El teatro desafinado de Sólala

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SolalaEl Teatro Alfil acogió hasta el 16 de febrero “Sólala” la última producción de Pez en Raya, el grupo teatral formado por Cristina Medina y Joan Estrader. Se trata de una obra que intenta aunar varios géneros y recursos dramáticos bajo un punto de vista diferente, original y dinámico. Se mezclan el monologuismo, la tragedia, el humor, las sombras chinescas y el cine mudo, entre otros, conformando un caótico conglomerado teatral en el que el espectador no encuentra su lugar.

Es un trabajo en el que han participado grandes personajes como Israel Galván, famoso bailaor y coreógrafo sevillano, Mariano Marín, pianista y compositor de numerosas obras teatrales, así como cinematográficas, entre ellas “Tesis” y “Abre los ojos”; Cristina Medina, saltó a la fama por su actual papel en la serie televisiva “La que se avecina” es coautora de “Sólala” y la única actriz de la obra.

Sin embargo, contra todo pronóstico, y a pesar de estar compuesta por figuras artísticas talentosas, el conjunto de la obra no acaba de cuajar. Desde una perspectiva holística de la pieza teatral nos encontramos ante una serie de secuencias incongruentes con poca fuerza, tópicos manidos y escasa gracia.  

Cristina Medina protagoniza, durante poco más de una hora, una consecución de escenas cuyo nexo común es el absurdo, el humor negro y, en muchas ocasiones, el chiste fácil. No es que la actriz no se entregue al personaje, sino que el espectador no llega a comprender la esencia, la razón de la pieza teatral, haciendo difícil que éste se involucre, y mucho menos, se emocione. Se echa en falta un hilo conductor o un valor significativo que dote de sentido la trama y que enhebre los chistes y las escenas, supuestamente cómicas, que conforman la obra.

Sólala es una apuesta muy arriesgada y ambiciosa en la que todo tiene cabida. Bajo la perspectiva del absurdo y la incoherencia, vemos cómo Cristina Medina se desenvuelve en el escenario ante diferentes situaciones. En la obra pueden distinguirse dos partes; la primera comienza con una escena en la que la actriz, con un vestido amarillo y guantes de boxeo, comienza a bailar flamenco ridículamente y tras largos minutos de vueltas y saltos de lado a lado, termina haciéndolo con arte y desparpajo. El mérito hay que atribuírselo a Israel Galván, Premio Nacional de Danza y coreógrafo de la obra.

Tras el baile, tiene lugar un monólogo, en el que Cristina Medina intenta entablar complicidad con los espectadores durante unos minutos, divagando sobre temas intrascendentes y aprovechando para soltar alguna broma forzada. Anuncia que será una obra, y cito textualmente, “al límite de mis imposibilidades”. Pues bien, doy fe. Aunque la culpa no se la daría tanto a la interpretación como al guión…

Es entonces cuando tiene lugar la segunda parte, la verdadera obra teatral; se abren las rojas cortinas aterciopeladas y se acondiciona la iluminación de la sala. Se representa en escena un melodrama exagerado que narra la vida de una mujer atormentada con cinco hijos, acuciada por las deudas y con su marido en la guerra. Parodiando el cine mudo y el humor negro se van configurando una serie de situaciones que, ahora sí, tienen un toque de comicidad más acertada.

Apenas un par de sillas, una mesa y un carrito de bebé contextualizan la escena. En este momento, Cristina Medina comparte escenario con 5 monigotes, que representan a sus hijos, y un muñeco en silla de ruedas, su casero acosador que va a su casa a buscar el dinero de la renta. Con este último, la actriz establece una relación de ventriloquia: mueve su cabeza, sus brazos e incluso llega a protagonizar con él una escena sexual.

El reestreno de Sólala había tenido lugar el 22 de diciembre y daba la sensación de que la frescura, la gracia y la potencia interpretativa de la actriz se habían ido perdiendo por el camino. Parecía que a Medina ya le pesaban las once veces que había tenido que interpretar lo mismo en el Teatro Alfil; mientras que, tratándose del último día de una obra, debería ser cuando más fuerza y brillantez desprende.

Otro de los elementos que destaca en esta segunda parte de la obra son los recursos técnicos de iluminación, sonido en directo del pianista Mariano Marín e incluso proyecciones audiovisuales. Primero en forma de sombras chinescas y al final de la obra con una especie de videoclip en el que sale la protagonista con un superhéroe. Tras esto, la obra toca su fin con la voz e interpretación en directo de Cristina Medina de la canción “I need a hero” de Bonnie Tyler.

Por último, hay que decir que Sólala ha ganado el Premio al Mejor Espectáculo en la XXI Feria de Teatro de Tárrega (2004) y el Premio al Mejor Espectáculo en el XI Festival Internacional de Humor de Madrid (2005). La obra tiene críticas buenas y no tan buenas tanto por parte de los expertos como del público pero es evidente que es un espectáculo teatral que ha dado mucho que hablar.  

 

Fuente de la fotografía: Pezenraya.com

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