El teatro de Masłowska en castellano

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Una de las voces con más fuerza y personalidad del panorama literario y teatral contemporáneo en Polonia es la de la escritora (novelista, dramaturga, ensayista, además de compositora y cantante) Dorota Masłowska. Debutó en 2002, a los diecinueve años, con la novela Blanco nieve, rojo Rusia, y en sus ya cerca de veinte años de trayectoria ­­­­ha cosechado un gran éxito de crítica y público y se ha hecho con varios galardones de prestigio. En el terreno teatral, además, es una de las dramaturgas con mayor proyección en Europa. Hasta ahora, sólo había sido traducida al castellano y publicada su opera prima. Por suerte para los amantes del teatro y de la dramaturgia, La Uña Rota empezó el año publicando sus dos primeras obras dramáticas: Dos pobres rumanos que hablaban polacoEntre nosotros todo va bien.

Como merece la pena acercarse a estos dos textos sin ideas preconcebidas, y para no estropear las sorpresas que pueden deparar al lector, diremos solamente que la primera de las obras es una suerte de road play en la que una extraña pareja coincidirá con otros personajes en un viaje de alucinación y locura con giros inesperados, mientras que la segunda pone en escena la singular convivencia de tres generaciones de mujeres marcadas cada una de ellas por un momento histórico que configura sus vidas y sus personalidades. Estas descripciones vagas, sin embargo, no nos llevan a imaginar el laborioso trabajo dramático y lingüístico que hay detrás de ambas obras.

Masłowska apuesta por un teatro de texto con mucha fuerza y carácter. Un teatro que rompe las convenciones estéticas y literarias, y que obliga al lector a estar siempre atento, alerta, a tener una participación activa en la lectura y en su representación virtual, en tanto lector de teatro. Si algo tienen en común ambas obras es que la autora retuerce en ellas las palabras para hacer del lenguaje un personaje más de sus textos, un rasgo característico de su teatro, al que otorga así un humor particular, unos personajes redondos y una dimensión que va más allá de la historia que nos cuenta en cada texto. El lenguaje, en toda su expansión, y su deformación envuelven al lector de las piezas.

Por lo que resulta inevitable y de rigor reseñar también la gran labor de traducción que lleva a cabo Pau Freixa con estos textos. No hace falta conocer el original polaco para darse cuenta de la dificultad que entraña la traducción de estas obras precisamente por ese uso tan particular del lenguaje. Trasladar esas filigranas lingüísticas del polaco al castellano respetando su sentido, su función y, en definitiva, su importancia, y hacer que suenen bien (algo fundamental para un texto teatral) nos provoca una sincera admiración por el trabajo de traducción que ofrece Freixa en esta edición.

Ambos textos son lecturas más que recomendables para los amantes de la dramaturgia contemporánea, en este caso polaca, y más cuando nos la acercan de manera tan cuidada. Y esperamos también que no sean las únicas obras de Dorota Masłowska que tengamos la suerte de leer en castellano.

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