El rugby de Irlanda: una historia de aperturas

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21 de marzo de 2009, cuatro días después de la festividad de San Patricio. El corazón de Irlanda late en Cardiff. En la tribuna del flamante estadio Millenium de Gales se sientan las figuras más representativas del vecino celta. Mary McAleese, la presidenta de la República, ha cruzado el mar de Irlanda y escucha los himnos nacionales junto al príncipe Guillermo. Cerca de las butacas que ocupan los soberanos se sienta un anciano de pelo blanco y gafas, vestido con traje oscuro y bufanda verde. La realización de televisión vuelve sobre él cada pocos minutos. Es una estrella más del epílogo del Seis Naciones. Como las bandas militares, el ambiente en la grada y los treinta hombres que pisan la hierba. Jack Kyle (Belfast, 1928), el héroe del Grand Slam de 1948, único en el palmarés del quince del trébol, asiste al encuentro. Su selección acaricia el pleno; Gales intentará repetir la victoria en el torneo del año anterior. Han pasado más de sesenta años del Grand Slam.

Kyle es el cerebro de la edad dorada de Irlanda, la figura más importante del rugby europeo de la posguerra. El combinado celta se corona tras ganar los cuatro partidos del (entonces) Cinco Naciones de 1948. En Año Nuevo conquistan París (6–13) y en San Valentín, Londres (10–11). Sendos triunfos frente a Escocia (6–0) en Dublín y Gales (6–3) en el estadio Ravenhill de Belfast, certifican el torneo íntegro. (La puntuación que recibe cada ensayo, transformación y golpe de castigo ha cambiado, circunstancia que explica los bajos guarismos de los resultados). Después suma los títulos de 1949 y 1951. El número 10 de aquel equipo se retira con 56 internacionalidades, cifra récord para la demarcación de apertura y marca vigente hasta 1992 –cuando la rebasa el inglés Rob Andrew–. Viste la camiseta verde durante 12 cursos, participa en ocho partidos de los Barbarians (una suerte de selección mundial) y en la gira de 1950 de los British Lions (el equipo de las cuatro naciones de las islas británicas) alrededor de Australia y Nueva Zelanda.

Jack Kyle patea delante del galés Roy John, el 10 de marzo de 1951 en el Cardiff Arms Park./ Obra derivada de Frederic Humbert (CC), desde ‘Great Rugger Players 1900–1954'.
Jack Kyle patea delante del galés Roy John, el 10 de marzo de 1951 en el Cardiff Arms Park./ Obra derivada de Frederic Humbert (CC), desde ‘Great Rugger Players 1900–1954′.

Tras las gestas de Kyle hay una nación prolífica en hombres de letras. El propio Jack es un lector ávido. Prensa y rivales se refieren a él como The Ghost. El poeta Louis MacNeice, norirlandés anglicano y una de las plumas más brillantes de la poesía británica del pasado siglo, cuenta que haber jugado al rugby como Kyle es su deseo vital pendiente de cumplir. Paul MacWeeney, redactor en The Irish Times, le dedica un soneto inspirado en el personaje de La Pimpinela Escarlata: They seek him here, they seek him there / Those Frenchies seek him everywhere / That paragon of pace and guile / That damned elusive Jackie Kyle. En enero de 1953, Irlanda arrasa a Francia (16–3) en Belfast con una actuación memorable de su estrella.

La fama persigue al número 10. Kyle se retira en 1958, con 34 años. Emigra porque quiere ser algo más que una estrella de su deporte. Se gradúa en Medicina y decide ejercer lejos de su tierra natal. Primero se instala en el sudeste asiático; después llega a Zambia, en el corazón de África. El cirujano Kyle, profundamente católico, se marcha a las regiones más míseras del planeta: colonización, pobreza; descolonización, pobreza. Dedica su vida al cuidado de los otros. Chingola, una ciudad minera del norte de Zambia, es el hogar del rugbier durante su exilio voluntario.

Casi cuatro décadas después, Kyle vuelve a casa. El mito retorna en el 2000, jubilado de un larguísimo voluntariado. El regreso del misionero coincide con el resurgir de la selección de rugby. El anciano Kyle es nombrado el jugador más importante de la historia del oval en Irlanda en 2002. Son años de reconocimiento para el mito y de crecimiento para un equipo nacional que se perfila importante en el futuro corto. Hay un segundo centro llamado a liderar al trébol, Brian O’Driscoll. Y un 10 ligero, elegante y excelente pateador, Ronan O’Gara (San Diego, 1977). A su lado, los John Hayes, Paul O’Connell, Donncha O’Callaghan, Gordon D’Arcy, Jamie Heaslip, Rory Best, Andrew Trimble o Mike Ross.

