El primer color

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Todo y nada. Negro. Elegancia y ausencia. El color de lo esbelto, asociado con su antagónico, nombra negro, lo verás, pero también ves el blanco. Luto, misterio, sobriedad. Seriedad y autoridad que frivoliza la imagen, que impone e hipnotiza casi como la luz del fuego.
En combinación con otros colores pierde protagonismo, desestiliza, acorta, oculta. De los pies a la cabeza alarga, impone, brilla casi. Insisto, hipnotiza. Como los ojos de la cordobesa, que atrapan. Hacen soñar y tener pesadillas, te quitan el sueño. De procedencia árabe, de profundidad oceánica, de fuerza totalitarista. Aceitunas deleitantes.
El color comodín, el básico para indecisos, dicen. Para mí el más difícil de vestir para que resulte eficaz, no desapercibido, elegante, y discreto. Natural, no en sí, sino para quien lo lleva. Qué mejor ejemplo que la mítica Audrey Hepburn.

El color por excelencia de la elegancia, adjetivo implícito de la voguette. El impoluto distintivo para el español del siglo XVII, si el negro es perfecto, es señal de buena posición económica. Si no era negro intacto, impoluto, implicaba un deterioro, no poder vestir otra prenda, no tener esa capacidad económica. También el intento de justificar la inseguridad que se siente como persona, al ser distintivo racial, que justifique la propia frustración, culpando al prójimo.

Agujeros negros que podrían ser solución a muchos problemas, como este racismo, sin ir más lejos.

Ausencia de luz, pero también reunión de todas las luces. Al contrario que la felicidad: si vives en la completa ignorancia (ausencia) no puedes disfrutarla; pero cuanto más se sabe, menos feliz se es.

Fuentes del texto y la imagen:
El museo del traje- entrevista
http://es.wikipedia.org/wiki/Negro_(color)

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