El Rugby, ese gran desconocido

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A lo largo de estos últimos años estamos siendo testigos de los grandes resultados que están cosechando diferentes deportes de este país. La selección de fútbol se ha convertido en la mejor del mundo, tenemos cada vez más jugadores en la NBA, Rafa Nadal sigue siendo un portento y el mejor tenista español de los últimos tiempos, el jóven piloto Jaime Alguersuari es el nuevo español que acompaña a Fernando Alonso, De la Rosa y Marc Gené en la Fórmula 1, y la lista podría seguir. En ciclismo, y a pesar de los últimos escándalos, España sigue siendo una potencia, al igual que en secciones como el fútbol sala o el hockey patines.

Sin embargo, existe uno que parece haberse estancado, o incluso no haber despegado directamente. Estoy hablando del rugby. El gran problema que existe en España es la escasa cultura que existe de este deporte, aunque cada vez son más los que se animan a jugar y las fichas federativas van en aumento. Al tratarse de un deporte amateur, la precariedad económica que viven muchos equipos hace que sea muy difícil que los jugadores se dediquen por completo a él. Como además no cuenta con la atención de los medios es muy difícil encontrar patrocinadores que ayuden a hacer crecer el mundo del rugby español.

El noble deporte del oval, cuya esencia fue definida en la última película de Clint Eastwood ‘Invictus’ como un deporte de villanos practicado por caballeros. La dureza del juego y la aparente violencia -solo eso, mera y simple apariencia- que se producen en los partidos hace que el rugby sea tildado de un deporte para burros y sujetos de pocas luces. Bajo estos prejuicios han caído personajes ilustres como el genial escritor Óscar Wilde quién creía que lo mejor del rugby era que servía para que treinta energúmenos abandonaran la ciudad cada fin de semana. Y nada más lejos de la realidad. Se trata de un deporte de contacto, no violento. Para explicarle a una persona que no conoce este deporte hay que ser muy paciente. Entiendo que desde fuera pueda parecer un juego anárquico, con auténticas moles dándose golpetazos por un pequeño balón que se les escurre de las manos a la mínima. Pero es mucho más complejo que eso, pues es el deporte por equipos que más reglas tiene. A pesar de la rudeza que le caracteriza, estamos hablando de un deporte de señores, si de señores, donde prima lo colectivo sobre lo individual y en el precio que pagas por la entrada no entra la bajeza de insultar al rival. Cuando existe un golpe de castigo para un equipo, ya sea el que juega como local o el que rinde visita, asombra el silencio que se produce en el estadio en señal de respeto hacia el que lo va a ejecutar. No conozco un deporte tan solidario como este. Vas a limpiar el ruck con todas tus fuerzas cuando ves que la delantera rival se lleva por delante a tus compañeros de equipo. Tiene coraje, garra y algo de temeridad, buscas la línea de ensayo por encima de todas las cosas, aunque estas sean morlacos de más de 100 kilos. Hay fortaleza física y sobre todo mental, que es con al que aguantas los golpes del rival. Existe además un gran orgullo de llevar la zamarra que portas.

La dureza de su juego puede echar para atrás a muchas personas, de ahí ese concepto de bruto que se tiene del jugador de rugby. Sin embargo, desde que lo sigo y lo practico me he podido dar cuenta de la unidad y la nobleza que este deporte legendario irradia. Una de las mejores sensaciones que tengo cada semana es la piña que mi equipo y yo formamos antes de cada partido, las risas en el vestuario cuando éste ya ha finalizado, la confraternidad que existe en los terceros tiempos y el poder decir con orgullo que eres de esos bichos raros que en España juega al rugby.

Fuentes:
http://cuestionentrerriana.com.ar/rugby-tiempo-de-interuniones/
http://traslalineademarca.wordpress.com/

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