El reflejo de lo que fuiste

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Noches. Noches que no duermen, noches que no cumplen su función ensoñadora. Noches de sonrisas, noches desesperadas, de alegría, de llanto, de magia, de decepciones, de ilusión. Noches de ti.

Inmóvil voy desplazándome por un pasado que nunca pasó definitivamente, que sigue ahí, tan presente que puedo tocarlo, que puedo olerlo, que puedo saborearlo.

Para. Para ya te lo suplico, es que ¿no te cansas de caminar por mi mente?¿De dejar aun más marcadas tus huellas sobre mis recuerdos? Y pensar que hubo un tiempo en el que imaginé que el final no cumpliría nunca con su cometido, que el suave calor de tus labios no se esfumaría de los míos…

Noches. Noches de tortura, que azotan los sentimientos que pensaba haber encerrado bajo llave, que golpean la puerta que arrastra a la locura. Sí. Loca, loca por no olvidar lo que todavía recuerdo, por ser incapaz de parar esta enfermedad de verte en todo momento, en todas partes, en todas las miradas.

Esa mirada, tu mirada. Esos ojos que callaron hace ya… no me acuerdo. No, no es cierto, sí lo recuerdo porque tú quieres que sea así, porque te reflejas en la oscuridad y proyectas tu rostro en mi sombra. Eso es lo que soy yo, tu sombra, la sombra de lo vivido, de lo amado, de lo deseado, de lo sufrido.

Noches. Noches de insomnio por escuchar tu voz, por escuchar tus palabras cuando en aquel tiempo sí decían, sí hablaban. Es insoportable este silencio continuo, el ser protagonista de una película muda que sólo evoca imágenes pero no palabras. Y las mías no tienen sentido alguno si tu nombre no aparece en ellas.

Noches. No podía estar sin ti ninguna de ellas y mírame ahora: Sumida en una tiniebla sin final aparente, que espera impaciente a la mañana para despertar de esta espejismo, pero que a la vez disfruta amargamente de este sabor, de tu sabor. Ya no se para el reloj como antes, cuando éramos dueños del tiempo y dioses de nuestro propio templo, de nuestros cuerpos.

Vete. Llévate la risa que resuena en esta habitación, llévate las promesas que escucharon sus paredes. Déjame esta noche, pero vuelve. Vuelve mañana para poder acariciar en sueños lo que alguna vez tuve tan cerca.

Fuente de las imágenes:
http://1.bp.blogspot.com/_qXkiSfFfpuc/S-noiLjl55I/AAAAAAAAAdw/rgebqFtzWqQ/s320/mirando%2Bpor%2Bla%2Bventana%2Bluna%2Bnoche.jpg
La noche estrellada. Vincent Van Gogh. 1889. En http://arquivolta.files.wordpress.com/2010/05/noche_estrellada.jpg?w=300&h=244

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