El surrealismo manifestado en ‘Los últimos días de París’

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El surrealismo cobra vida en la nueva novela de China Miéville, Los últimos días de Nueva París, de la mano de Nova. Un libro de ciencia ficción que reconstruye la Historia: en los años cincuenta, la Segunda Guerra sigue en pie y los surrealistas, siempre subversivos, tratan de liberar París. Demonios y manifestaciones de obras surrealistas hacen que este conflicto tome un cariz mágico e intrincado. Entendiendo la situación como surrealista —siguiendo lo que se entiende hoy en día con ello: irracional, absurdo—, es lo que nos encontramos entre las líneas de acción de esta obra.

Thibault, surrealista perteneciente al grupo La Main à plume (referencia a la publicación conjunta que mantuvo unidos a los surrealistas durante la Ocupación —1941-1944—, momento en el que Breton se refugió en América), es un absoluto conocedor de la historia del movimiento parisino: los manifiestos, las revistas, las obras, los integrantes de la “secta parisina”. Junto a sus compañeros, el joven Thibault intenta luchar contra los nazis que ocupan la Francia de Vichy. Sin embargo, superado por esta situación intentará huir de París y dejar atrás el sufrimiento de una batalla que ya dura demasiados años, lo que desembocará en alianzas con las personas menos esperadas. Los últimos días de París recoge esta historia, la de este muchacho surrealista que quiere seguir viviendo, pero que las consecuencias de la guerra le abruman.

Hace cien años que Guillaume de Apollinaire acuñó la palabra ‘surrealismo’; en esta novela podemos adentrarnos en un París donde estas obras cobran vida y se mueven con libertad: la Ciudad de la Luz es “cadáver exquisito” compuesta por manifestaciones de obras surrealistas diversas, aderezada con demonios. La situación queda definida así: “—De los demonios a Bosh, a Dalí —dice— De él a todo esto. A los manifiestos”. Estas menciones a las diversas manifestaciones surrealistas le otorgan a la obra una gran plasticidad. Las referencias se recogen al final del libro, a modo de listado, donde se explican las referencias y se menciona al autor (lo que resulta un incentivo para adentrarse en el movimiento “inconsciente” que lideró Breton).

Así pues, entre los autores y la obras que aparecen y se mencionan en este libro encontramos —gratamente para la cultura española— a grandes autoras como Maruja Mallo o Remedios Varo y a sus respectivas obras. También encontramos a Leonora Carrington y a otras muchas mujeres relacionadas con la Vanguardia. Tampoco hay que olvidar a esos grandes nombres surrealistas que más han transcendido: Salvador Dalí, André Breton, Man Ray y un largo etcétera. Giros en la trama, surrealismo andante en una ciudad con un aura mágica, misterio, metaliteratura… todo ello constituye una gran novela que hace resurgir las Vanguardias, creando un mundo del cual quieres saber más. La imaginación de China Miéville no decepciona y la lectura de Los últimos días de París resulta adictiva.

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