El resquicio de luz en la oscuridad: V carta de Izaskun al Aya Regina

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Estimada amiga:
Quisiera que, por una vez, mi carta tratase sobre nuevos Iratxos en el medallón de Lauburu de Ícaro o del fin de las comunicaciones macabras de Luna pero de nuevo tengo que centrarme en esas visiones que estoy experimentando desde que salimos de la patria. Sí. Otra vez he vuelto a aparecer inmersa en la realidad de esa mujer que ya te he comentado. Por cierto, he descubierto que se llama Virginia.
La verdad, no sé si su espíritu me está poseyendo o es que mis sospechas son ciertas y soy su alma reencarnada. El caso es que ya comienzo a sentirme dentro de ella e incluso casi me identifico.

Antes de que abandones la lectura espantada, te diré que en esta visión en concreto por fin dejo de contemplar cómo la tortura ese horrible tribunal de la Inquisición tan típico en Jetruvia. ¡La angustia de escuchar sus desgarrados gritos comenzaba a atormentarme seriamente, querida! ¡No sabes cómo deseaba recogerla entre mis brazos y calmarla! Pero, gracias, no sé si a tu dios cristiano o a mi diosa Mari, la violencia ha terminado y creo que esta visión refleja un hecho anterior a esos tormentos. ¿Por qué? Bueno, ella se me revela sana, optimista, jovial y sonriente. ¿Sonriente? ¡Pero si siempre la he vislumbrado moribunda y destrozada! ¿Recuerdas cómo me alarmó la primera vez su aspecto? Pues ahora incluso se la nota esperanzada…

En fin… Primero de todo te sitúo en el lugar de esta comunicación: de nuevo los cerrados aposentos de su auto impuesta clausura; otra vez la estancia retirada, oscura y melancólica. Si no te acuerdas, te la describí con detalle en esa carta en la que el rey Nervión de Jetruvia trataba de convencerla para ser la encargada de darle un heredero… ¡Valiente insolencia para un casado cristiano!

Voy a dejarte las notas que fui tomando a toda prisa en el transcurso de mi visión. Estoy segura de que falta algún detalle pero si no lo he apuntado supongo que será porque carece de importancia. Las conversaciones de Virginia cada vez me inquietan más pero no sé por qué hay algo en mí que me obliga a que se sepan y como no tengo a quién contárselas…

Al principio ella se encontraba traduciendo para el Clero ese inacabable libro sagrado vuestro, sentada en su escritorio de cara a la ventana, y de nuevo Nervión- al que, te digo en confianza, jamás tomaría en consideración como amigo por muy rey que sea- se la acercó por detrás, de esa forma tan tétrica y sigilosa que tiene de hacerse notar. Te confieso que cada vez que se reúne con ella me temo que vaya a mancillarla según los términos de vuestra religión porque siempre la dirige unos gestos y una mirada tan repugnantemente lascivos… aunque esta vez le vi muy decaído, mucho más que la última. Supongo que será por la derrota ante Rosespina.

Simplemente la interrumpió en su tarea y le pidió consejo, con la boca… y con las manos, a pesar de que ella no hacía sino rechazarle de la misma forma con esa mirada mezcla de terror y reparo que la caracteriza cuando lo hace…