Pero al tigre celta se le resisten los éxitos. El último Cinco Naciones irlandés data de 1985. La verde conquista la Triple Corona frente a las Home Nations en 2004, 2006 y 2007, pero Francia le aparta del título. En 2009 llega al último partido con el trofeo y el Grand Slam en el alambre. Ha pasado San Patricio pero hay que seguir rezando. Oraciones para el patrón de una nación católica como pocas, plegarias para pedir su intercesión en la flamante pradera de la capital galesa. La segunda generación dorada juega para hacer historia. Sólo necesitan un triunfo más, no vaya otra mala tarde a arruinar un gran proyecto.

Irlanda manda en el partido. Despliega físico, dureza, pasión y llega al descanso por delante. Pero cuando quedan diez para el final, Gales toma la delantera en el marcador. El visitante sufre, le visitan sus fantasmas. Restan poco más de dos para el 80. Empuja la delantera verde, cerca de la línea de ensayo. Peter Stringer, siempre mandón, siempre expresivo, atrasa el oval para O’Gara. Recibe el que nació en San Diego, en la remota California, y patea, anota y devuelve a los suyos la ventaja en el electrónico. En la jugada siguiente Stephen Jones, apertura local, tiene en su pierna derecha el partido. El golpe de castigo, a 50 metros de palos, se queda corto. Irlanda es campeona (15–17).

Ronan 0'Gara, el 14 de marzo de 2009 en el estadio Murrayfield de Edimburgo./ Rugby Streaming (Flickr).
Ronan 0’Gara, el 14 de marzo de 2009 en el estadio Murrayfield de Edimburgo./ Rugby Streaming (Flickr).

Antes de la victoria definitiva, cuatro más: en Dublín frente a Francia en el partido inaugural (30–21) e Inglaterra en la tercera jornada (14–13), y dos de visitante en Roma (9–38) y Edimburgo (15–22). Gloria a O’Gara, que anota el drop decisivo. Es el drop de San Patricio, como reza la crónica de Fermín de la Calle en As. El organizador indiscutible de la Irlanda del nuevo milenio rubrica el Grand Slam. O’Gara es la respuesta a la insolencia inglesa: tutea al infinito Jonny Wilkinson, calca su capacidad anotadora y le gana en no pocos partidos. Para el recuerdo, la paliza infligida al quince de la rosa en Croke Park en 2007 (43–13), con los súbditos de su majestad arrasados sobre la hierba del templo republicano. Irlanda juega sus partidos de local en la casa del deporte gaélico; Lansdowne Road permanece cerrado entre 2007 y 2010.

O’Gara y Kyle son los aperturas de los selecciones irlandesas ganadoras del Grand Slam. Tras el segundo, Kyle rememora el primero, en el invierno de 1948. “Aquel fue nuestro gran año aunque entonces no imaginamos que la hazaña fuera tan grande”. También habla del segundo, el de Cardiff, en Conversations with My Father: Jack Kyle, el libro que escribió Justine Kyle McGrath, su hija. “Fue un gran día en el estadio Millenium, la sensación de emoción fue abrumadora y todo el mundo muy amable”. Está sorprendido de que la imagen que le muestra felicitando a O’Driscoll, nombrado mejor jugador del partido, se haya convertido en el icono de una noche histórica. “Espero que Irlanda disfrute este acontecimiento y que podamos vivir más Grand Slam en el futuro”.

Repite titularidad O’Gara en el inicio del Seis Naciones de 2010. En la segunda jornada, Irlanda visita París. Francia arrasa al trébol (33–10) y empieza a construir el que hasta ahora es su último título. En la jornada siguiente, Irlanda viaja a Inglaterra. El seleccionador Declan Kidney deja a la leyenda en el banquillo y confía la suerte de los suyos al empuje de Jonathan Sexton (Dublín, 1985). Irlanda toma Londres (16–20), Sexton rinde a buen nivel y propicia los dos ensayos de los suyos en Twickenham. Mantiene la titularidad hasta el final del torneo, pero la derrota en el epílogo ante Escocia (20–23) ensombrece una actuación global digna.

Sexton va retirando al ídolo y se perfila como el director de la selección en la segunda década del siglo. Por delante, el reto de hacer olvidar al gran O’Gara. En la siguiente edición del Seis Naciones, previa a la disputa del Mundial, el capitalino mantiene el puesto entre los quince de inicio. Irlanda debuta en Italia. Un drop del veterano O’Gara, que sale en los últimos minutos, salva el honor de los suyos (11–13). En la segunda jornada, Francia asalta Dublín (22–25). O’Gara vuelve a aparecer en el segundo período, saliendo desde el banquillo. Sexton se retira silbado por su hinchada y su reemplazo es recibido con una calurosa ovación. Aunque no puede salvar el partido sí reactiva a su equipo.

