El ser humano, esa especie extraña

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Hace muchos años vi en una película, en mí mente es la del Sexto Sentido pero creo que es un farol neuronal, en la que había una terapia psicológica que consistía en: cerrar los ojos y escribir en una hoja lo que fuera. Más bien era mover la mano y no pensar, para comprobar qué escribía el subconsciente o algo así. No sé si es una terapia o un síndrome y dudo sobre si es real o ficción. Sin embargo el psicólogo conseguía curar al enfermo gracias a esto.

Cierto, parece un inicio de artículo muy vago y desde luego, poco documentado. Pero es que hoy he decidido cambiar, momentáneamente, de oficio. Durante cinco minutos (o diez) voy a ser escritora. Y me las voy a dar de importante porque no voy a usar la regla mágica de la escritura: inicio, nudo y desenlace. Por ello aviso a personas que no sepan seguir un texto no lineal que no se esfuercen, puesto que este texto es más un batiburrillo de pensamientos propios de quien escribe, que un artículo periodístico del género que sea. Sinceramente, estoy de vacaciones y me ha apetecido mucho ser creativa o al menos no ser habitual.

Así que cierro los ojos y dejo que mis manos tecleen. Por cierto, un paréntesis, que pena que ya no se escriba tanto en papel con lo bonito que es. Prosigamos. Últimamente he tenido el gusto de practicar el psicoanálisis con amigas, se lo recomiendo es más barato, aunque no sé si más efectivo. Durante estas charlas me he vuelto a reencontrar con un pensamiento antiguo: la grandeza del ser humano. Nunca conoceré un animal como este. Jamás nada causó tanta impresión en mi como el proceder humanoide. Mi propio proceder.

La característica más maravillosa y peligrosa de este espécimen es su imaginación, capacidad que le permite idear las cosas más bellas, originales, útiles, creativas, alegres, placenteras, etc. Y el poder de idear cosas horribles, monstruosas, crueles y dolorosas. Es un arma de doble filo bastante peligrosa si no se usa con mesura. Es una capacidad que puede nublar el juicio más sensato y llevarnos a situaciones complicadas. Esto se contrarresta con la lógica, es esa vocecita que nos dice repetidas veces “no te engañes”, esa misma de la que pasamos tantas veces. ¿Dónde podemos hallar, con gran claridad, dichas cualidades en enfrentamiento voraz? En las relaciones sentimentales del tipo que sea.

Las amistades, los noviazgos, matrimonios, hermanos, primos, tíos, conocidos, etc. Ese juego tan sutil o tan simple que todos tenemos. Donde no solo importan las palabras, sino que imperan los hechos, los tonos, los sentimientos, sensaciones y sobre todo los miedos. Porque la soledad elegida es buena, pero la impuesta es muy mala. Y a la postre, todos tenemos miedo a que no nos quieran. Ese miedo nos convierte en seres imaginativos, extremadamente lógicos o absurdamente cobardes. En este tipo de relaciones podemos ver diferencias entre sexos muy claras, o al menos yo las veo. Diferencias que convierten ciertos rituales en algo entretenido de observar. ¿Cuántos hombres habrán oído decir a una mujer aquello de “no es lo que has dicho, sino como lo has dicho”? Imagino que muchos, yo misma la he soltado. Y sí, importa. Para la mayoría de los machos alfa este comentario es una memez. Pero en realidad es una carencia, pienso yo. No sé si es muy científico y si es verdad pero creo recordar que la mujer tiene una mejor percepción para los tonos de voz por necesidad biológica, no lo aseguro al cien por cien. Una madre es capaz de, sin ver a su hijo, saber por el llanto que requiere o pide el bebé. Creo que ellos no pueden. Por ende, la mujer le da más importancia al como que al que. Antes de seguir, hablo en términos generales. Mientras que a la mayoría de hombres solo les importa el que. Esto es una fuente constante de conflictos. A ellos les pierden las formas, según ellas, y ellas están paranoicas, según ellos.

Es especialmente en situaciones de conflicto donde la imaginación, la lógica o la cobardía hacen su papel estelar. Quien es imaginativo, o le da por ahí, saca mil posibles razones a lo ocurrido y mil quinientas posibilidades de que se arregle o se estropee. Quien es lógico, los menos, consiguen ver con claridad y actuar en consecuencia. Y los que son cobardes, la mayoría y me incluyo, agachan las orejas y deciden no hacer nada hasta que sea inevitable. En los razonamientos y análisis de todos ellos hayamos otro factor clave: las excusas. Cuando los problemas van unidos a lazos sentimentales, más que buscar conclusiones inventamos argumentos, a veces insostenibles, para: decir a los demás lo que no es y nos gustaría, convencernos a nosotros mismos de que no es como realmente se ve y para acallar esa maldita voz que nos impide creernos nuestras propias mentiras. La culpa nunca es nuestra, siempre hay un “alguien” o un “algo” que explica claramente que hayan salido así las cosas. Y quien no lo vea…es tonto, hala.

Creo que alguna vez lo he puesto como ejemplo y cada vez lo tengo más claro. El plato que quema. Llega el camarero sujetando el plato con un trapo y al ponerlo en la mesa avisa, amablemente, de que puede quemar o de que seguramente queme. Sin embargo, la mayoría de los mortales, que no tiene dudas de que es así, siente la irremediable tentación de querer comprobarlo. Estiran un dedo y despacio tocan el borde para terminar quemándose y diciendo: “pues si que quema, sí”. Muy pocos son los que no hacen esta tremenda estupidez. Bueno pues en las relaciones pasa lo mismo, nunca estamos tan ciegos como para no darnos cuenta de las cosas que no funcionan con los amigos, parejas o familias. Sin embargo acallamos todo resquicio de duda que nos plantean o que nos planteamos nosotros mismos.

El ingenio se agudiza en estas situaciones porque: todos sabemos qué quiere oír el otro, como endulzar la situación, como no causarla o como evitarla y sobre todo, que hasta que no duele mucho, cuesta cortar el cordón. Encontrar a quien sabe estar en la virtud, en el medio, en este tipo de cosas es muy complicado. Conseguir ser uno de esos privilegiados es casi imposible, pero hay que intentarlo. Porque esto es una cadena donde todo se acrecienta según como actuemos. Ejemplo: esos chicos que durante las primeras citas o los primeros meses no hacen más que decir lo que saben que funciona y actuar de la manera que nos gusta y después se quejan de que ellas esperen lo mismo o más. Esas chicas que creen que a los hombres se les ha de domar y lo hacen con mentiras o contándoles una verdad a medias. Porque al hacerlo animamos a la imaginación, la lógica o la cobardía. Pero en el momento de claridad de la otra persona originamos una herida que no sana fácilmente, si llega a sanar. Porque al igual que en la piel, en el corazón también quedan las marcas del dolor.

Y así funcionamos, lo hemos hecho y seguiremos haciéndolo. Me parece asombroso saber que el peor enemigo del hombre es él mismo y al mismo tiempo es su mejor apoyo. Es un “ni contigo ni sin ti” constante y repetitivo. Por ello me fascina y me crea incredulidad, no es posible que la especie dominante nunca aprenda.

Fuentes de las imágenes:
www.sanrevega.blogspot.com
www.guidoluis.com
www.radio.rpp.com.pe
www.retroalimentacióndelser.blogspot.com

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