El trabajo no es cosa de niños

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Ya ha terminado la exposición fotográfica realizada en el Centro Cultural La Jaramilla, en Coslada (Madrid). Del 4 al 14 de noviembre del 2008 hemos podido ver en este breve reportaje de Juan Díaz, fotógrafo de Global Humanitaria, cómo viven (o más bien malviven) cientos de familias del Valle Sagrado, en Lima (Perú).
Ahora que está tan de moda hablar del tema de la crisis, yo me planteo serias dudas: ¿pagar lo mismo por un litro de leche que por uno de gasolina es crisis? ¿No poder darme el capricho de viajar un fin de semana porque si no iré más ajustado a final de mes es crisis? ¿No poder comprarme ropa cara, ir al gimnasio o comprar un piso y en su lugar tener que vivir de alquiler es crisis?

Mientras toda la sociedad está preocupada por ese tipo de cuestiones, (que no digo que no sean importantes, ojo) millones de familias no tienen ni agua potable. Y qué digo agua potable, no tienen ni siquiera dinero para un triste huevo frito. 218 millones de niños están actualmente trabajando en todo el mundo, y digo ¡218 millones de niños! Qué, ¿eso no es crisis? Eso es algo inhumano.

La exposición Perú: Historias de trabajo infantil precisamente nos abre los ojos y nos pone los pies en la tierra; intenta hacernos reflexionar, ver las cosas de otra forma, intentar que nos preguntemos si hay derecho a que unos estén pensando en si gastarse algo de su calderilla en un coche último modelo de la gama más alta o si gastárselo en un crucero o si apostar a una carrera de caballos mientras otros tantos están pensando cómo salir adelante. No hablo de cómo salir adelante para alguien de clase media o baja en un país llamado “del primer mundo”, no. Estoy hablando de cómo un niño de seis años se levanta a las 4.30 de la mañana para poder plantarse con su canoa, en pleno lago Titicaca, a temperaturas bajísimas, para ver si tiene un poco de suerte y puede pescar un puñado de peces que quizá (y digo quizá) podrá vender para poder comerse un mendrugo de pan.

En el Valle Sagrado, situado en la capital de Perú, viven 750 personas en unas pequeñas chabolas instaladas en un vertedero. Ni siquiera se asoma con claridad la luz del sol en el poblado. La luz no es transparente debido al ambiente que genera la basura. Un niño, llamado John, se levanta todas las mañanas y ¿qué hace? No se despierta pensando a qué jugará, qué aprenderá en la escuela o qué le pondrá su mamá de comer, no. Se levantará pensando en el duro día que le espera recogiendo basura que luego será reciclada. Tendrá que quitar las etiquetas a todas las botellas o plásticos que encuentre. Acabará el día cansadísimo, sin apenas ganas para jugar y sin poder darse una ducha caliente (dado que el poco agua que llega se tiene que racionar para beber o cocinar, si es que hay comida). Al final del día se puede ver el cansancio en sus ojos. Ya no tiene ganas de jugar, sólo de descansar para al día siguiente volver a repetir la misma rutina.

Como él 85 niños más en todo el poblado intentan aprender a leer y escribir entre escombros, entre basura. No tienen tiempo para disfrutar de su niñez. Y si la situación no cambia, los hijos de estos niños pasarán por lo mismo…

Los niños no sólo trabajan seleccionando basuras para vender o reciclar, también encontramos a niños trabajando en la agricultura, en la pesca, en los cementerios como guarda nichos o moldeando barro para formar ladrillos. Entre los 5 ó 6 años hasta los 12, según datos de OIT (Organización Internacional del Trabajo) realizan un trabajo ligero; entre los 12 y los 15 el trabajo realizado es sin riesgo y de los 15 a los 18 el trabajo es considerado peligroso. Según la propia OIT “el trabajo infantil es aquel que priva a los niños de su infancia, su potencial y su dignidad y resulta nocivo para su desarrollo físico y mental”.

Me parece tan triste que en pleno siglo XXI estemos así… ¿Cuándo va a cambiar esta situación? ¿Hasta cuándo las grandes potencias mundiales van a seguir sin hacer nada al respecto? Desde aquí no pretendo que cambiéis el mundo, pero sí que os paréis un poco a reflexionar sobre qué estamos haciendo cuando consentimos que determinadas mal llamadas tradiciones sigan cumpliéndose. Se gastan miles de millones en superproducciones de cine cuando ese dinero podría salvar tantas y tantas vidas… Probablemente leeréis este artículo y os paréis un momento a pensar sobre él, pero sólo espero que no se quede sólo en ese pequeño momento, sino que sepáis convivir con ello y no perdáis nunca de vista la verdadera realidad, que dista mucho de lo que se nos cuenta.

Fuentes del Texto
http://www.humania.tv/noticias.php?id=20995&fecha=2008/11/03
Fuentes de las imágenes
www.pixelicia.com
www.madridfree.com
www.humania.tv
www.viasfera.org
www.encuentos.com
www.tribunalatina.com

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