El paraguas y la tormenta

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La marcha de José Mourinho y la apertura del proceso electoral para elegir presidente marcan la actualidad en el Real Madrid. Deja su cargo el entrenador que ha monopolizado la vida del club durante sus tres años en el puesto; regresa al ruedo mediático Florentino Pérez, quien el próximo 16 de junio afrontará, en principio sin competencia alguna, la batalla de las urnas. El máximo mandatario madridista pierde a su último valladar; el técnico luso extendió su poder más allá de la faceta deportiva construyendo un mensaje propio y diferenciado que halló amor y odio.

Florentino Pérez (66), presidente del Real Madrid. Fuente: FDV
Florentino Pérez (66), presidente del Real Madrid. Fuente: FDV (wikimedia)

Alrededor de 100.000 socios están convocados para elegir dentro de cuatro semanas al presidente del Real Madrid. Probablemente el proceso no requerirá de urnas ni papeletas: no parece existir candidatura alternativa al oficialismo que representan Florentino Pérez y su junta directiva. Los estatutos del club, reformados en los últimos tiempos, blindan al presidente. La previsible victoria del actual representante de los madridistas no esconde los problemas de su gestión en los últimos años ni lima los retos que habrá de afrontar en el futuro más próximo.

El Madrid tiene pacificada su masa social, unida alrededor de la figura, muy pocas veces cuestionada, de Florentino Pérez. Sin embargo, el poderoso señor del ladrillo ha ido perdiendo encanto con el paso del tiempo, desgastando su imagen de ganador infalible. La pérdida de la hegemonía nacional y continental ahora en manos de un gran FC Barcelona, la carencia de un modelo deportivo definido -en el baúl de los recuerdos queda aquel slogan de Zidanes y Pavones– y una sensación de peligrosa huida hacia delante, dejan la gestión del actual jerarca en una situación comprometida y discutible.

En el terreno mediático no mejora la percepción acerca de los méritos del presidente. Se oscureció el brillo que Florentino irradiaba en sus primeros años, aquel período divino que siguió tras su victoria electoral en el año 2000. Cada vez más extraño frente a las cámaras y los micrófonos, ha abandonado el fervor inicial para terminar convirtiendo su relación con los medios en algo esporádico, fugaz y sospechoso. Intranquilo, trató de parapetarse buscando cortafuegos que ejercieran de altavoz. Primero encontró a Jorge Valdano, después a Antonio García Ferreras. Su regreso en 2009 volvió a traer a un Valdano cuya cabeza terminaría entregando, un año después, a José Mourinho.

Desde entonces, el propio técnico luso se convirtió en la voz autorizada. Con un club en actitud de autocomplacencia e incapaz de vender un relato masivo sobre su discurrir, el discurso duro de Mourinho encontró pronto eco entre multitud de aficionados blancos. El mensaje tópico de Florentino, edificado sobre la universalidad del club y la estabilidad económica, se ha visto superado. El polémico entrenador portugués ha terminado sirviendo como una fuente para el rearme ideológico de un sector importante del madridismo. Frente a la beligerancia de otros, ataque; contra la tradicional neutralidad del club, opinión bien cargada. Un método querido por muchos de los propios y detestado por casi todos los ajenos.

Florentino confió el proyecto deportivo a Mourinho y le otorgó también una parcela representativa importante. Las dos primeras campañas el resultado fue razonablemente satisfactorio; en la tercera la trayectoria viró hacia muy negativa influida por el desastre deportivo. Se marcha el técnico dejando huérfana a una hinchada que creyó mayoritariamente en su mensaje y que solo lo ha dejado de hacer tras el fracaso de la última campaña. El reto para el equipo directivo que tome el poder después de la cita con las urnas estriba en el regreso a los medios de comunicación de la voz del Real Madrid, consolidando una presencia que en la fecha solo existe a través de los canales oficiales del club.

Muy debilitada ha quedado la tradicional buena sintonía entre la institución y la prensa deportiva madrileña. Los medios de comunicación del entorno merengue nunca aceptaron las formas de Mourinho, y alrededor de determinados artículos publicados se generaron controversias aún no resueltas. Tampoco la relación del presidente con ciertos periodistas y conglomerados mediáticos vive la luna de miel de aquellos primeros años en el cargo. Cobrada la pieza del entrenador, determinadas cabeceras y estrellas del periodismo dirigen su mirada contra el presidente.

Otro aspecto que distorsiona la percepción actual de la directiva madridista respecto al inicio del florentinato es el papel de la selección nacional. Los triunfos del combinado español, desconocidos hasta hace un lustro, están cimentados en un número importante de internacionales procedentes del Barcelona y sobre un técnico, Vicente del Bosque, que no guarda buena relación con el presidente. Mourinho sufrió la ira mediática cuando ha decidido no apostar por Sergio Ramos e Iker Casillas, capitanes y jugadores de La Roja y el Madrid. La evidente vinculación entre los estilos de juego de España y Barça y la coincidencia de jugadores en ambos, es recordada una y otra vez por algunos medios de comunicación.

Circulan nombres como los de Manolo Sanchís, Juan Villar-Mir de Fuentes o Eugenio Martínez Bravo como candidatos para intentar un complicado asalto al sillón rector de Concha Espina. Florentino, presumiblemente, ganará y dispondrá de otra legislatura más que lo llevará hasta el 2017, año de su probable retirada. La tradición presidencialista del club, el alto coste de intentar la aventura y la prudencia por la previsible derrota alejan rivales a quien ya ha anunciado presentarse para la reelección. Los pitos que escuchó el pasado sábado en el estadio Alfredo di Stéfano cuando acudió a presenciar un partido del Real Madrid Castilla, son un síntoma de agotamiento, de tormenta que se avecina sin paraguas que cobije.

Afronta el madridismo un nuevo periodo electoral con latentes divergencias entre su parroquia. De un lado está la masa social ungida con el poder suficiente como para obrar cambios; del otro una hinchada militante que ha encontrado su hábitat perfecto en las redes sociales y la protesta como modo de acción frente a un mensaje, el institucional, ausente. Azotado por un entorno que ya no le venera y con algunas grietas entre los suyos, se enfrenta Florentino Pérez el reto de seguir comandando la institución deportiva más compleja del mundo.

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