El trono de los Estados Unidos está a punto de la coronación

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Hace tiempo comenzaron los precalentamientos, se trataba de demostrar una buena familia, una buena solución a la crisis mundial, una buena salida a los problemas del país más influyente del mundo… Pero ahora hay que ser el mejor. A menos de una semana de las elecciones, Obama y McCain entrenan sin descanso para la gran carrera del 4 de noviembre. Ambos saben que lo importante es ganar y no están dispuestos a perder ni un solo voto.

El  mundo entero vive de una forma intensa las elecciones en el país que, hay que reconocer, lleva las riendas del resto del planeta. Y todos desean no tener que llevarse la sorpresa de cuatro años atrás cuando, inesperadamente, George Bush salió reelegido a pesar de la lista de intempestuosos acontecimientos a sus espaldas.

Pero no hay que olvidar que son los americanos los que deben acudir a los comicios el 4 de noviembre y que tan sólo ellos pueden decidir quién será su gobernador. De ello son muy conscientes los candidatos: del lado demócrata Barack Obama, del lado republicano John McCain. Y es que cualquier esfuerzo es poco, pues la recompensa es enorme.

Muy a diferencia de las costumbres españolas, los americanos viven las elecciones generales como algo personal. Un enorme séquito de seguidores con camisetas de los candidatos llena las calles, carteles promocionales inundan los jardines de las casas familiares, pegatinas con el nombre del candidato decoran los coches, banderas promocionales ondean en las casas, ventanillas de vehículos o tiendas; incluso los niños conocen a sus candidatos, sus programas y sus promesas. Son unas elecciones, como todo en Estados Unidos, a lo grande.

Barack Obama lleva la palabra “Cambio” como slogan de su campaña. Quizás haya surtido efecto la enorme suma de dinero empleado en las campañas publicitarias (es la campaña política más cara de la historia), o quizás el mundo esté seguro de la necesidad del mismo. Por una razón u otra, encuestas, medios de comunicación mundiales, líderes internacionales y, para qué negarlo, ellos mismos, han otorgado ya la presidencia de los Estados Unidos al candidato afroamericano. Es cierto que éste mantiene una considerable ventaja respecto a su rival, John McCain, la suficiente como para sentirse más tranquilo, ir decidiendo quiénes serán sus ayudantes de confianza, incluso para ir ensayando el discurso de investidura. Y es que Obama ha sabido apelar al lado más emotivo de los votantes. Cuenta con el voto casi asegurado de la población negra que vería, por primera vez en la historia, a uno de los suyos encabezando la Casa Blanca. Esto se ha visto además reforzado por el reciente esbozo de matanza racista en un instituto de raza negra, que culminaba con el intento de asesinato del propio candidato, lo que consigue evocar el asesinato del presidente Kennedy. Ha basado sus proyectos en una serie de medidas sociales que, las cumpla o no, habrán conformado un emotivo programa electoral que ha sabido embaucar a la mayoría. Y, como todo el mundo, tiene abuela; pero él ha sabido más que nadie sacar el mejor partido a sus visitas. Incluso la cancelación de algunos discursos se tornó enternecedora si la salud de la mujer estaba en una situación difícil.

Pero dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y seguramente ese será el principal argumento de McCain en estos últimos momentos previos al gran día. Él confió en el racionalismo, y basó su programa en problemas, a su parecer, más tangibles. El candidato cuenta con un programa fundamentado en el ataque directo a la crisis financiera y con otro factor menos apreciado, pero no por ello menos importante, el subconsciente de los norteamericanos. El racismo oculto puede hacer cambiar la elección de muchos de los electores no acérrimos al candidato afroamericano en el momento de la votación, dejándose guiar finalmente por unos principios conservadores que inundan gran parte de la sociedad americana y en los que sí está presente el racismo. Otro factor muy valorado por los americanos y demasiado ignorado por el resto del planeta es el enorme espanto que tienen a una tragedia como la ocurrida el 11 de Septiembre de 2001. De manera buscada o no, Estados Unidos despierta odios entre muchos países del mundo, quizás demasiados. Los ciudadanos saben que cuentan con una larga lista de enemigos que piensan que la venganza se sirve mejor en frío. McCain ha conseguido demostrar que es consciente de ello y que tiene soluciones seguras a este hueco en la sociedad norteamericana. Además, ha dejado más que claro su cercanía al mundo de la guerra tras su experiencia en la guerra de Vietnam y, con ello, su capacidad de tomar las decisiones correctas en el momento adecuado. No se sabe si en su beneficio, su mano derecha, Sarah Palin, ha sabido aportarle el toque más ‘revolucionario’ al candidato. Con una hija embarazada consiguió saltar a la luz pública, y su aceptación del embarazo ha protagonizado lo que parece más una campaña personal.

Los candidatos han empezado ya un sprint final con todas sus fuerzas. Se detallan los últimos retoques en una campaña en la que, más que nunca, los mecanismos de seducción más minuciosos pueden tener una importancia clave. Y es que los aspirantes son conscientes de lo que un último esfuerzo puede suponer en la llegada a meta. La subida al trono más poderoso del mundo, la Casa Blanca de los Estados Unidos de América, está en juego.

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