El paro y el miedo

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El año 2012 ha empezado con datos muy negativos para España en el terreno laboral. Superados los cinco millones de parados, las negociaciones entre sindicatos y CEOE empeoran la situación de los desempleados. A esto hay que añadir, además de la nueva recesión, la otra realidad: las grandes empresas y los bancos más importantes han visto incrementados sus beneficios en los últimos años.

Indigencia y paro asolan España

El paro alcanza ya en nuestro país porcentajes más que preocupantes. El año 2011 llegó a su fin con 5.273.600 desempleados. Ya se ha superado la temida barrera de los cinco millones, después de que el miedo fuera incrementándose a lo largo del año cada vez que la cifra ascendía. Y es eso, miedo, lo que aborda a las 600.000 personas que perdieron su puesto de trabajo durante el año pasado. También sienten miedo las 1,57 millones de familias que tienen a todos sus miembros activos en paro.

Y esta situación no tiene pinta sino de agravarse más con la llegada de la nueva recesión, aunque no hayamos salido aún de la anterior. La reforma laboral que el gobierno acaba de aprobar va “más allá de lo acordado” por sindicatos y CEOE en el pacto salarial firmado el més pasado, según adelantó ya el secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, cuando afirmaba que se trataba de una reforma “completa y valiente”. Esa valentía se traduce en el abaratamiento del despido y en una mayor flexibilidad para las empresas.

Se está produciendo un grave deterioro de los derechos sociales y laborales. La gente teme perder sus puestos de trabajo y, por ello, acepta cualquier condición laboral. Aceptar trabajar más horas por mucho menos dinero es un desastre, pero es precisamente el miedo que crece en la sociedad lo que provoca esa reacción. Y es una oportunidad de oro para las grandes empresas. En ninguna otra situación la gente aceptaría, sumisa, las condiciones que ahora esas mismas empresas proponen, y las que propondrán con la reforma laboral aprobada. “O lo tomas o lo dejas”, dirán.

Y lo peor es que una persona que tenga detrás toda una familia que mantener no puede permitirse rechazarlo. Y no es cierto que las grandes empresas también lo estén pasando mal y por ello despidan personal. El beneficio de Telefónica, por ejemplo, aumentó un 30,8 por ciento en 2010. Y, mientras esos cinco millones de parados están desesperados, aceptando cualquier condición laboral, los grandes bancos, a los que se prestó un dinero que nunca regresó, también han crecido. El BBVA aumentó sus beneficios en un 9,4 por ciento también en 2010. Y el Banco Santander ha caído este año un 35 por ciento, pero aun así ha conseguido la friolera de 5.351 millones de euros.

En medio de este escenario se encuentran las dos caras de una misma moneda. Por un lado, la CEOE lucha por aferrarse a los beneficios de las empresas frente a los derechos de los trabajadores. Por otro lado, los sindicatos hacen prevalecer estos últimos, pero sin oponer demasiada resistencia. El resultado es una negociación en la que los empresarios tienen más que ganar. En el pacto que se firmó el pasado mes de enero, los sindicatos sólo han logrado el incremento de los salarios en un 0,5 por ciento, lo cual resulta insignificante al lado de la subida del IRPF y demás.

Por su parte, los empresarios disponen libremente de los trabajadores, pudiendo alterar sus horarios de trabajo según sus intereses. Así que empeora considerablemente la situación con la que los trabajadores van a tener que lidiar. Y eso sin contar con el paro juvenil, que ya alcanza el 45 por ciento, y obliga a emigrar a todos esos jóvenes que ahora denominan “sobradamente preparados”.

Fotografía: Héctor Alejandro Núñez

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