El periodismo despide a uno de sus mayores guías

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“Era lo último que agarraba el periodismo a la dignidad”. Esto fue lo que me dijo un buen amigo y  compañero de nuestra Facultad, cuando me contó que Ryszard Kapuscinski había fallecido en su Polonia natal a la edad de 74 años.
Esa afirmación resume la opinión que todos los profesionales, tanto veteranos como iniciados, y por supuesto todos los futuros periodistas, tenemos sobre este hombre al que llamamos maestro. Maestro porque sus crónicas y sus libros son una muestra de cómo contar guerras o situaciones humanitarias catastróficas desde las más simples historias cotidianas, y todo ello contado con un lenguaje simple, pero directo, acertado y, sobre todo, ilustrativo. Maestro porque durante toda su carrera fue la aplicación de su propia conciencia: “un buen periodista debe ser buena persona”. Y maestro porque nunca se vendió a nadie, y eso pese a haber nacido en el extinto régimen comunista soviético, donde la libertad de prensa brillaba por su ausencia.

Quizá ese origen explique su filosofía de vida y su trabajo. Jamás un libro habrá iluminado más una profesión como lo hizo con Los cínicos no sirven para este oficio, ni un libro de viajes como Ébano hizo una radiografía tan extensa y cercana del continente africano en lo más profundo de su corazón, ni tampoco el mejor libro de historia será capaz de relatar cómo era la máquina soviética por dentro como lo hizo El Imperio.

Murió como vivió: sin llamar la atención, sin ser protagonista, manteniéndose a la sombra de la información (como debería ser), pero siempre siendo reconocido por su trabajo, como le ocurrió con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades entregado en el año 2003; o siendo nombrado doctor honoris causa por las universidades de Cracovia o Barcelona entre otras.

Se fue la persona, pero quedan sus obras, de obligadísima lectura no solo para los estudiantes de Periodismo, sino también para aquello profesionales, para que no olviden cuales son las raíces de su trabajo y cómo deben comunicar. Deberían ser verdaderos manuales de uso constante y cotidiano en las facultades, en lugar de los vetustos volúmenes de catedráticos que no han salido jamás de su despacho. Su estilo, imitado por su claridad y sencillez, y su trabajo, como un modelo de comportamiento ético intachable.

Los periodistas nos hemos quedado huérfanos del referente polaco, y creo que el mejor homenaje que se le puede hacer al gran Kapuscinski sea seguir el camino que el abrió, porque es el que hará al periodismo algo digno de respeto y admiración por la sociedad y, sobre todo, libre. Y por supuesto no dejar de leer sus libros, porque son verdaderas ventanas al mundo.

Descanse en paz maestro, y siga escribiendo crónicas allí donde esté.

Fuente Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Ryszard_Kapuscinski

1 Comentario

  1. ¡Qué pena! Todavía recuerdo cuando en primero de carrera la profesora Casals nos hablaba de él y todos pensábamos quién era ese del que con tanta admiración nos hablaba. Ha sido en este curso cuando me propuse leer algunos de sus libros: empecé por el Sha y acabo de terminar Ébano. Son increíbles y tienes razón en todo lo que has dicho. Un saludo.

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