El revolucionario de la receta clásica

0
156

La dirección deportiva de Diego Pablo Simeone ha devuelto al Atlético de Madrid a la élite del fútbol doméstico y continental. El entrenador argentino lidera un plantel de futbolistas que crece desde el compromiso con el grupo y la competitividad máxima. Los suyos, más duros y voraces que ninguno, se sublevan contra el dominio bicéfalo en España y responden con orgullo a la dictadura del fútbol de posesión. Frente al jogo bonito, fe y concentración.

Diego Pablo Simeone (43), entrenador del Atlético de Madrid durante una rueda de prensa. Foto: Carlos Delgado (wikimedia)
Diego Pablo Simeone (43), durante una rueda de prensa. Foto: Carlos Delgado (wikimedia)

Poderosa anatomía detenta un Atlético de Madrid que apura el final de la primera vuelta liguera. Las cifras que jalonan el discurrir de los colchoneros antes del duelo contra el FC Barcelona (sábado a las 20.00 horas, Canal Plus) no admiten discusión: los de la capital son colíderes y sólo han dejado de sumar los tres puntos en dos de los 18 encuentros disputados. Los guarismos reflejan la realidad atlética; la de un bloque incontestable que apenas sufre peligro cerca de su arco y que tiene en Diego Costa a un formidable atacante, goleador y asistente.

Al vigoroso grupo que ha formado Simeone le acompañan todos los parabienes posibles. Resuenan alabanzas que se extienden por todo el orbe esférico. El mérito del técnico albiceleste es doble: su Atleti se erige como candidato para terminar con el bipartidismo que rige la Liga y además lo hace a partir de unos mimbres sencillos y una receta clásica pero rompedora. Cholo triunfa esquivando el dogma de la posesión, una suerte de pensamiento único dentro del fútbol español. El juego de sus pupilos, poco vistoso y limitado de imaginación, desafía al tan loado juego de toque.

Tanto el balompié nacional como su entorno más cercano abrazan con furor la combinación permanente y el manejo ininterrumpido de la pelota. Sin embargo, los de la ribera del Manzanares exhiben con orgullo un repertorio sin complejidad en lo artístico pero muy eficaz.  El éxito del Atleti no se sostiene sobre las maravillas de su juego. No hay alharacas ni florituras. Y no surge debate sobre la ausencia de preciosismo porque los excelentes resultados lo impiden. Las conquistas tapan cualquier duda. El equipo se ha convertido en una máquina perfecta de ganar.

No importa la calidad de las piezas, ni siquiera la factura de la obra: los rojiblancos solventan sus compromisos en cualquier circunstancia, aunque las más de las veces sea bajo la oscuridad del fútbol sin brillo. La eficacia en las dos áreas culmina una abnegada labor por todo el rectángulo de juego. El porcentaje de acierto frente a la portería rival convierte a la delantera atlética en una de las más eficientes del continente. Si el Barça acumula posesión y el vecino Real Madrid ocasiones de peligro, los de Simeone destacan en la presión continuada y la facilidad para concluir sus ataques en gol.

Emotividad, inteligencia y competitividad son las normas de conducta obligada que ha inoculado Simeone a los suyos. Los alrededor de veinte futbolistas habituales y la fiel afición del Calderón se han instalado en una luna de miel sin fin. La comunión entre la cancha y la grada es total. La animosa hinchada atlética se reconoce cuando mira la hierba. Su equipo es un prodigio de atributos y raza, cualidades propias de una época anterior. Mientras otros conjuntos confían su devenir al talento, el actual Atleti se construye desde la viveza y la concentración.

El Atleti del Cholo es la respuesta al paradigma dominante. Florece a orillas del Manzanares la contracultura, un fenómeno contestatario. La escasez de buen gusto la solventa el libreto del preparador con el argumento primitivo del fútbol de competición: el triunfo es la meta definitiva. El camino hacia el éxito no es relevante, sí su conclusión satisfactoria. Cada cima hollada, como la Copa del Rey de la pasada primavera, el triunfo liguero en el Santiago Bernabéu y el actual liderato compartido, refuerzan la ascensión imparable de los colchoneros. Un camino sin límites con un estilo inesperado.

Dejar respuesta