El periodismo, más cerca de alcanzar la Justicia por el asesinato del Cámara de Telecinco

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José Couso murió un 8 de abril de 2004 en la terraza de un hotel. No estaba pasando unas cálidas vacaciones con su familia, ni tampoco contemplaba el amanecer. Estaba trabajando, grabando con su –peligrosa para algunos- cámara de vídeo cómo varios tanques del Ejército de Tierra de los Estados Unidos tomaban posiciones en un puente que cruzaba el Tigris, en el centro de Bagdad y a sólo unos cientos de metros de hotel Palestina, donde Couso estaba alojado junto a otros periodistas que cubrían por aquel entonces la Guerra de Irak y, en ese mismo instante, la caída de la capital.

Quien le iba a decir a este hombre que el desempeño de su profesión le iba a acarrear una muerte tan prematura, injusta y delictiva. Quien podía advertirle del peligro que suponía grabar, desde aquella habitación, a unos tanques que de nadie tenían que defenderse. La simple apariencia –según sus asesinos- de lanzacohetes anticarro de su Betacam le hizo ser objetivo y diana del obús lanzado por uno de ellos. Un solo disparo, varios segundos, y muerto. Perdón, recuerdo: que murió desangrado en el hospital. Que sufrió. Que no pudo morir en paz, ni tan siquiera en su casa, cerca de los suyos, de su mujer y de aquellos niños que se iba a quedar sin papá por una terrible confusión visual. Que por culpa de unos soldados, José Couso no puede seguir haciendo aquello que tanto le gustaba: ser los ojos de millones de personas en lugares lejanos.

Hay quien dice que en todas las guerras hay víctimas inocentes. Que se intentan evitar lo más posible, pero que a veces es inevitable. Pero esto no es un daño colateral. No es inevitable. Es una víctima de un asesinato. No podemos justificar a los soldados que lo hicieron sujetándonos en la situación de tensión que es un conflicto armado. Sobre todo porque sabemos que el Ejército Norteamericano tenía el conocimiento de que en en hotel Palestina se alojaba la prensa internacional. Si, como afirma la tripulación del blindado que disparó, se pidió permiso para abrir fuego sobre el edificio, cabe suponer que sus superiores contaban con esa información.

Tampoco es creíble la versión de que estaban siendo atacados desde el hotel. Los propios periodistas afirmaron entonces que allí no había ningún miembro de la resistencia iraquí, y lo que es aún peor, que desde que los tanques tomaron el puente hasta el momento del disparo no se produjo ningún tiroteo en la zona. Otra excusa caída.

Pero todas estas evidencias escandalosas no han recibido la justicia que se merecen. Próximamente hará tres años desde aquel día, y todavía sus asesinos no se han sentado delante de un juez. Su país, su democrática patria, se niega a reconocer que lo que hicieron no es legal. Rechaza su culpabilidad y no quiere saber nada de que sean juzgados. Sin embargo, en España su familia y amigos no se rinden. Han decidido seguir la senda judicial y ahora han vuelto, después de algunos reveses, a ver luz al final del túnel: el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, dictó el pasado martes 16 de enero un auto de busca y captura internacional de los tres soldados imputados en el sumario y que formaban parte de la tripulación del blindado que disparó. Si salen de territorio norteamericano, podrán ser detenidos y extraditados a nuestro país, en donde responderán de sus actos frente al magistrado.

Esta decisión judicial es una alegría no solo para su familia. También para nosotros, futuros periodistas que sabemos lo mucho que nos jugamos en que este caso prospere, porque significará que nunca se volverá a intentar callar al informador, al testigo molesto de las tropelías que se comenten no ya en guerras, sino en nuestros propios países, tan aparentemente justos y democráticos. Y porque un día también fue como nosotros, un estudiante más de esta Facultad de Ciencias de la Información, que alcanzó su sueño, y que por desgracia vio truncado su camino por un error injustificado.

Fuentes de las imágenes:
Foto1: Couso con cámara:
http://www.plus.es/media/noticias/diaadia
Foto 2: Cartel de Couso:
http://www.josecouso.info

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