El pueblo egipcio se vuelca en la calle por el futuro del país

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Egipto yace en una incertidumbre política estas últimas semanas tras el forzado relevo en el gobierno. Tras ser derrocado el presidente Mohamed Morsi el país se halla dividido. Una parte del pueblo a favor de la nueva iniciativa de gobierno, ostentado por Adli Mahmoud Mansur, quien fue presidente del Tribunal Constitucional y arropado por el ejército; y otra, que reclama la vuelta del presidente depuesto, representada por los Hermanos Musulmanes.

La foto es cedida por www.anticapitalistes.netEl problema ha derivado en constantes manifestaciones en las calles de El Cairo y otras ciudades de Egipto hasta convertirse en un auténtico problema. Los duros enfrentamientos que protagonizaban la oposición musulmana y los partidarios del nuevo Gobierno, acabaron con la intervención del ejército y más de 40 muertos. Ahora, parece que los nostálgicos de Morsi no se van a rendir y así lo afirmaban la semana pasada en una multitudinaria manifestación el primer día de Ramadán.

“No vamos a ningún sitio”. Fue uno de los lemas que gritaron el viernes pasado decenas de miles de partidarios del presidente depuesto de Egipto, quienes se concentraron en las calles de El Cairo con un mensaje claro al Ejército y a quienes ahora controlan el país. No van a participar en el juego político que el nuevo gobierno ha iniciado. No reconocen a otro presidente que Morsi ni otro gobierno que el de los Hermanos Musulmanes. Con su presencia en las calles quisieron demostrar el viernes al resto de la nación que no son sólo unos cientos de personas, sino una legión, que no puede ser ignorada. Harán lo que esté en su mano, dijeron, para devolver a Morsi al poder y demostrarle al mundo que los militares les han robado la legitimidad ganada en las urnas.

La multitudinaria concentración del viernes fue en cierto modo una amenaza. Se tiene la impresión de que si pueden hacer del país un lugar ingobernable, estos islamistas lo harán, como hicieron los opositores de Morsi en los meses previos al golpe de Estado. A El Cairo llegaron miles de islamistas de otras regiones del país, a protestar en varios puntos de la capital, como Giza o Ciudad Nasser, donde han acampado los partidarios de los Hermanos Musulmanes. De esta forma quedaba claro que hay dos Egiptos muy distantes y donde la violencia puede ser el protagonista.

El movimiento juvenil Tamarod (en árabe, Rebélate), que convocó las marchas antes del golpe a las que acudieron al menos 17 millones de personas, invitó anoche a sus simpatizantes a romper el ayuno del primer viernes Ramadán con grandes concentraciones de apoyo a la deposición de Morsi. Como muestra de que muchos egipcios ya miran al futuro y anhelan recuperar la normalidad, sólo lograron reunir a unos pocos miles de personasen la plaza de Tahrir. Con Morsi depuesto, muchos creen que poco hay que exigir.

Aún así, no todos los miembros de Tamarod piensan así. “Hicimos caer a Mubarak. Morsi nos pareció cosa fácil, y aquí presionaremos al nuevo gobierno de los militares hasta que haya democracia plena”, dijo Mohamed Nabwi, de 29 años, uno de los fundadores de Tamarod. En resumen: parece que quieren seguir sacando músculo hasta que de verdad haya elecciones y un nuevo gobierno acceda al poder. “Hasta entonces estaremos en las calles”.

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