El Real Madrid encarrila su pase a semifinales de la Copa del Rey

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El Santiago Bernabéu mostraba sus gradas llenas de aficionados, preparados para comenzar a vibrar a las 22:00 horas en un jueves de Copa del Rey. Este partido ya no es que únicamente signifique el primero, de los dos duelos, entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en la competición de Copa de este año. Es un verdadero derbi y la afición lo vive como tal. Rivalidad al máximo, lo que uno se juega aquí, no es solo la clasificación, sino también el honor.

El Atlético de Madrid abrió muy pronto el marcador. Tan solo siete minutos tardó el Kun en aparecer por el área de Casillas. Tras una veloz entrada, en fuera de juego, el argentino logra pasarle el balón a Forlán para que lo introdujese en la portería del de Móstoles.

Pero el Real Madrid no se aletargó, tras varios ataques, la oportunidad llegó en el minuto 14. Di María, que minutos más tarde recibiría una merecida amarilla por “tirarse a la piscina”, saca un córner al segundo palo y Sergio Ramos logra cabecear desde las alturas, apoyado sobre Domínguez. El marcador luminoso muestra ahora un 1-1.

El ritmo sobre el verde césped del Bernabéu era frenético. Con Cristiano realizando subidas explosivas, sobre todo por el centro, y Marcelo actuando ya más de extremo izquierdo que de defensa, hicieron que el Atlético se replegase cada vez más atrás a partir del empate. Tanto es así que hasta en algún momento ni sus delanteros pisaban el mediocentro. Los 11 en su propio campo. “¡Todos atrás y a aguantar!” parecía que era el lema. Ésta fue la tónica general de la primera parte, en la que el Madrid dominaba sin lugar a dudas.

Mientras que Cristiano buscaba incesantemente el tiro a puerta, ya sabemos que es muy dado a las jugadas individuales y demás florituras, el que no dio señales de vida sobre el terreno de juego fue Benzema. Poco se vio al francés, que fue sustituido por Kaká en el minuto 54, y recibió una pitada de la afición descomunal. Karim no acaba de “cuajar” en el conglomerado blanco, no es el delantero que Mourinho necesita, le faltan cualidades para ser el ‘9’ blanco. La picardía, la rapidez y el olfato goleador parece que todavía no han podido hacerse un hueco entre las aptitudes del galo.

Si Karim se despidió de los aficionados con una ensordecedora pitada, Kaká entró en el campo escuchando incesantes aplausos. El regreso del brasileño se espera, y con ganas, en el Bernabéu, pero está claro que todavía le quedan muchos minutos para conseguir asemejarse al Kaká de antaño, ése que asombraba al Milán y al mundo entero.

Hasta el minuto 45 de la primera parte, los contraataques blancos no dejaron de cesar. Más que el Real Madrid galáctico, podríamos decir que era supersónico. Robos en el medio del campo, paredes entre Özil y Cristiano, disparos de Di María… el obstáculo que se encontraban todos estos balones antes de entrar entre los tres palos era De Gea. El arquero sacaba manos insospechadas, hacía paradas con los pies, míticas de balonmano y hasta logró despejar un cañonazo de Cristiano a mano cambiada en el minuto 31. Casi me atrevería a decir que fue uno de los mejores del partido, y eso que le metieron tres goles.

Lentitud y más lentitud en el terreno rojiblanco, no había manera de ver a los jugadores en sus posiciones, no había mediocentros colocados, los delanteros estaban perdidos y todos se amurallaron en la zona de la defensa para evitar el 2-1.

Poco pudieron hacer para frenar el gol del ‘7’ blanco, tras un pase interior de Özil, que se toma su tiempo dentro del área para pararse, mirar cuál será la trayectoria que le dará al esférico y ponerla en el segundo palo, y todo esto tras recortar a Filipe Luis. Magistral el alemán.

Poco a poco, el Atlético parece ir recuperando posiciones, llega más que en la primera mitad. Alrededor del minuto 21 de la segunda parte se atisban esperanzas de contraataques, que finalmente se quedan en eso, esperanzas. Porque no hizo falta mucho para ver cómo volvían a encerrarse en su propia área. Como ejemplo, una jugada en la que todo el equipo colchonero estaba junto a De Gea, mientras que varios jugadores del Real Madrid lanzaban cañonazos a ver si alguno atravesaba la muralla del Manzanares. Al final, chuta Alonso y para fuera. Los rojiblancos suspiraron aliviados al ver cómo ese balón salía de su área y lo volvía a tener en sus manos De Gea.

Tras la amarilla a Ufjalusi por falta a Cristiano Ronaldo, Quique Sánchez Flores decide intentar darle un cambio al partido. Quita a Diego Forlán en el minuto 78 y entra en el campo Fran Mérida; en el 88, Valera pisa el Bernabéu y Juanfran se va a la caseta.

El Atlético estaba ya desesperado en el campo, realizando agarrones como el de Domínguez a Cristiano, que le valió una amarilla, y , sobre todo, contando los últimos minutos que quedaban para que finalizase el encuentro. Fue en ese preciso instante, en el minuto 90, cuando en medio del área colchonera le regalaron el balón a Özil y éste no perdonó. El tercero subía al marcador y los de Sánchez Flores no podían creérselo. Mourinho aprovechó para hacer dos cambios estratégicos, de los de perder tiempo, Granero por Di María y Özil por Gago, en el minuto 91. La agonía no acabó ahí, sino que el tiempo de descuento se lo pasaron despejando todos los balones que los merengues enviaban en sus contraataques, hasta que el árbitro decidió pitar el final del partido.

El Real Madrid consigue así 2 goles de ventaja para el partido de vuelta en el Vicente Calderón. No fue el mejor partido de los blancos, pero lograron alzarse con la victoria por 3-1, ante un Atlético lento, falto de ideas y agazapado en su propio campo, esperando cazar en un contraataque al enemigo. Algo que solo consiguió materializar en el primer gol.

Fuente del texto:
Nerea Pita Gradaille
Fuente de las imágenes:
http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=734667&idseccio_PK=805
http://es.uefa.com/MultimediaFiles/Photo/competitions/DomesticLeague/01/58/49/83/1584983_w2.jpg

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