– Son escandalosos, Virginia, completamente escandalosos… ¿Cómo pretende el rey de Rosespina que Jetruvia pague semejantes tributos?
– El precio… de la guerra perdida…
– ¡Todos decían que venceríamos! ¡Jetruvia entera estaba convencida! ¿Por qué…
– Supongo que el orgullo de saberse triunfadores fue lo que precipitó a sus hombres, Majestad… Pienso que Dios no aceptó semejante soberbia sin contar previamente con su complacencia.
– ¿Dios? Virginia… – en este punto rebajó la voz, melancolizó los ojos y la acarició el cabello.- Fui yo… el que… no debió… continuar con…
Como te decía, ella se estremece cada vez que muestran un mínimo de ternura carnal así que esta vez no iba a ser diferente… Pero el rey no se percató y sólo se preocupó de sus propios sentimientos.
– Con Alonso esto… no habría ocurrido…
– Alonso fue el mejor soberano de Jetruvia. Pero su reinado fue largo y usted no ha hecho sino comenzar su camino. Quizá los mayores triunfos le esperen en fechas más tardías. ¿Sabe lo que creo? Dios en el fondo intenta ayudarle. Sé que le resultará una locura pero piense en lo positivo de haber sufrido una derrota tan pronta. Así podrá enmendar los errores que ha cometido y la próxima vez podrá valerse de su nueva experiencia para encarar mejor el mando- sonrió muy dulcemente.
– El problema es que no sé en qué he podido equivocarme…
– Sospeche de cada palabra aduladora, de cada promesa futurible que no ofrezca garantías claras, de cada principio desviado… Sospeche de las falsas motivaciones y, sobre todo, de los caminos aparentemente fáciles. En esta vida la plenitud se logra por la paciencia y el sufrimiento, no por el placer inmediato.
– Lo suponía… La culpa, según tu razonamiento, la tienen mis consejeros por embaucarme… Pero, créeme, Virginia ¿qué habrías hecho tú? Sus palabras se escuchaban tan seguras, tan cuidadas, tan…
– ¿Argumentadas? Si no es así me temo que la culpa la tienen tanto ellos como usted al dar crédito y confianza a su falsa retórica. No olvide el octavo mandamiento…
– Gobernar es mentir y a veces es creerte las mentiras a sabiendas aunque quizá eres demasiado pura como para que tu cabeza llegue a comprenderlo…
En este instante la besó en la nuca. Pero no te creas que ella reaccionó con gusto sino que se aterrorizó tanto que incluso dejó de escribir.
– Mi señor… El luto… No puedo…
Nervión reaccionó mal a mi parecer a ese ruego porque se apartó bruscamente de su lado y se dirigió entre enfurruñado y abatido a mirar por la ventana. No te lo había dicho pero la escena se desarrollaba durante una de esas noches oscuras en las que sólo se observa la luna raquítica y alguna que otra estrella fugitiva de las nubes. El rey se quedó precisamente observando esa luna que te comento y Virginia volvió a sus traducciones.
– ¿Sabes? A veces me siento realmente solo aunque me rodee toda la Corte…
– El manto de la falsedad…
– Sí… Aunque quizá no merezco más complacencia por parte alguna… porque ni siquiera lo que más deseo puedo poseerlo… Mi vida es como este cielo tan sombrío…
Virginia abandonó su labor, supongo que turbada por la incipiente depresión de su rey, y fue a asomarse a la misma ventana, consecuentemente separada de Nervión, por supuesto.
– Es cierto que lo dominan las tinieblas… pero fíjese en los luceros… Nos recuerdan que en todo momento oscuro existe un resquicio de luminosidad en la vida. Permítame la inmodestia de ponerme como muestra: a mi soledad la mitigan mis pequeños y a si acaso llegan a atormentarme el pesimismo, me consuela saber que estoy haciendo lo correcto.
– A mí los luceros me inspiran otra metáfora… la tuya.
– ¿La mía?
– La Corte es ese manto tenebroso de inmoralidad que rodea Jetruvia y me desalienta… y tú el astro que lo remedia… mi ángel de luz
– ¿Ángel de luz? Es curioso… con ese mismo nombre me ha dicho mi niña que me ibas a describir en un futuro… Ya sabes que Dios le concedió la gracia de prever los impulsos y parece que ha acertado… aunque no me lo imaginaba tan inmediato…
– Niños… A mí la única chiquillada que me interesa en este momento es la tela de araña que está formando Lahore… No debería agraviar tus oídos con sus historietas pero esa mujer se asemeja más a lo que siempre pensé de las de tu sexo… Creo que intenta convencer al vulgo para que se me revolucione por la derrota de Rosespina.
– No se lo tomes en cuenta. Si son ciertos los tejemanejes que me comentas, lo que debes hacer es devolverle todo menos resentimiento. Ella misma trazará su caída si a la amabilidad la responde con rudeza.
– ¿Y si remata la faena con un buen discurso en las Cortes? ¡Me hundiría! Estoy seguro de que todos la siguen: el Primer Estamento porque al quitarme tendrán más probabilidades de hacerse con Jetruvia, el Segundo porque el Cardenal Manuel pretende colocar a su hijo y el Tercero porque los juglares pagados les habrán embaucado con sus cánticos.
– Exagera, mi señor. Yo no noto un peligro tan inmediato…
– ¿Tú también estás en mi contra, Virginia? Por favor tú no…
– ¿Qué he dicho que ha podido enturbiarle? De todos modos, quizá deba aludir al consejo que me ha dado mi niño. Si toma en consideración la opinión de un chiquillo…
– Dime ¿no será acaso que me valga de la Guardia de Gevurá para hacer valer mi categoría?
– ¡Eso es lo último que debe hacer! De hecho, mi hijo propone que debe consultar al Pueblo sobre la situación. Lo encuentro muy juicioso ¿quién sino ellos son la auténtica voz de Jetruvia?
– ¿El vulgo? ¡No me hagas reír!
– Su pueblo siente Jetruvia mucho más que cualquiera de los miembros de la Corte. La nobleza resulta fácil de desviar, es corrupta porque roza poder. La nula posibilidad de poseerlo del vulgo lo hace insobornable. Nunca hay que abandonar el camino marcado. Lo mejor es que se rodee de gente buena porque su ejemplo repercutirá en usted así como debe de alejarse de los que se enorgullecen de haber perdido la estela…
– Mercenarios… ¿verdad? ¿Por qué no puedo congratularme con los gobernantes de Erunia? ¡Jetruvia y Erunia unidas serían un bastión invencible para Rosespina! ¡Se vería obligada a capitular!
– Reconozco que Erunia es un reino vecino muy fuerte. Sus gentes son extraordinarias. Pero la alianza con sus mandos es una tentación sin ley, mi señor. Esa tierra, lamentablemente, está dominada por unos pocos que venden sus principios a cualquier precio y contratante. Tan pronto pueden congratularle que traicionarle, según su conveniencia. Mejor guíese por la pureza del vulgo de Jetruvia. Recuerde lo que le he comentado de los caminos fáciles.
– ¡Como se nota que representas al Tercer Estamento en las Cortes! Pero te recuerdo que tú misma dijiste que Dios ponía a cada uno en su sitio así que si están en ese puesto es por algo.
– Creo que ha desvirtuado el significado de esa frase, Majestad
– ¿De nuevo me replicas, Virginia? No estarás tú implicada en las maniobras para relevarme ¿verdad?
– ¡Pero mi señor! ¡Yo no he dicho nada!
– Por supuesto… El pueblo te adora, los nobles te ven inofensiva, admiras al Clero… ¿Cómo no lo habré pensado antes? Por eso no querías ser mi reina consorte ¡lo que quieres es ser reina soberana!
– ¿Majestad? ¡En absoluto!
– Más te vale.

Y ahí termina lo que vi. El rey se marchó de la estancia enfadado y la volvió a dejar sola. ¿Tú le ves algún sentido? Yo tengo un mal presentimiento. Contéstame por favor. Todo esto cada vez me da más miedo…

Tu amiga: Izaskun

©La verdad de Jetruvia

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