Son años de coexistencia, muchas veces difícil. Irlanda dispone de dos gigantes para un mismo puesto. O’Gara es leyenda, uno de los responsables de la resurrección del rugby del país. Sexton sigue como promesa eterna, un depósito de esperanza incapaz de hallar con la zamarra verde la regularidad que sí demuestra con su club. Para entonces, la rivalidad entre ambos traspasa la selección. Los duelos entre Munster, equipo del veterano, y Leinster, el de su sucesor, devienen en batallas feroces entre ambos. Duelos de estilos, duelos de supervivencia. Irlanda busca apertura en esos choques de la Liga celta y de la competición europea.

En la tercera jornada del Seis Naciones de 2011, O’Gara recupera la titularidad. Irlanda gana a Escocia (18–21). Repite en la cuarta pero caen derrotados en Gales (19–13). En la quinta y última jornada de un campeonato extraño para los celtas, Inglaterra, campeona virtual, visita el nuevo hogar del rugby irlandés, reestrenado frente a Francia. El estadio Aviva se levanta en el mismo emplazamiento del antiguo Lansdowne Road. Se puede aguar el Grand Slam al eterno enemigo. Sexton sale de inicio. Y firma una actuación colosal. Descose la defensa inglesa y, de paso, destroza las aspiraciones de Toby Flood, el 10 que parecía llamado a suceder a Wilkinson. Feliz fin de fiesta en Dublín (24–8).

Nueva Zelanda acoge el Mundial de rugby en el invierno austral. Irlanda gana todos sus partidos en la fase de grupos. También a Australia (6–15), referencia del hemisferio sur. Sexton es titular los dos primeros partidos, contra Estados Unidos y los wallabies, y O’Gara en los otros dos, frente a Rusia e Italia. Kidney diseña un reparto cartesiano, casi exacto, de roles, responsabilidad y minutos. En los cuartos de final aguardan Gales y su joven hornada. El preparador escoge veteranía y la apuesta sale cruz. El quince del dragón no da opción (10–22). En Wellington, capital neozelandesa, termina la era Kidney.

Jonathan Sexton durante el Seis Naciones de 2012./ Obra derivada de Ireland123 (CC).
Jonathan Sexton durante el Seis Naciones de 2012./ Obra derivada de Ireland123 (CC).

Los dos siguientes Seis Naciones son de Sexton. No son buenos para Irlanda, pero el sorpasso en la demarcación de apertura se confirma. A O’Gara, en el ocaso de su carrera, le queda un protagonismo menguante, cada vez más residual. En 2013 Sexton juega los dos primeros partidos de titular y, tras caer lesionado, Paddy Jackson, de 21 años, los tres restantes. En los últimos días del año O’Gara anuncia su retirada definitiva, tras 129 internacionalidades y 1.083 puntos. El futuro ha dejado de pertenecerle.

Sin la sombra de su némesis, Sexton firma en 2014 el mejor año de su carrera como apertura del equipo de Irlanda. Su equipo conquista el Seis Naciones cinco años después y lo hace ganando en Francia. El guía verde destaca y anota en momentos clave. O’Driscoll, que se despide, es nombrado jugador más valioso del partido. La historia de 2009 se repite: los aperturas son decisivos pero el genio de BOD desborda la final. Jonny explota sus mejores cualidades durante un curso histórico para su selección, que se cierra con nueve victorias –Australia, Sudáfrica y dos veces frente a Argentina en casa de los pumas, entre otras– y una única derrota en Inglaterra (10–6). Es duro y total, férreo en el placaje, capaz en labores defensivas, dinámico. Es un jugador diferente al pulcro y elegante O’Gara.

El debate alrededor de los dos grandes aperturas de la Irlanda contemporánea continúa. Seguirá muchos años más. Siempre habrá una gesta que contar para elevar a cualquiera ellos. Kyle, el viejo Kyle, disfruta de ambos. El Ángel del Norte, como lo llama Juanjo Vispe durante la retransmisión del Gales-Irlanda de 2009, tiene en esa (poco bien avenida) pareja su continuación natural. En la posición de 10 está el hilo conductor del éxito irlandés, un relato interrumpido durante más de medio siglo. Kyle, O’Gara y Sexton, una terna para la posteridad. El pionero muere el 28 de noviembre de 2014 en Bryansford, Irlanda del Norte, a los 86 años.

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