El síndrome de Peter Pan

0
201

Madrid crece cada día como ciudad sin que apenas sus habitantes lo aprecien en toda su dimensión. Devora y consume el pasado más caduco, nuestro pasado, su pasado. Se despoja así de un complejo de inferioridad eterno, que ya en su momento Tierno Galván solicitó de forma encarecida destronar del diccionario urbanita.

Madrid siempre vivió en el furgón de cola de las grandes ciudades europeas como Londres, París, Roma o Berlín; y ahora que disfruta de una espectacular transformación, que se moderniza de forma ejemplar, sus ciudadanos no somos capaces de digerir tal proeza y continuamos anclados a los más absurdos complejos.

La capital española cuenta con unos transportes públicos que son ya la envidia de todo el viejo continente y de muchas capitales del mundo. Con un metro moderno, barato, rápido, cálido y limpio; que cuenta con una red de estaciones digna de mención. Amén de una flota de autobuses que se adapta día a día a las nuevas energías renovables y que cuenta con espacios de gran habitabilidad.

A pesar de ello, la mayoría de los madrileños preferimos seguir utilizando el transporte privado, nuestros bonitos y cómodos vehículos que nos llevan y nos traen de puerta a puerta. Sin importarnos las interminables horas de atascos que soportamos al volante o buscando un sitio donde aparcar para acudir sin tiempo y con estrés a una cita, al trabajo, a la universidad o al hogar. Es un síndrome incorregible.

Como los ciudadanos no somos capaces por sí solos de tomar conciencia de ello, son las autoridades públicas que nos gobiernan las que deberían tener el valor de adoptar medidas aún más drásticas de las que se toman ahora. Por el bien de la ciudad, de la contaminación existente, de nuestra salud y de nuestro bienestar.

Medidas como la peatonalización completa de todo el casco antiguo de la ciudad, dando acceso en exclusiva al transporte público y a los vehículos privados de residentes tan sólo a aquellas vías principales que así lo demanden. Esto daría lugar a la apertura de nuevos espacios públicos más limpios, humanos y sociales.

Por otro lado, sería necesario establecer una tasa monetaria para aquellos ciudadanos que deseasen acceder con su vehículo particular al perímetro central de Madrid tras la M-30, para reducir así sobremanera el denso tráfico que soporta la ciudad a diario. Algunas metrópolis en el mundo ya han adoptado esta medida con gran éxito, y los resultados son excelentes ya que se recupera la urbe para el peatón, para el transporte público de superficie y para los transportes no contaminantes.

Una medida que muchos consideran privatiza la ciudad porque sólo podrían acceder aquellas personas que cuentan con un alto poder adquisitivo, pero nunca más lejos de la realidad. Aquellos que pueden pagar su tasa, los menos, estarían contribuyendo económicamente a las arcas municipales para mejorar infraestructuras, servicios sociales o creación de nuevos espacios verdes; por lo que todos podríamos beneficiarnos de un espacio mejor, sin tanto tráfico, con vehículos privados dotados de los últimos avances en energías renovables y más limpias que el Ayuntamiento debería entonces obligar a adquirir a aquellos que disfrutasen del privilegio de circular por el centro.

Una vez realizado un paso tan gigantesco, se podría activar aún más la vida cultural, con la creación de nuevos espacios para el teatro, la música o la danza, además de recuperar otros locales con solera. Continuar con el ejemplo que se está tomando en el Barrio de las Letras y trasladarlo a otro barrios de la ciudad para su modernización es otro de los pasos lógicos en un Madrid que desde hacía algunos años perdía en dinamismo y modernidad.

Es el momento de ponernos en marcha, de hacer algo más por nuestro Madrid, de involucrarnos ahora, porque después quizá sea demasiado tarde. Es el momento de inhibirnos absurdos complejos de inferioridad y admirar para siempre lo nuestro. Es el momento de dejar atrás el síndrome de Peter Pan que sufrimos los ciudadanos de Madrid, porque la ciudad ha madurado y se ha hecho mayor, nosotros no.

Compartir
Artículo anteriorGaspar Llamazares, líder de IU: “Hay una obligación del Gobierno español con el pueblo saharaui”
Artículo siguienteSin dueño

Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

1 Comentario

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. El centro de la ciudad debe de ser para los peatones. Sería una forma mucho más agradable de disfrutar de calles tan admirables como Gran Vía.

  2. Hay un candidato a alcaldía que proponía peatonizar la Gran vía, es difícil, pero es una gran idea. Pero si Gallardón ha tenido cuatro años para destrozar Madrid, porque no va a ser posible hacerlo con la Gran Via…
    Para ser una ciudad moderna y europea a Madrid le queda mucho, siento no estar de acuerdo. Le falta que no se inunde la M-30 nueva, principal obra del faraón, le falta el metro 24 horas los fines de semana, le falta tranvía, le falta la limpieza característica europea… en fin podría seguir, pero esto es nada más que un comentario…

  3. creo que es una manera muy crítica de ver a los ciudadanos de madrid, pero efectiva como rebulsivo, no esta mal.
    En cuanto a lo que dice David, si una ciudad es moderna por tener un metro 24 h. los fines de semana mientras se cae a cachos, o por tener tranvía, pues q baje dios y lo vea. no falta razon en lo de la limpieza, pero de eso deberíamos contribuir todos. y lo de la M30 pues ya es algo sin comentarios, porque lo de Gallardon es de película, como decían las malas lenguas, estara rezando para que no vuelva a llover…

Dejar respuesta