El último aleteo del tiburón

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Michael Phelps, el nadador más laureado de los Juegos Olímpicos, y para muchos el mejor de la historia, se retiró después de un nuevo éxito olímpico en Londres 2012. Ahora disfruta de la vida después de 27 años dedicados casi en exclusiva al deporte.
 
Michael Phelps, el nadador más laureado de la historia. Fotografía: marcopako
Michael Phelps, el nadador más laureado de la historia. Fotografía: marcopako

Michael Phelps se lo merece. Con la caja fuerte llena de medallas de oro, de récords del mundo y de dinero fruto de su atractivo mediático, el nadador estadounidense disfruta de una jubilación dorada, nunca mejor dicho, a los 27 años. Una vez retirado tras los Juegos Olímpicos de Londres se deja ver, además de recogiendo premios o recibiendo homenajes, jugando al golf y al póquer, dos de sus grandes pasiones. 
 
Y siempre sonriendo, a veces incluso con un puro en la boca. Es una estrella por méritos propios. No hay rastro en él de la duda de otros, como en el caso de Lance Armstrong, cuyo secreto ha sido descubierto en estos últimos meses. Su dominio no coincidió con la época en la que los bañadores mágicos hacían que se batieran récords como si fueran churros. Ni siquiera la suspensión de tres meses por fumar marihuana ha perjudicado un ápice su carisma. Es más, incluso puede que le haya dado esa condición de ser humano ante la “esclavitud” que en algunos casos tiene la alta competición. La admiración del mundo hacia él es total. Y es lo lógico teniendo en cuenta sus méritos y la imagen que desprende, la de una persona normal y humilde.
 
Su idilio con los Juegos ha sido la causa principal. Ya en Sidney 2000 surgió su estrella como el nadador masculino más joven en participar en esa edición. Con solo quince años batió su primer récord del mundo, el de 200 mariposa, su especialidad favorita y en la que mejores resultados ha cosechado. Pero su primera medalla olímpica no llegó hasta Atenas 2004, cuando ganó seis de oro y dos de bronce en las ocho pruebas en las que compitió. En los Juegos de Pekín forjó su leyenda con ocho medallas de oro, superando el récord de Mark Spitz. Y en los recientes Juegos de Londres 2012 se convirtió en el olímpico más laureado de la historia al lograr otras cuatro de oro y dos de plata. Su registro se detuvo en 22 medallas, pulverizando el de 18 que tenía en su poder la gimnasta soviética Larisa Latynina. Un récord que parece inalcanzable, sobre todo porque son muy pocos los deportes en los que una sola persona tenga a su alcance tantas preseas. Tan solo parece posible en gimnasia, atletismo y natación, sobre todo ésta última. 
 
Mariposa, estilo libre y relevos, así como las competiciones por equipos han sido las modalidades que han encumbrado a Phelps. Su mérito reside en la continuidad y la perseverancia. Muy pocos se hubieran mantenido en la élite durante más de diez años. Él no se conformó con una ni con dos medallas. Ni siquiera con ser el jefe de uno ni de dos Juegos. Ha alargado su autoridad hasta en tres citas olímpicas. En Londres hubo más igualdad y se quedó sin metal en alguna competición, lo que demuestra que incluso las leyendas son humanas. Aunque no lo parezca.

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