El regreso de Astérix y Obélix

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Astérix y Obélix vuelven con una nueva aventura después de ocho años, por primera vez sin Goscinny ni Uderzo.    

Portada de 'Astérix y los Pictos'
Portada de ‘Astérix y los Pictos’

Hace ocho años se publicaba la última aventura de los irreductible galos Astérix y Obélix (si no se incluye El aniversario de Astérix y Obélix. El libro de oro) de la solitaria mano de Albert Uderzo, como venía haciendo desde 1977 tras la muerte de René Goscinny, guionista original de las historietas. Se trataba de ¡El cielo se nos cae encima!, y resultó ser su aventura más criticada hasta la fecha, debido a la poca calidad de su guion y su poca fidelidad al espíritu de la serie. Todo parecía indicar que la aldea gala, siempre en pie ante el invasor, echaba definitivamente el cierre.

Pero hace tan solo unos meses se anunciaba Astérix y los Pictos, el que ya es el tomo número 35 de esta mítica colección. Se trata de la primera aventura del pequeño galo sin ninguno de sus creadores originales, y que se publicó el pasado 24 de octubre en todo el mundo. Esta vez, son Jean-Yves Ferri y Didier Conrad quienes devuelven el binomio guionista-dibujante que tantas alegrías trajo a la saga. Y no solo eso. Por la temática de esta nueva entrega, el viaje de Astérix y Obélix a Caledonia-actual Escocia-, tierra habitada por los susodichos pictos, presenciamos también el regreso a sus temáticas clásicas, con el viaje de rigor a nuevas tierras amenazadas por los romanos, atendiendo a la desesperada llamada de socorro de algún oriundo.

El guionista Jean-Yves Ferri trae una larga carrera en el comic francés como carta de presentación, mientras que Didier Conrad, dibujante de origen marsellés, ha hecho carrera en los Estados Unidos, donde llegó a colaborar con Dreamworks en la película de animación La ruta hacia El Dorado. Ambos nacieron en 1959, casualmente el mismo año en que Astérix se publicaba por primera vez, y se han tenido que enfrentar juntos al reto de dar vida a las creaciones de Goscinny y Uderzo sin que se note su ausencia, al tiempo que aportan frescura a la franquicia.  Y de momento la crítica parece rubricarlo.

Siendo ya un éxito de ventas (en el momento en que se escribe este artículo, rondan los 350 millones de ejemplares, y tanto en España como en Francia encabezan la lista de los cómics más vendidos), Astérix y los Pictos ha dado alas a todos aquellos fans nostálgicos que acusaban el descenso en la calidad de alguna de sus últimas entregas, y ha asegurado el futuro de la serie a manos de sus dos nuevos responsables, eso sí, bien asesorados por el mismo Uderzo. Pero lo cierto es que las primeras impresiones de esta nueva entrega han resultado más bien templadas. 

El público coincide en alabar el trabajo tanto de Conrad a la hora de calcar el estilo de su predecesor como la estructura, fiel a la clásica, diseñada por Ferri, que no se ha dejado apenas constantes de cada aventura de los de Armórica en el tintero, para disfrute de sus seguidores más conservadores. Sin embargo, se ha señalado la falta de acidez a la hora de parodiar los tópicos escoceses y los escasos guiños a la actualidad: tal vez el único de ellos sea el parecido del villano principal con Vincent Cassel. También se ha echado de menos a los secundarios carismáticos, la parodia al mundo actual, y un discurso acorde para todas las edades, quedándose esta casi como una aventura infantil.  Pero sin duda, la ausencia que más se ha notado, ha sido la de Idéfix, el inseparable perro de Obélix. Los autores han alegado la tala de varios árboles en el transcurso del viaje, lo cual afectaría gravemente al diminuto ‘schnauzer’, al que cualquier lector habitual recordará un gran espíritu ecologista. Pero es probable que, como es común en los casos en que un dibujante se ve obligado a imitar el estilo de otro, el entintado de Idéfix aún no haya sido perfeccionado.  

Por lo demás, la aventura ha sido destacada por muchos como un regreso a los primeros tiempos de esta legendaria historieta, con una calidad destacable y superior a la de algunos de sus últimos tomos, aunque más descafeinada de lo que cabría esperar de una saga que cuenta ya con más de cincuenta años de recorrido. Es muy probable que nos encontremos ante una obra puente, que sirva para que Jean-Yves Ferri y Didier Conrad pasen del Astérix de Uderzo y Goscenny al suyo propio.

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