El rondo, ese gran entrenamiento

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Se presumía el mayor de los espectáculos del mundo, de la historia, del planeta y demás exageraciones, y en parte no estaban equivocados. El único error fue que nadie especificó que el dador de dicha exhibición fuera sólo uno de los dos equipos. Pero vayamos por partes. Todo empezó mal, tanto para el Madrid como para el Barça, cuando el autobús de los blancos fue apedreado por ultras que, como siempre, cogieron a los de encefalograma plano en el casting. Los presidentes, en un gesto admirable, dieron ejemplo y llamaron a la calma para que un partido de fútbol no acabase en una guerra y en parte lo consiguieron. No hubo altercados violentos pero la tensión se palpaba en un Camp Nou a rebosar: pancartas contra Mou, Cristiano y demás frases célebres que, como si se tratase de una lista de la compra, los culés habían apuntado una a una para recordarlas en una venganza que sería muy dura.

Ambos conjuntos llegaban con mucha confianza, el Barça en su juego y el Madrid en su electricidad. Se presumía un choque estelar. Con la única baja de Higuaín todo estaba preparado, saludo frío entre los misters y a jugar. Y a jugar se pusieron, bueno once a jugar y otros once a correr (digo correr porque hubo madridistas que sudaron pero andar sería un término mucho más acertado para unos cuantos). Me gustaría acabar aquí porque no hace falta decir más, es decir, si un equipo sale a andar contra el Pep Team se sabe el resultado, pero aún así seguiré, por si algún despistado no sabe por dónde voy. El primer aviso fue de Messi al palo y luego llegaron los goles uno detrás de otro, así hasta 5 aunque pudieron ser bastantes más. Entre tanto y tanto alguna tángana, alguna decisión errónea de Iturralde (penalti a Cristiano, fuera de juego de Villa en el tercer gol o expulsión de Carvalho) y sobretodo un rondo interminable. En ocasiones parecía un entrenamiento en el que Guardiola había ordenado jugar al primer toque, pero eso no es lo peor, lo más grave es que los merengues seguían andando (igual querían disfrutar, quién sabe). Todo acabó mal, mal para al que el orgullo le pudo. Ramos pateó a Messi por detrás, una vez expulsado agredió a Puyol y más tarde despreció a Xavi, todos amigos cuando 30 segundos más tarde el árbitro pitó el final, pero no deja de quedarte un mal cuerpo.

En definitiva no hubo combate, sólo puñetazos contra la cara del mismo sparring. Una vez más ganó en que calló en los prolegómenos y gritó en el césped, el que confía en su gente y el que es compañero. Y así acabó todo, los culés contentos ante tanta belleza y venganza y los madridistas escudándose en los malos modos de ganar de Piqué y compañía. Un Clásico con un ambicioso ganador y con un impotente perdedor. Un Clásico que cierra bocas incontinentes y abre otras con ganas de gritar tras la templanza. Pero, sobre todo, un Clásico que no deja a nadie indiferente.

Fuentes de las imágenes:
http://www.imasfutbol.com

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