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